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Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

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<no> Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 1:52




Última edición por Salazar el 14.07.15 16:42, editado 1 vez

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<no> Re: Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 1:53


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<no> Re: Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 1:53


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<no> Re: Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 1:55



Última edición por Salazar el 14.07.15 16:54, editado 6 veces

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<no> Re: Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 1:58



Llegó en silencio y en verano 1938. En los primeros minutos de su primer partido ya iluminaba a un público marsellés muy acostumbrado al sol y a la luz en este caliente y caluroso puerto del sur de Francia. Un pase decisivo luminoso al goleador Kohut y dos goles suyos sellan un contundente 5-2 del Olympique ante el gran Racing de París. Días antes, en un partido de preparación, había marcado 8 goles a los ingleses del Southend.

El adolescente Larbi Ben Barek, pronto huérfano, nacido en Casablanca entre 1912 y 1918, según como interesaba a los clubes y selecciones, grababa en sus ojos las proezas de grandes jugadores que se producían al sol marroquí en los años 30, los del Wunderteam de Sindelar, de la Hungría de Sarosi y de la selección francesa de Veinante, Nicolas, Heisserer. Allí, en un partido con una selección de África, deslumbró a los periodistas franceses que avisaron a una estrella de la pelota, y así llegó Larbi Ben Barek en el Olympique de Marsella. Desde su debut en las calles de Casablanca, el niño Larbi lucía esas características de los futuros cracks africanos o brasileños, de esos artistas de la pelota y de la calle, de esos pobres niños que olvidaban la miseria jugando, buscando belleza y placer en el juego.

Además de su físico, su estatura, su elegancia, su estilo, Ben Barek era un atacante, un pasador y un creador... de los dos pies o de cabeza, todo lo hacía bonito, era natural en él. Tras un año espléndido en el Olympique de Marsella, la 2ª guerra mundial estalla y regresa a la U.S. Marocaine de Casablanca. Menos partidos, menos eco internacional, pero más brillantez y madurez. Seis largos años de guerra y el Stade Français parisino lo ficha tras un amistoso en Marruecos donde Larbi había sido demoníaco o mago, según que criterios periodísticos admirativos.

Según su incierta fecha de nacimiento, Ben Barek habría terminado su carrera entre los 37 y 43 años en el Olympique de Marsella en 1955. Y su carrera de internacional francés marca un récord de longevidad: 16 años entre su primera selección en 1938 y la última de sus 17 apariciones. Francia, España y la historia del fútbol lo consideran como uno de los de mayores actores del bello fútbol clásico, aunque su carrera haya sido truncada por la guerra mundial entre 1939 y 1945. Larbi Ben Barek jugaba en una época sin televisión pero alcanzó una fama universal, comparable a la de los más grandes, gracias a su magia, elegancia y efectividad en el Stade Français parisino de 1945 a 1948, y gracias a la fuerza mediática de la época: la lírica periodística...

... En 1948, cuando el Stade Français lo traspasa al Atlético de Madrid por una suma récord, un periodista parisino escribe: "Vendan el Arco de Triunfo o la Tour Eiffel, pero no vendan Ben Barek". Otro: "Nunca un futbolista fue más festejado por el público como Ben Barek, porque encantaba a todos, a los que piensan en el fútbol y a los que sienten el fútbol, porque su estilo es extraordinariamente espectacular". En el Marca español se pudo leer de Larbi: "un fenómeno, sin truco, con prodigiosa clase, con un toque de balón maravilloso, con una inteligente y soberbia concepción del juego". En el Atlético de Madrid, llegó a ser "La perla negra" de una "delantera de cristal", con el sueco Carlsson, Escudero, Juncosa y Pérez Paya, ganando dos títulos consecutivos de Campeón de España, en 1950 y 1951. Allí en el Metropolitano y en la Liga española marcó 56 goles en 113 partidos y 5 temporadas, todos esos goles treintañeros, como mínimo.

Su llegada al Atlético de Madrid había sido todo un acontecimiento con su dosis de polémica y drama: en el verano de 1948, no llegó en la pretemporada, sin que nadie supiera donde paraba, se especulaba que ya era muy viejo, pues no se sabía su edad, que era todo un farol, una operación rara, que Francia no lo dejaba irse, que África tampoco, etc... Por fin llegó, jugó, convenció y venció. El retraso era debido a que enviudó y que tuvo que acomodar sus hijos en Marruecos, antes de acomodarse en Madrid.

