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Leivinha, a ritmo de samba (1975-1979)

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<no> Re: Leivinha, a ritmo de samba (1975-1979)

Mensaje por Salazar el Mar 14 Jul 2015, 15:05

Recojo aquí lo que escribiste sobre este gran jugador brasileño parque podamos disfrutar de su lectura en este foro.

Escrito por SambaLeivinha:

"Para los que le vieron jugar, y sobre todo para los que no tuvieron esa suerte, voy a comentar mis recuerdos de ese gran delantero brasileño que fue Joao Leiva Campos. Antes de nada, recomiendo encarecidamente visitar el maravilloso post de Paramecio "1975. Fichaje y debut de Pereira y Leivinha", para hacerse una idea del rocambolesco fichaje de estas dos estrellas del Palmerias por el Atlético de Madrid. Un trabajo brillante y minucioso donde los haya, con todo tipo de reportajes periodísticos, fotografías y hasta videos, sazonado con acertados comentarios y aportes de otros foreros, especialmente de Robin y Deadpool.

Pero como este es un post de Leivinha, aun siendo inseparable compañero y amigo de su compatriota Luiz Pereira, me ceñiré en la medida de lo posible a este delantero eléctrico, rubio y vistoso, que, junto a Dirceu, me marcó profundamente en esa maravillosa, ilusionante y convulsa etapa que va de la infancia a la adolescencia.

En aquel momento, con once años recién cumplidos una semana después de la final de Copa de 1975, un gran derbi jugado de poder a poder donde Pedro María Urrestarazu privó al Atlético de Madrid de proclamarse justo campeón, tras anular incomprensiblemente un golazo de Benegas por fuera de juego posicional de Irureta, que no intervenía en la jugada, y no dar como válido un cabezazo de Becerra a punto de terminar la prórroga, que sacaron al alimón entre Uría y el felino cancerbero Miguel Ángel una vez rebasada la línea de gol, con el linier corriendo al centro del campo y el referee quitándose de encima las protestas de los jugadores atléticos a manotazos, no podía imaginarme lo que vendría después del verano.

El tiempo lo cura todo, y más a esas edades. Los partidos de fútbol en la playa de Fuenterrabía. Los barcos de pescadores en el río Bidasoa, con Hendaya al fondo. Las escapadas a Francia por la frontera de Behovia, que tenía una línea pintada en la carretera y por un lado ponía FRANCE y por el otro ESPAGNE. Aquellos maravillosos Citroën Tiburón con las luces amarillas al anochecer. La hora de la merienda viendo los dibujos animados. Todavía recuerdo a Súper Ratón cuando decía: “No se vayan todavía. Aún hay más”.

Y vaya si lo hubo. Porque, sólo dos meses después, el enamoramiento total vino con aroma brasileño, samba rubia y café tostao, un domingo 28 de septiembre de 1975. El día que debutaron Pereira y Leivinha en el Manzanares.

El Atleti había contratado al portugués Carlos Alinho y al brasileño Jorge Luis Sena. El barbudo portugués fue rechazado por los servicios médicos y se fichó a otro defensa brasileño, Ivo Worthman. Sin embargo, en la noche de su presentación (en el partido homenaje a Rodri frente al Sporting de Lisboa), tanto Ivo como Sena, sobre todo este último, no fueron del agrado de la parroquia colchonera, que esperaba mucho más de los brasileños. El abucheo generalizado del Calderón resultó tan ensordecedor que la directiva debió de sonrojarse, salir del palco en tropel y pedir el video del Trofeo Ramón de Carranza, el más prestigioso de los torneos de verano, donde el Palmeiras de São Paulo había causado una gran sensación.

Además del gran guardameta Emerson Leão, los Pereira, Ademir da Guia, Leivinha, Dudu, César, etc., demostraron un altísimo nivel de juego tanto en el primer partido ante el Zaragoza, como en la final del 31 de agosto contra el Madrid. En una exhibición de futebol, el Palmeiras se proclamó campeón del Carranza al derrotar por 3-1 al eterno rival. Si Luiz Pereira fue un valladar en la defensa y un espectáculo incorporándose al ataque, el rubio delantero brasileño fue la estrella rutilante de los verdãos. Después de que Miguel Ángel le detuviera un penali con empate a cero, Leivinha marcó un golazo tras hacer un sorprendente regate en plena carrera al madridista Sol (lo que poco después se conocería como el regate de la “bicicleta”), y además fue el autor de las asistencias que supusieron los otros tantos cariocas.

Yo también vi aquel gol por la tele, pero no sabría explicarlo mejor. La crónica: “Leivinha desmontó todas las líneas defensivas madridistas desde medio campo hasta plantarse ante Miguel Ángel, al que batió de tiro cruzado con la izquierda. Fue una carrera elegante, con zancada firme y precisa. Parecía que iba en línea recta y con un quiebro de cintura lograba apartar a sus rivales.”

La fascinación por el juego de los nuevos brasileños fue de tal calibre que el Atleti pagó un millón de dólares (70 millones de pesetas de la época) por el traspaso, un doble fichaje-relámpago fraguado por el secretario técnico, Víctor Martínez, y que se firmó en el mismo avión de regreso del Palmeiras a Brasil con Salvador Santos Campano, vicepresidente de Calderón.

Por el otro lado, la marcha de estas dos estrellas significó el fin de una de las mejores épocas de la historia del Palmeiras, ya que en los últimos cuatro años había conquistado dos Campeonatos Paulistas y dos Campeonatos Brasileños, amén de un quinto campeonato que les fue escamoteado en una de las más flagrantes estafas jamás vistas en el fútbol brasileiro*.