La vida de Larbi, desde su juventud en la pobreza y el orfanato hasta su muerte en la pobreza y el olvido, siempre fue un viaje en las ondas de la desgracia y de la felicidad.

Dicha felicidad, la encontraba él, en comunión con el público de Casablanca, de Marsella, París o Madrid, cuando se lanzaba en regates inéditos, cuando su elegante zancada perforaba las defensas y cuando sus pases eran medio goles. Maravilló a millones de ojos de estadios, propios y ajenos, amigos y enemigos. Era naturalmente espectacular, a él le gustaba el espectáculo y ofrecerlo y compartirlo con el público.

http://historiadefutbolmundial.blogspot.com.es/2007/06/ben-barek-la-perla-negra.html

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<no> Re: Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 2:11





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<no> Re: Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 2:11




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<no> Re: Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 2:16

Larbi Ben Barek, balón de ébano



Nació hace tantos años, que ni siquiera historiadores se aclaran sobre cuál fue su verdadero año de nacimiento. Hay quién dice que fue en 1912, la lógica lo sitúa en 1914, pero los más atrevidos se aventuran a decir que fue en 1917. El caso es que este enigmático jugador, Abd al-Qadir Larbi Ben Mbarek, Ben Barek para el mundo del fútbol, العربي بن مبارك en su Marruecos natal, ha sido uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol.

Larbi vino al mundo en Casablanca, donde creció jugando descalzo con trapos atados en las calles bedawas, sobresaliendo siempre, el más alto, más fuerte y más moreno de todos sus amigos; también el mejor de todos con el esférico, aunque a veces tomara formas que poco tenían que ver. Si bien, el Fútbol Club Ouatane pronto le dio la oportunidad de pegarle a un balón de cuero; eso sí, descalzo. Su técnica y estilo alertaron al modesto Ideal de Casablanca, que le alistó en sus filas en 1934 para luchar por el ascenso a la primera división marroquí. Llegó el “profesionalismo”, las botas con tacos y las patadas receladas de defensas desesperados. A pesar de todo Larbi brillaba con luz propia. Aquel año fueron terceros, y al año siguiente sólo el RC marroquí les privó de un histórico título de copa. Llegó la convocatoria nacional, contra Argelia. El protectorado francés tan sólo podía disputar partidos locales, como aquel de la Liga de Oran, y su debut, cómo no, vino con una victoria debajo del brazo. 2-0.

Su progreso era meteórico, un demonio de largas piernas que había revolucionado el fútbol en Marruecos en un abrir y cerrar de ojos. El U.S. Marocaine, el potente U.S. se hizo con servicios tras dos temporadas en el Ideal, si bien los aficionados del U.S. Marocaine no pudieron disfrutar de sus diabluras hasta un año después. Se habían hecho con un delantero goleador, pasador, creador de juego… uno de los jugadores más completos del escenario futbolístico. Ganaron la liga y se clasificaron para la Copa de África. Todos los ojos en Marruecos estaban puestos en él, y un año más tarde las miradas traspasaron fronteras.

En un amistoso Francia 4–2 Marruecos, Ben Barek se destapó como el demonio que los defensas marroquíes más temían. Los franceses no le pudieron parar. Como tampoco pudo hacerlo el U.S. Marocaine, que tras una dura negociación tuvo que verle marchar al Olympique de Marsella, a cambio de 44.000 francos. Larbi llegó a la costa provenzal entre el eco de los flashes, y en su primer partido anotó dos goles y le regaló otro a su compañero Kohut. Paso fugaz por el Stade de l'Huveaune, que aquel mismo año cedería su testigo al Vélodrome como hogar del club marsellés. Fugaz pero genial. Sus recortes, gambetas. Sólo su paso elegante ya era suficiente para comprar una entrada. La hinchada quedó prendada. Los periodistas sin tinta. Ni adjetivos. Pasó del U.S. Marocaine al Olympique de Marsella, y también de la Selección de Marruecos al combinado francés. Cayó por su propio peso, y Ben Barek se enfundó la casaca ‘bleu’ en un partido ante Italia, no se la quitó en 15 años y 10 meses. Nunca nadie lo hizo durante tanto tiempo.



Su paso por Marsella fue fugaz porque no le dejaron que fuese más largo. Llegó la Segunda Guerra Mundial. Ben Barek quería jugar al fútbol y como en Francia no era posible, el U.S. Marocaine le recibió con los brazos abiertos. Dejaba Francia en un gran momento de forma, parecería que su carrera se podía haber frenado, pero Larbi lideró al U.S. hacia la victoria en 5 campeonatos del Norte de África. Entre 1939 y 1945 Ben Barek enciende la llama magrebí y Marruecos vuelve a disfrutar de su chispa.

Pero el fútbol francés volvió a llamar a su puerta. El Stade Français pagó la friolera de 1 millón de francos para traer de vuelta al Demonio. En París, su magia y esa pureza con la que parecía acariciar el balón le hizo ganarse el apodo de la “Perla Negra”. La primera de todas, auténtica. En palabras del prestigioso periosta Max Urbini “Larbi era el poeta del fútbol. Era más elegante y más estético que Pelé”. Casi nada. Finura y potencia. Control. Todo un superdotado del balompié. El propio ‘Rey del fútbol’ tuvo unas palabras para él. En cierta ocasión le preguntaron su dominio mundial del fútbol, aludiendo a su apodo. Pelé sólo pudo responder “si yo soy el Rey del Fútbol, entonces Ben Barek es su Dios”.



Su paso por París le reportó de nuevo flashes y portadas. El reconocimiento que merecía aquel demonio. Con el Stade Français visitó el ilustre Metropolitano. En un partido sensacional, que se recuerda como una lección magistral de fútbol, Larbi dejó prendada a la afición colchonera. 2 goles a 4. Aquel 6 de mayo de 1948 su historia cambiaría de nuevo. Su historia y la del Atlético de Madrid. Cesáreo Galindez no le dejó marchar de Madrid hasta que no rubricase su firma en papel con membrete con el escudo colchonero. Y así fue, la Perla Negra llegó a España, al Atlético de Madrid, acompañado de Marcel Domingo, célebre portero y, a la postre técnico rojiblanco.

El fenómeno Ben Barek se había convertido en una especie de chovinismo, tal era el afecto que se había ganado entre el público francés, que tras el anuncio de su partida un periodista parisino exclamó: “Vendan el Arco del Triunfo. Vendan la Torre Eiffel. Pero no, no vendan a Ben Barek”. Ya era demasiado tarde, Larbi llegaba con 31 años a la capital española, o quizá alguno más, pero con las botas puestas y cargadas de fútbol. Con el peso de los 17 millones de francos que había costado su fichaje el club, los aficionados y la prensa esperaban su llegada triunfal. Tres semanas sin señales de vida del astro. Ni rastro. Cuando en las oficinas rojiblancas empezaban a tirarse de los pelos llegó un telegrama: “Llego mañana a las diez de la noche procedente de Casablanca. Saludos. Ben Barek”. Larbi había marchado a Marruecos a enterrar a su mujer, fallecida recientemente. Un palo duro en su vida, tuvo que ubicar a sus hijos en la ciudad bedawa antes de establecerse en Madrid.



Pero volvió. El avión le trajo de vuelta y ninguno de los que el 26 de septiembre de 1948 estuvieron en el Metropolitano jamás pudo olvidar semejante debut. El Oviedo sufrió la llegada de Ben Barek que rompió las gradas carbayonas en un un 6-0 para el recuerdo. Un nuevo ídolo en la grada del Metropolitano, que junto a Juncosa, el sueco Carlsson, Pérez Payá y al ‘efemérico’ Escudero, máximo goleador de la historia colchonera, formaron la temible delantera de cristal, tan brillante como delicada. Las continuadas lesiones y recaídas de Juncosa, Carlsson y el propio Ben Barek, siempre castigado por la frustración rival, no permitieron a la parroquia rojiblanca disfrutar de tal pléyade de delanteros en acción.



Aun así Ben Barek era la estrella. El jugador diferente, capaz de jugar con las dos piernas como si se tratasen de dos manos más. Aquella elegancia que lució en Casablanca, en Marsella y en París iba, según decían, incluso puliéndose con el tiempo. Siguió siendo aquel jugador total, creador de juego, centrador, rematador y todoterreno, pero si bien se encontraba en forma, su juego se fue paulatinamente reciclando, sin perder un ápice de brillantez.