*En el periodo de 1971 a 1975, el Palmeiras consiguió cuatro campeonatos y pudo lograr un quinto de no ser por un árbitro más ciego que Rompetechos en una fiesta de Torrente. Armando Marques se llamaba el lince, el cual anuló un gol absolutamente legal de Leivinha en el último partido de la temporada 1970-71 contra el São Paulo –que decidía el Campeonato Paulista–, porque “creyó” que el remate del Príncipe no podía haber sido tan potente y preciso como para ser un cabezazo, y pitó mano. Ese gol suponía el empate del Palmeiras y el que le daba el título. Pero el partido terminó 1-0 y el trofeo voló a las vitrinas del São Paulo. Algún tiempo después, el trencilla de aquel atraco coincidió con el delantero en un avión en el que viajaba la expedición del Palmeiras. Y ante el aluvión de críticas recibidas, dada la evidencia de las imágenes televisivas, donde el testarazo es nítido como una mañana de primavera, Armando Marques se disculpó con Leivinha. El "Rubio Volador" aceptó sus disculpas pero a continuación le preguntó: “¿Y ahora qué puede hacer? ¿Devolvernos el título?”

En 1994 (ya fallecido el polémico colegiado brasileño) apareció un documento audiovisual comentado por el linier de aquel partido, además de un texto explicativo del mayor robo sufrido por el Palmeiras en toda su historia. www.youtube.com/watch?v=1pPTW53HdgE

El 4 de septiembre de 1975, justo cuando se cerraba el plazo para formalizar las últimas contrataciones, en un golpe de efecto el Atlético de Madrid hacía oficial el fichaje de dos de los mejores jugadores del mundo. La presentación en sociedad –y su primer entrenamiento– se produjo el viernes 19 de septiembre, ya comenzada la Liga, sin embargo hubo que esperar hasta la cuarta jornada para su debut. La fama que traían los brasileños, calificados como “cracks” mundiales por toda la prensa, había suscitado una enorme expectación.

Aquel mágico 28 de septiembre de 1975, Leivinha y Pereira pusieron “patas arriba” el Manzanares, dando al equipo un aire exótico y muy vistoso, y un salto de calidad aún mayor de la que ya poseía. El Atleti goleó por 4-1 a la Unión Deportiva Salamanca, un equipo aguerrido que la temporada anterior había conseguido igualar a cero en el Estadio Vicente Calderón, con el rubio delantero brasileño en plan estelar. Tres de los cuatro goles rojiblancos llevaron la firma de Leivinha. Antes del primero de la serie, un soberbio cabezazo tras un salto magnífico, portentoso, al saque de una falta lateral, Leivinha ya había obsequiado a la parroquia colchonera con parte de su despliegue futbolístico de altísima escuela: fintas, paredes, desmarques y las famosas bicicletas. Con todo, su segundo gol fue absolutamente antológico. Aprovechando un pase de Gárate en profundidad, Leivinha se internó dejando clavado a Rezza, salvó con un toque sutil la salida del guardameta D’Alessandro –conocido como “D’Alessandro Magno”– y, pese a la oposición de Huerta y la cercanía de la línea de fondo, en plena carrera y desde un ángulo inverosímil colocó el balón con la zurda dentro de la portería. Las palmas ya echaban humo antes del tercer tanto en su cuenta particular, de nuevo de certero remate de cabeza a un centro medido de Panadero Díaz.

La actuación de Leivinha aquella tarde, la de su estreno como rojiblanco, fue sencillamente espectacular, apoteósica, inolvidable. Tres goles en un debut, y que luego me vengan con chorradas como las del tiempo de adaptación de los extranjeros y tal. Los periodistas se agolpaban en la sala de prensa en busca de sus declaraciones al terminar el partido, pero el brasileño todavía se guardaba un as en la manga. Ante la sorpresa general, sus palabras fueron modestas: “La victoria ha sido de todos y de la ‘torcida’. No me apunten como triunfador en solitario.”

Luiz Edmundo Pereira me fascinó por su elegante salida de balón. Se incorporaba al ataque con una facilidad pasmosa (incluso con regates arriesgados dentro del área que te los ponían de corbata) pero nunca, nunca perdía la sonrisa. Era, sin duda, un jugador distinto, un Franz Beckenbauer a lo brasileño que, además de lucir un espectacular collar verde, se veía que disfrutaba del juego y apenas cometía faltas para sacar el balón. Junto al propio Kaiser, “el Cacho” Heredia, el holandés Krol y el italiano Franco Baresi, sin duda alguna Luiz Pereira, “Chevrolet” o el moreno zumbón, como le llamaba el gran Héctor del Mar, ha sido uno de los mejores líberos de la historia. Pero el que se convirtió en mi ídolo absoluto, desde aquella mágica tarde, sucedidendo en el trono de los mitos al mismísimo José Eulogio Gárate, fue João Leiva Campos. Leivinha.

Nunca olvidaré sus eléctricas bicicletas. Basculando sobre ambos flancos del área, envolvía al defensa en un amago y salía airoso por el otro en velocidad. Un quiebro de cintura tan sutil como vertiginoso realizado en plena carrera que levantaba admiración y causaba estragos. Ni podré olvidar mientras viva su impresionante remate de cabeza (se elevaba más que los porteros estirando los brazos) y con ambas piernas. Como inolvidables serían las chilenas que se marcaba; la forma de amortiguar el balón con el pecho, matándolo literalmente aunque le cayera llovido del cielo; su técnica exquisita; la enorme calidad y variedad de pases y desmarques, su melena rubia sobre el “8” a la espalda y su salto levantando el brazo para celebrar un gol.

Ver jugar a Leivinha era, sencillamente, un puro espectáculo. Una “delicatessen” para los paladares futboleros más exigentes. Hasta el propio Johan Cruyff, la máxima estrella del Barcelona y posiblemente uno de los cuatro mejores jugadores de todos los tiempos, no tuvo reparos en confesar que el regate de la bicicleta lo había aprendido del rubio brasileño.

Pero entre los campos embarrados, la dureza de los rivales y las continuas lesiones, sólo pudo rendir en tres de sus cuatro temporadas, destacando sobre todo en la primera, donde llegó a ganar la Copa de 1976 (aunque entonces todavía no permitían participar a los extranjeros) y la Liga 1976-77, marcando un total de 43 goles en 93 partidos, entre ellos el que hacía el número 30.000 de la Liga española frente a José Ángel Iribar, el legendario portero del Athletic de Bilbao. Un gol de pícaro prácticamente nunca visto en el Calderón: Iribar rodaba el balón en su área y Leivinha salió de la línea de fondo, se lo robó, le rodeó y le batió con facilidad, casi insultantemente. Tanto es así que la primera reacción del brasileño fue disculparse con el guardameta vasco. Un gesto de cortesía igualmente nunca visto hasta la fecha.

En la Site Oficial da Sociedade Esportiva Palmeiras, de Leivinha pude leer lo siguiente: “O grande ídolo. Craque do Palmeiras e um dos melhores cabeceadores da história do futebol brasileiro. Atuou como meia-direita e é considerado um dos maiores jogadores da história do Palmeiras, com partipação decisiva nas conquistas da época da chamada "Segunda Academia".

Esta es su ficha, extraída de la citada web:

Nome: João Leiva Campos Filho
Apelido: O’ Príncipe
Nascimento: 11/09/49 Novo Horizonte, São Paulo
Partidas pela Palmeiras: 263
Gols pela Palmeiras: 105
Jogos pela Seleção Brasileira: 27
Gols pela Seleção: 7
Anotó no gol nº 1.000 do La verde-amarela
em 1973 no Maracaná no Brasil 5x0 Bolivia

Títulos:
Campeão Brasileiro 1972
Campeão Paulista 1972
Campeão Brasileiro 1973
Campeão Paulista 1974

Disputaria a Copa do Mundo em 1974

História: Emérito cabeceador. Em bolas áreas, Leivinha era perfeito. Subia com estilo e cabeceava de modo certeiro. Com os pés, ele era ainda melhor. Tocava de primeira, envolvia os adversários, chegava à frente com velocidade para finalizar. Compunha com brilhantismo o meio de campo do time que ficou conhecido como a "Segunda Academia", em alusão ao jogo refinado e objetivo que aquele grupo de jogadores impunha pelos gramados mundiais. É o maior artilheiro do Palmeiras na história do Campeonato Brasileiro.

El rubio delantero brasileño sólo jugó cuatro temporadas en el Atleti (tres, en realidad, por culpa de las lesiones), pero dicen que las grandes esencias se guardan en tarros pequeños. Y la esencia de Leivinha no se evaporará jamás. La tengo bien guardada en un tarrito, aquí dentro...


Datos, estadísticas y reportajes.

João Leiva Campos Filho, Leivinha, conocido futbolísticamente como “El Príncipe”, “Samba” o el “Rubio Volador”, nació el 11 de septiembre de 1949 en Novo Horizonte, São Paulo (Brasil). El apellido “Filho” se cree que en realidad no es tal, sino el equivalente a Jr. o “hijo” en portugués.
Inició su carrera en el Atlético Linense en 1965. Posteriormente, Jorge Margy (al que considera su padre deportivo), se lo lleva para la Portuguesa y lo hace debutar en el profesionalismo en 1966, con apenas 17 años. Su gran proyección en los próximos tres años provoca que el Palmeiras de São Paulo se haga con sus servicios en 1971. Allí tiene la oportunidad de jugar junto a otros grandes jugadores como Emerson Leão, Luiz Pereira, Ademir da Guia y Dudu, dirigidos por el técnico Oswaldo Brandão.

Pronto destacó como un delantero de excepcional calidad y técnica exquisita. Era muy inteligente con y sin balón, y además resultaba estéticamente maravilloso en el desarrollo de su juego. Su particular regate en vertical y su capacidad rematadora le convirtieron en uno de los mejores puntas brasileños del momento. Si su amigo Pereira era tranquilo y pausado, Leivinha tenía un juego rápido, vibrante, de regate eléctrico y espectacular, y un mortífero remate, tanto con el pie como con la cabeza. Poseedor de una asombrosa capacidad para elevarse y mantenerse suspendido en el aire, y de una habilidad innata para cabecear desde ese grandioso impulso, sus remates de cabeza combinaban tal potencia y precisión que lo convirtieron en uno de los mejores cabeceadores de todos los tiempos.

En la temporada 1975-76 Leivinha rindió a un gran nivel. Venía en plena forma de su ciclo brasileño y le respetaron las lesiones. Disputó hasta el final el Trofeo Pichichi, que se llevó el delantero del Sporting de Gijón Quini, con 21 goles, seguido del Príncipe con 18 tantos.