Los rocosos defensores españoles y la dureza con la que se empleaban le hicieron pasar demasiado tiempo en la enfermería. Larbi, sabedor de su condición de genio, siempre se mostró reticente a campos en malas condiciones por las inclemencias del tiempo y a defensas criminales con navajas como tacos: “Yo he venido aquí a jugar al fútbol, no a ir a la guerra”. Un genio difícil de tratar, muy suyo, criado en una tierra de cultura diferente. Pero si alguien supo hacer que el genio malo se quedara en la lámpara ese fue el Mago, Helenio Herrera. Conocedor de su talento, pero también de su temperamento y esa maldita tendencia a la lesión, cierta ocasión le comentaba: “Usted, Ben Barek, exagere la cojera y haga muchos gestos de dolor para que el contrario se confíe; ahora bien, a cambio de esta especialísima bula que le concedo de renquear le exijo dos hombradas futbolísticas en el partido. Sólo dos, ¿eh?, pero cuídese de que al menos una acabe en gol”.



Vistió las rallas rojas y blancas durante seis temporadas, 114 partidos y 60 goles a sus espaldas. Un par de ligas y un sinfín de imágenes. Una pila de años bien llevados también. Casi en la cuarentena dejó en el Metropolitano un pedazo de su alma, pero a cambio se llevó los suspiros de una grada que se deleitó con cada uno de sus movimientos, nunca una curva le quiso más. Pero el ídolo volvía a Marsella, que renqueante luchaba por no descender. No lo hizo, Larbi había vuelto para evitarlo. Llegaron incluso a la final de Copa, pero Niza les dejó con la miel en los labios.



Ben Barek dejó Marsella para una retirada dulce en su Casablanca natal poco después de 1955. Consumada la independencia marroquí de Francia, Larbi se estrenó como el primer seleccionador de Marruecos en 1958, libre de las amarras francesas.



Murió solo el 16 de septiembre de 1992, en su casa. No encontraron su cadáver hasta una semana después del suceso. Hasta entonces seguía regateando Larbi. Recibió de forma póstuma la orden del mérito deportivo, en París, en 1998. Reconocimiento de una carrera de éxito, elegancia y precisión en manos de una potencia desmedida. Pocos jugaron como él, pocos le vieron, y por desgracia pocos le recuerdan. Pero aquellos que tuvieron la suerte de ver en acción a la Perla Negra, esos pocos, jamás podrán olvidarle. Clandestino en las imágenes, pero eterno en la memoria.



Genio Larbi Ben Barek لعربي بن مبارك

Publicado 10th June 2013 por Rafael Martín Casas González de Anleo

http://enclavedefutbol.blogspot.com.es/2013/06/larbi-ben-barek-balon-de-ebano.html

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<no> Re: Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 2:17



Última edición por Salazar el 14.07.15 2:23, editado 1 vez

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<no> Re: Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 2:23



Larbi Ben Barek La perla negra

Cuando el Atlético lo fichó del Stade Francais en 1945, en París escribieron: «Vendan la Torre Eiffel, pero no a él»

Día 30/01/2012

Íbamos entonces en tranvía hasta Cuatro Caminos; con el bocadillo en la mano, bajábamos Reina Victoria; algunos, con suerte, teníamos un amigo cuya terraza caía por encima de la tribuna del Estadio Metropolitano. Disfrutábamos con la elegancia del canario Silva y con aquella «delantera de cristal», tantas veces rota por las lesiones: Juncosa, Ben Barek, Pérez Payá, Carlsson y Escudero...

Larbi (no confundir con Abdalla, luego jugador del Granada) Ben Barek ha sido el futbolista marroquí más importante; el primer jugador negro famoso en España; uno de los mayores estilistas del balón.

Había nacido, hacia 1917, en un barrio pobre de Casablanca; jugaba al fútbol en la calle, descalzo, con otros chiquillos. Luego, en equipos de la zona: el Ideal Club, el Marocaine. En 1939 dio el salto a Francia, al Olympique de Marsella. Pasada la guerra mundial, le prepara una prueba, en París, su mejor amigo, que había jugado con él. Ese amigo se llamaba Marcel Cerdan, el mítico boxeador, el amor de Edith Piaf.

En 1945, lo ficha el Stade Francais por un millón de francos. Juega en el Metropolitano y deslumbra a los madrileños. Después de una larga negociación, logra contratarlo el Atlético de Madrid, en 1948. Escriben en París: «Vendan el Arco de Triunfo o la Torre Eiffel, no a Ben Barek». Pero no aparece en Madrid, no se sabe nada de él. El club pide a la FIFA que le sancionen. Se recibe, por fin, un telegrama: «Llego en vuelo procedente de Casablanca a las 22». Lo recibe su amigo, el portero Marcel Domingo. Explica el retraso: ha muerto su mujer, ha tenido que hacerse cargo de sus hijos... «Tengo 31 años pero me encuentro muy bien, tanto física como técnicamente. Sin presumir, parezco un joven de 20 años».