En la campaña 1976-77, Leivinha anduvo renqueante y apenas jugó 18 partidos en las tres competiciones, Recopa de Europa incluida, pero aportó todo lo que pudo para conseguir el octavo título de Liga de la historia. Se lesionó de gravedad en la 2ª jornada en Vigo. Aun así jugó algunos partidos, pero en enero de 1977 se operó en São Paulo de un quiste de menisco externo. Estuvo en el dique seco cuatro meses. Reapareció a tiempo para contribuir al título de Liga con sus goles, no obstante en el verano de 1977 volvió a recaer. Pasó nuevamente por el quirófano, esta vez en Barcelona, e inició su segunda recuperación. El 4 de diciembre de 1977, tras seis meses de baja, Leivinha reapareció en la victoria del Atleti por dos goles a uno ante el Español, en un Estadio Vicente Calderón que estrenaba los marcadores electrónicos.

Entrevista a Leivinha el 1-12-1977, justo antes de aquel partido contra el R. C. D. Español:

http://hemeroteca.mundodeportivo.com/preview/1977/04/16/pagina-32/1033141/pdf.html?search=leivinha%20lesión

La grave lesión de Leivinha.

Leivinha (D), jogador do Atlético de Madrid, da Espanha, com a sua mãe Lainé Farah Leiva antes da operação em seu joelho esquerdo para a extração de um quisto. Hospital D.Pedro II, en São Paulo. Fuente: Revista Gazeta Press.

Tras una durísima entrada del jugador del Celta de Vigo Manolo, en el Estadio de Balaídos, en la segunda jornada del Campeonato Nacional de Liga 1976-77, Leivinha sufrió una lesión en el menisco externo de su rodilla izquierda que no le impediría jugar y marcar un buen número de goles en los siguientes partidos (en la siguiente jornada marcó un golazo de cabeza espectacular al Salamanca, que además dio el triunfo al Atleti por 2-1; en la vuelta de la Recopa contra el Rapid de Viena marcó el gol de triunfo con otro testarazo y en Sarriá anotó dos tantos contra el Español en la goleada atlética por 1-4), pero con el paso del tiempo los dolores fueron a más hasta el punto de tener que ser operado en Brasil, en enero de 1977, por su amigo el doctor Joao de Vicenzo, el médico del Palmeiras, su antiguo equipo. Pero lo que en principio era sencilla operación de un quiste, se conviritió en una pesadilla que le obligó a estar cuatro meses de baja. Reapareció a tiempo en el tramo final de temporada, y lo hizo marcando dos goles en la victoria frente al Racing por 5-1. El Atleti acabó ganando la Liga pero Leivinha se resintió de su lesión. La rodilla se le hinchaba de líquido y tuvo que ser operado de nuevo, esta vez en Barcelona, ante las reticencias del servicio médico del club, entonces a cargo del doctor Ibáñez, el cual ya estuvo presente en su primera operación en Sao Paulo. Leivinha sse puso en manos del prestigioso doctor Cabot, el que fuera el médico de la Selección española en el Mundial de Brasil de 1950. La operación fue un éxito pero la recuperación le mantuvo otros seis meses en el dique seco. En total, 10 meses sin el crack. Reapareció el 1 de noviembre de 1977, justo el día que se estrenaron los marcadores electrónicos en el Calderón, con victoria atlética 2-1 sobre el Español.

Por culpa de los mediocres y leñeros defensas setenteros, Leivinha no pudo desplegar todo el fútbol que exhibió en su primera temporada en el Atlético de Madrid. Pasó un calvario durante los más de diez meses que estuvo alejado de los terrenos de juego. Reapareció y dejó constancia de su clase y capacidad goleadora, pero había perdido esa chispa de velocidad y ya no volvió a ser el mismo jugador eléctrico que desbordaba con aquellos finos quiebros de cintura, las famosas “bicicletas” que fascinaron a propios y extraños, Johan Cruyff incluido. En las siguientes temporadas 1977-78 y 1978-79, jugó un total de 38 partidos, anotando 14 goles, y participó en la Copa de Europa hasta los cuartos de final. En el verano de 1979, Leivinha volvió a Brasil. El brasileño se despidió de España con duras manifestaciones contra la extrema dureza de algunos defensas, reconociendo que se iba porque “estaba harto de la violencia que había sufrido”, pero al mismo tiempo con mucho cariño hacia la afición del Atleti, de la que dijo que no había conocido una torcida como la rojiblanca.
El brasileño comentó en su despedida: ”Por las lesiones no pude demostrar mi auténtica valía. El primer año se vio al auténtico Leivinha (marcó 19 tantos en 31 encuentros de Liga). Le tengo un gran cariño y estímulo a la afición. No he conocido otra igual”.

Militó cuatro temporadas en el Atlético de Madrid, de 1975 a 1979, con el que jugó 93 partidos oficiales marcando 43 goles: 82 de Liga (40 tantos), 6 de Copa (2 dianas) y 5 de competiciones europeas (1 gol). Leivinha acumuló este palmarés como rojiblanco: 1 Liga (1976-77), 1 Copa (1976), unas semifinales de la Recopa (1977) y unos cuartos de de final de la Copa de Europa (1978).