Tenía razón. En su presentación, ante el Racing de Santander, el Atlético marca 9 goles, Larbi deleita a la afición. En su segunda temporada, con Helenio Herrera, «el mago», fichan al sueco Carlsson, ganan 3-6 al Madrid en Chamartín, conquistan la Liga. Repiten al año siguiente... Con el Atleti, va a jugar 6 años, 114 partidos y marca 58 goles. Con la selección francesa, a lo largo de 15 años (el que más), de 1938 a 1954.

Todavía juega Ben Barek su última temporada, en 1954,en el Olympique de Marsella. El día de Reyes de 1955, vuelve a Madrid, para despedirse, en el homenaje a Escudero. Recuerdo aquella delantera: Miguel, Ben Barek, Di Stéfano, Molowny y Escudero. ¡Nada menos!... Brillan esa tarde los dos interiores. Al retirarse Larbi, le lanzan sombreros, que él devuelve, como un torero. Escribe Gómez Aróstegui, en ABC: «Emuló sobre la hierba pegajosa y aguada a los negros del Harlem Globe Trotters, pero con el balón en los pies».

En 1958, es el primer entrenador de Marruecos, después de la independencia. Encuentran su cuerpo, una semana después de su muerte, en 1992.

¿Cómo juega Ben Barek? Es alto, tiene larga zancada, maneja las dos piernas, regatea con facilidad, domina el balón por completo, tiene visión de juego, mete goles de cabeza: la perfecta unión de creador, pasador y rematador...

Escribe Ramón Melcón: «Un fenómeno de verdad, sin truco, con prodigiosa clase, un toque de balón maravilloso, una inteligente concepción del juego». Años después, en ABC, Héctor del Mar recuerda un gol suyo al Madrid: «Cabeceó, reptando de cabeza; rompió todas las leyes de la gravedad». Varias veces lo cita, en sus crónicas taurinas, Vicente Zabala: es «pura filigrana», como un torero con «ángel».

Hace poco se ha estrenado una película marroquí: «Larbi o el destino de un gran futbolista». En la parte documental, se le ve enseñando a jugar a un grupo de chavales (una de sus pasiones): gambetea con las dos piernas, baja el balón con el empeine, lo esconde detrás de la cabeza, lo mata de tacón, toca de cabeza repetidamente. Recuerda, seguramente, cuando él era como uno de esos chiquillos...

Cuando jugaba, no existía la televisión; si no, hubiera sido una estrella mundial. Para Max Rubini, era «un poeta del fútbol, más elegante y estético que el propio Pelé».

Con Pelé, aparece Ben Barek, en una vieja fotografía: los dos genios del balón sostienen una camiseta con el número 10. Lo definió para siempre el brasileño: «Si yo soy el rey, él es el dios del fútbol».

http://www.abc.es/20120130/deportes/abcp-larbi-barek-perla-negra-20120130.html

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<no> Re: Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 2:25


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<no> Re: Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 16:46



En su primera temporada (48/49), consiguió que numerosos estadios se llenasen para ver en directo a la perla africana del Atlético y el conjunto colchonero estuvo luchando por la liga hasta final de temporada.

En la siguiente temporada (49-50), Helenio Herrera se hizó con el puesto de entrenador y entre los fichajes destacaba el sueco Carlsson, Ben Barek se acopló de maravilla con el hábil estremo rubio y junto a él, formó la que es considerada por muchos la mejor pareja de extranjeros en la historia del club. De la mano del mítico H.H. el Atlético desarrolló un juego de muchos quilates, enamorando al público español. Ganó tanto esa liga como la siguiente y la gran estrella del equipo, el acaparador de los mejores adjetivos, fué sin duda alguna "La perla negra" Larby Ben Barek. Formaron la legendaria "Delantera de Cristal" integrada por: Ben Barek, Carlsson, Juncosa, Escudero y Pérez Payá.

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<no> Re: Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 16:47


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<no> Re: Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 16:49



La Perla Negra en un amistoso contra el Eintracht de Francfort (1950)

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<no> Re: Larby Ben Barek, la perla negra (1948-1954)

Mensaje por Salazar el 14.07.15 16:56


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