Estadísticas aparte, en la Hemeroteca del El Mundo Deportivo se puede leer:

“João Leiva Campos, Leivinha, dejó el listón muy alto, altísimo, en una década en la que el sabor brasileño impregnaba al conjunto colchonero (coincidió con Becerra y Luiz Pereira, y más tarde llegó otro mito rojiblanco, Dirceu). Los aficionados rojiblancos más veteranos siguen recordando con nostalgia aquella línea mítica formada por Gárate, Leivinha y Ayala. Menudo ataque. Un trío que sembraba el terror en las defensas contrarias. El delantero brasileño fue uno de los futbolistas que implantó en España la famosa 'bicicleta', un regate en el que Leivinha era un artista, haciendo un fino quiebro con la cintura y una pierna hacia un lado, y marchándose hacia el otro. Lo de Leivinha con el Atlético fue un flechazo inmediato: en su debut marcó tres de los cuatro goles de su equipo (a un tal Jorge D'Alessandro) y se metió a la afición colchonera en el bolsillo”.

Pablo Mialdea opinió así del brasileño en el diario AS:

“Leivinha nos enseñó las ‘bicicletas’.

Leivinha llegó al Atleti como un regalo divino. Su aparición en el Carranza con el Palmeiras, junto con Luiz Pereira, fue lo que abrió los ojos a los rojiblancos, que habían tenido un fiasco con Sena, Ivo y Alinho, los refuerzos que se diluyeron con el calor del verano y que no llegaron a empezar la Liga. Leivinha, que venía a ocupar la baja de Irureta, traspasado al Athletic, debutó en la cuarta jornada a lo grande: hizo tres de los cuatro goles al Salamanca. Mostró su mejor regate, la bicicleta, y todo un repertorio de calidad técnica con el balón y un gran olfato de gol: 18 tantos marcaría esa temporada 75-76. Jugador completo, su mejor cualidad era el remate de cabeza. Eso ha dicho siempre Luis, su entrenador. Pero la mayoría de los atléticos (y Sol, el lateral del Madrid que le marcó en el Carranza ante el Palmeiras) dirían que lo mejor eran sus bicicletas. Una lesión de rodilla, de la que se operó en enero de 1977 y de la que nunca se recuperó bien, cortó su brillante trayectoria. Aún así, en el Atlético dejó números de crack (40 goles en 83 partidos de Liga) y modales de caballero, como cuando se disculpó ante Iribar tras marcarle el gol más tonto. El Chopo no se percató de que estaba a su espalda, botó el balón, Leivinha se lo quitó y marcó”.

Con respecto a las ‘bicicletas’, un día el Cacho Heredia le dijo a Leivinha: “Como hagas eso aquí, ¡te rompen las bielas!”. Y a fe que se las rompieron.

En el semanario Blanco y Negro del 4/10/1975, en la página 77, viene un artículo impresionante sobre el ídolo. Aquí transcribo sólo un extracto:

“Como Julio César al pasar por el Rubicón, el fabuloso jugador de fútbol brasileño João Leiva “Leivinha” también puede decir: Vini, vidi, vinci (“llegué, vi, vencí”). Tres goles (dos de cabeza y otro antológico con el pie, sin apenas ángulo de tiro) en un solo partido, que era el de su presentación oficial, son muchos goles. Tres goles, de los cuatro que encajó el correoso Salamanca, que servirían para consagrar a cualquier otro jugador sin la clase de este brasileño “de oro”. Pero Leivinha ya venía consagrado de sus lares cariocas. Y los “hinchas” atléticos han visto confirmadas sus esperanzas de ver en las filas rojiblancas un hombre-gol, que al mismo tiempo es un hombre-espectáculo. Porque Leivinha, con su extraordinario dominio del balón, sus regates secos, su visión de la puerta contraria y sus venenosos remates, es un verdadero regalo para la vista, sobre todo para la vista de aquellos aficionados que saben saborear la belleza que comporta el juego del balompié. Hay que resaltar que en sus respectivos partidos de presentación ni siquiera los fenómenos Di Stéfano, Kubala, Puskas y un largo etcétera respondieron a la fama de que venían precedidos y que más tarde confirmaron. La única excepción fue ese holandés “volador” que se llama Johan Cruiff en el Barcelona. Sin embargo, en la pasada temporada y en la que acaba de iniciarse se nota un declive en la luminosidad “de la estrella Cruiff”. Leivinha, además de gran jugador, no es un engreído. Después del partido, que acabó con un rotundo 4-1 a favor del equipo madrileño, el gran jugador brasileño se mostró ante los periodistas con humildad y sencillez. Sus palabras han sido rotundas: “No soy un hechicero, simplemente un oportunista”. Pero eso no es cierto: Leivinha crea juego, deleita al degustador de buen fútbol y “ve puerta”, lo que es bien difícil. Eso es lo que diferencia al buen jugador del “fenómeno”. El buen jugador de balompié posee algunas de las antedichas cualidades, pero no todas como un conjunto homogéneo. Y Leivinha es un fenómeno del fútbol. Un auténtico heredero, con dermis blanca, de ese otro compatriota suyo al que llaman “Pelé”, “el rey”…”

Leivinha acabó su carrera deportiva en 1979, con 30 años de edad. Había llegado a un acuerdo (en el World Trade Center) con el Cosmos de Nueva York para jugar allí en 1980. Sin embargo, para no estar cuatro meses inactivo, se enroló en las filas del São Paulo. Con éste equipo consiguió sus dos últimos goles, curiosamente contra la Portuguesa, su primer equipo como profesional. No obstante, debido a sus continuas lesiones la aventura norteamericana nunca se llegó a producir y se tuvo que retirar del fútbol definitivamente.

Más tarde, como tantos otros deportistas profesionales, no se adaptó a la vida “civil”. Tuvo varios negocios que no prosperaron y tres matrimonios, de los que tiene cuatro hijos. Ha comentado partidos de fútbol –para Bandeirantes y Globo–, ha colaborado en varias escuelas de fútbol para niños y trabajó como funcionario del Estado de São Paulo dirigiendo un programa de fútbol para meninos da rúa. Actualmente trabaja para su antiguo club, el Palmeiras.

Algunos años después, el delantero brasileño recordaba su paso por el Atleti: “Jugamos muchos partidos importantes. Ganamos la Copa y la Liga, que se resistía desde hacía tiempo, pero quizá me quedo con mi debut. Fue ante el Salamanca y marqué tres goles. Nunca lo podré olvidar. Estoy muy agradecido por dos cosas: por haber jugado en España y en el Atlético. Mi abuelo era español, el nombre Leiva es de aquí, y mi deseo era estar en este equipo tan particular y popular”.

Con el “8“, el mítico dorsal de Luis Aragonés, João Leiva Campos. Toda una leyenda en el Atlético de Madrid, donde caló muy hondo por su carisma y enorme calidad. Mi gran ídolo de la adolescencia. Sólo puedo decirte una cosa, Leivinha: guardaré, como un tesoro, tus cabezazos y tus bicicletas hasta que Dios me lo permita, que espero que sea... hasta siempre, Joao.

Gracias por existir, Leivinha."


Última edición por Salazar el Miér 22 Jul 2015, 21:42, editado 2 veces

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<no> Re: Leivinha, a ritmo de samba (1975-1979)

Mensaje por Salazar el Mar 14 Jul 2015, 15:07


La despedida de Leivinha y Alberto.

El último partido de Joao Leiva en el Atlético de Madrid, fue el disputado el 27 de mayo de 1979 contra el Recreativo de Huelva en el estadio Vicente Calderón, con resultado de 1-0 (gol de Guzmán).

El brasileño salió en la segunda parte en sustiución de Aguilar. Al finalizar el choque, la imagen de Leivinha, sin poder contener las lágrimas y abrazado a Alberto Fernández en la despedida de ambos, provocó un nudo de emoción en las gradas.

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<no> Re: Leivinha, a ritmo de samba (1975-1979)

Mensaje por SambaLeivinha el Vie 17 Jul 2015, 22:56

Poco más que añadir a lo que he ido aportando en el hilo oficial como en el del maestro Paramecio. Cuando puedo sigo buscando fotos y videos, algunas veces encuentro perlas escondidas en webs brasileras donde he dado con un jovencísimo Leivinha en la Portuguesa, datos curiosos como que ese equipo hizo una gira por Italia a finales de los 60 y Leiva fue el máximo goleador del equipo con 12 dianas (empatando el partido inaugural contra la Fiorentina con un gol suyo).

Por abundar en recuerdos personales de su etapa en el Atleti. Un día lo comentaba con Rober, son como flashes, instantes mágicos que se quedaron en mi retina, seguramente algunos de ellos distorsionados por el paso del tiempo, otros nítidos como una mañana de primavera. En alguna ocasión me he dado cuenta de que mi "fotografía en movimiento" estaba confundida, como el gol que le marcó a Super Paco. De esas cosas que jurarías por tus muertos que fue en una portería concreta. Veo el salto, el cabezazo, la impresionante estirada del portero, el balón por toda la escuadra, veo las mallas temblar, el estadio estallar, el rubio saltar con los brazos levantados. Pues no. Manda cojones que hace poco descubrí un tesoro que tenía por casa, tras varias mudanzas apareció un As Color de noviembre del 75 que creía perdido. Ya al ver la portada me dio un vuelco. "¡GOLAZO!" . Pero no era la portería del Fondo Norte. No. Sin duda era la del Fondo Sur. Pensaréis, éste está de atar, jaja. Pues sí, señores. Tras la inmensa alegría de descubrir, 40 años después, esa vieja revista, me invadió una desazón absurda. No podía ser cierto lo que estaban viendo mis ojos. ¿Por qué la mente te juega estas pasadas? Si cierro los ojos aún estoy viendo ese remate. Pero en la portería equivocada. El caso es que no hay más remedio que aceptar estas cosas, por mucha rabia que me dé lo importante es el hecho.

Y junto con otras imágenes de aquella mítica temporada 75-76, digo mítica no porque se ganase la Copa sino por el juego del Atleti de Luis con los dos brasileños a pleno rendimiento (quizá introduzca pinceladas de las dos posteriores, casi mejor lo dejo para otra ocasión), posiblemente el fútbol de más quilates que han podido ver mis ojos por el Manzanares, intentaré ser fiel a mi memoria aunque ésta me patine. No obstante he rebuscado una serie de datos y varios artículos con los que adornar un poco mis recuerdos y ensalzar las virtudes de aquel Atleti con rigor y seriedad, porque lo mío es puro romanticismo.

Por empezar por el principio, en 1993 el Cronista de la Villa José Julio García dijo lo siguiente del debut de los brasileños:
 
"El Atlético de Madrid realiza la operación cumbre a nivel de clubes en España al incorporar a sus filas a los brasileños Pereira y Leivinha. Dos estrellas de tal magnitud, dos jugadores de gran prestigio internacional, que no es fácil que entren, a la vez, en una misma opción de traspaso. El Atleti lo consigue de forma fulgurante y deja boquiabiertos a propios y extraños. Ambos proceden del Palmeiras de São Paulo, doble campeón paulista y brasileiro.
Su presentación con la camiseta rojiblanca se verifica en el Manzanares frente a la Unión Deportiva Salamanca. Cuando se les ve jugar el balón, enseguida se adivina que son fuentes renovadoras de sensaciones entusiastas y emociones para los seguidores rojiblancos. La asombrosa facilidad de Pereira para sacar el balón jugado del área, es el más claro exponente de que estamos ante un futbolista que embelesa con su juego. El impulso evolutivo de Leivinha cuando toca el esférico y su equilibrio distributivo del juego, desnivelan al contrario rebasando posiciones para alcanzar el área rival. Abundante y rica variedad de combinaciones llenas de imaginación, que mueven el equipo y traen en jaque a los rivales, realizado todo con alegría y vistosidad. ¡Una maravilla!".

El segundo recuerdo que tengo es el partido contra el Barça en el Calderón. Antes voy con la información de ese partido del 19/10/75, para situarnos. El Atleti alinea a Reina, Capón, Eusebio, Pereira, Panadero Díaz, Marcelino, Salcedo, Bermejo, Aguilar, Leivinha y Ayala. Luego entrarían Baena por Aguilar y Leal por Ayala. El Barcelona sale con Artola; De la Cruz, Migueli, Corominas, Neeskens, Asensi, Marcial, Rexach, Fortes, Cruyff y Sotil. Ahí es nada el partidazo, nocturno por otra parte. Que se empezó a decantar bien pronto. Bermejo, en la jugada inicial del partido, lanza un formidable disparo por toda la escuadra después de dos recortes a Marcial en el borde del área. Cinco minutos después, Aguilar recibe de Salcedo y remata de tiro raso y cruzado con la izquierda. 2-0 en un abrir y cerrar de ojos. Domino alterno, el Barça lo intenta pero sin peligro. El Atleti lo espera y sale fulgurante. El negro da un magisterio en defensa, llega antes a todos los balones, por alto y por bajo. A Cruyff lo desquicia, ni la huele. Y para alguna que le llega, se la quita como un niño le quita un caramelo a otro en la puerta del cole. Y para más recochineo, le hace un caño monumental en el borde del área. Aquello era para verlo. Y ya cerca del final, el último de don Ignacio Salcedo, tras un espléndido pase de Leivinha que le deja solo ante Artola. Insisto. Lo de Luiz Pereira ante el genio holandés era para frotarse los ojos y tener el corazón a prueba de infarto. La exhibición fue de tal calibre, que el 3-0 resultó corto para el juego desplegado. Al menos media docena de goles se habría llevado el Barça de no ser por el acierto de Artola y por un penalti clamoroso que no quiso señalar Santana Páez en el segundo tiempo.

Voy con el sábado 1 de noviembre de 1975.  Octava jornada de Liga. Atlético de Madrid 1-0 Sevilla. Sin ser un gran encuentro de los rojiblancos, fue el único equipo que lo intentó pese a la oposición de un Sevilla recién ascendido, muy ordenado, férreo en los marcajes y con un porterazo bajo palos, Francisco Ruiz Brenes, más conocido como Súper Paco. Esa noche lo paró todo incluido un penalti lanzado por Ayala, pero que tuvo que rendirse ante el espectacular cabezazo de Leivinha, que entró por toda la escuadra pese a la fenomenal estirada del guardameta gaditano. En la secuencia de imágenes del As Color del 4 de noviembre de 1975 –el tesoro que recuperé y que he subido hace poco al hilo de Leivinha en el otro foro- se puede apreciar el fenomenal salto del brasileño, que le saca casi medio cuerpo a Blanco en el momento de conectar el testarazo, y el balón superando la estirada de Súper Paco camino de la escuadra.

En palabras del periodista Gilera en ABC, madridista confeso pero gran admirador del juego del Atleti: “Los dos brasileños son dos jugadores definitivos. El moreno porque arma la nave atrás y se va de paseo con la pelota hasta el área contraria; y el rubio porque tiene un sentido del gol, que es un privilegio, y sus remates de cabeza en salto con un jugador contrario son algo nuevo en un juego donde es difícil ver cosas que no se hayan visto antes… incluso en una tarde en que el delantero estaba sometido a un marcaje de sindeticón o pegamín ordenado por Olsen a su especialista Blanco".

Otro partido que recuerdo especialmente es el que nos enfrentó al Español en el Calderón el 28 de diciembre de 1975, justo antes del derbi madrileño. El Atleti ganó por 3-1 con doblete de Leivinha y otro de Ayala. El delantero brasileño jugó con una alegría y una velocidad deslumbrantes, marcó dos goles y a punto estuvo de marcar un tercero, pero su espléndido remate de cabeza salió rozando el travesaño. Su exhibición de combinaciones, regates, controles y remates hizo levantar al personal en más de una ocasión, mi padre incluido. Las palmas echaban humo y el público gritaba ¡Lei-vi-ña!, ¡Lei-vi-ña!, No lo podré olvidar en la vida. El primero de los dos goles de Leiva al Español, fue un auténtico golazo: recogió el balón en el centro del campo, profundizó con su elegante zancada y de un zambombazo lo clavó en la mismísima escuadra  Del segundo no me acuerdo. Hay que joderse.

El gran Ricardo Zamora presenció el encuentro desde el Palco de Honor, dijo: “Creativamente el Atlético se ha mostrado como un grande de ese buen fútbol español. Funciona excelente como conjunto. Antes ya tenía un buen equipo; ahora, además, tiene dos jugadores de categoría mundial que le han dado su actual configuración. Ellos dos, los brasileños, han aportado una clase y fisionomía que ya quisieran muchos equipos en el mundo”.

El propio Pepe Santamaría, entrenador del Español (y ex jugador mandrilista), reconoció al final del partido: “Los rojiblancos han hecho un fútbol de lujo”.

El derbi. 11 de enero del 76. Fui al Manzanares con un primo mío (madridista hasta la médula) en una zona algo esquinada y bastante alta. En la primera parte el Atelti fue un vendaval, entraba por todas partes, lo de Leivinha ya era un espectáculo, le pusieron a Angel y a Del Bosque en un doble marcaje, pero parecían dos tortugas a su lado. Con qué facilidad de se iba de ellos, y cuando les superaba le esperaba Camacho. Pero ni por esas, le hizo como tres o cuatro bicicletas y un par de caños, aunque se llevó otras tantas tarascadas del merengón, un Camacho con el pelo corto que ya se había enfrentado y secado a Cruyff en varias ocasiones, hablamos del futuro lateral izquierdo de la selección. Yo creo que esa noche los tres soñaron con Leivinha, ¡qué recital!

El Atleti ganó por un gol a cero, tanto marcado por Eugenio Leal en el minuto 43 al transformar un golpe franco al borde del área, tras cesión en corto de Ayala. Ese gol supuso además el liderato y el título honorífico de Campeón de Invierno. Al salir, mi primo me confesó que muchos domingos se iba al Calderón y pagaba con gusto su entrada para deleitarse con los Pereira, Leal, Bermejo, Gárate, Leivinha y Ayala, pero que ni se me ocurriera decírselo a sus amigotes (madridistas como él) o tendría que dejar de pasar por taquilla.

A la semana siguiente el Atleti repite victoria en el Calderón ante el Zaragoza, al que bate por 2-0 con otra exhibición de Leivinha, quien pese a no anotar es el motor, el eje del equipo, con sus basculaciones eléctricas, combinaciones en pared, fintas y regates de amago en vertical que dejan sentados a los defensas maños. Extraído de varias crónicas, ese partido no lo recordaba. Los goles de Ayala y Leal nos consolidaron en el liderato y aumentamos la distancia a tres puntos con respecto al Madrí ,al palmar los blancos 1-0 contra el Racing en el Sardinero.

1 de febrero de 1976. Suma y sigue. Atleti 3-0 Elche. Partido nocturno con muy poca gente, hacía un frío de cojones, incluso a ratos llovía a cántaros. A ese partido no se apuntó mi primo (y eso que aún no habían inventado la calefacción en la Cuadra), fui con mi padre. El famoso frío a orillas del Manzanares, por mucho que te abrigues la humedad penetra hasta los tuétanos. Pero a mi edad (12 años) con una bufanda rojiblanca y unos pulgueros que me ponía mi madre, más feliz que una perdiz. No fue un partido plácido, pero el Atleti tenía dinamita arriba. Generaba mucho y era tremendamente eficaz. Dos de los tres goles llevaron la firma de João –uno de ellos muy parecido al que le marcó a D ‘Alessandro, anticipándose a la salida de Díez y sin apenas ángulo de tiro–, tras el primer tanto anotado por Gárate, de espléndido remate de cabeza en plancha, su especialidad, a un centro preciso del brasileño. Aquel Elche era un muy buen equipo en el que jugaban Gómez Voglino y Rubén Cano, pero por desgracia también jugaba un tal Indio, el defensa que le hizo una entrada a Gárate que en aquel momento nadie podía imaginar que acabaría con la carrera profesional de nuestro delantero centro internacional, el auténtico emblema del Atlético de Madrid.
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Aquí va un extracto de un diálogo tan surrealista que parece sacado de una novela de don Camilo, dentro de la crónica del Atlético de Madrid–Elche al que me acabo de referir, realizada por Gilera en el diario ABC:

“Algunos lectores, católicos, sentimentales y nada feos, me preguntan por “El Cepas”, por qué no sale en las crónicas para opinar del partido. La verdad es que ahora le veo menos, porque no tengo tiempo de ir a la peña “El Puerto”. Mis amigos, los peñistas, van muy tarde a tomar la cerveza de rigor. El bohemio profesor don Pedro se presenta a las tres menos cuarto… Los hermanos Manzanares, como tienen que estar en su establecimiento de muebles a las cuatro y media, van a “El Puerto” cuando el estómago les pide una docena de ostras y tras alguna victoria del Atlético. “El Cepas” anda con un catarro que no se lame… Este lunes estaba “embozado” con el pañito blanco cuando llegué.
–Acatarrado, ¿eh?
–¡No me hable! Se me ocurrió ir anoche al estadio del Manzanares y me puse peor. Menuda bronca me echó la parienta cuando llegué a casa.
–¿Y cómo fue usted a ver al Atlético, si es usted madridista?
–Yo soy madridista, es verdad, hasta ese lugar que llaman “las cachas”, pero a mí me gusta el fútbol, y el Atlético de hoy juega al fútbol maravillosamente.
–¿Entonces usted cree que por ver a Leivinha y a Pereira y a Gárate merece la pena coger un catarro?
–Yo creo que sí; el catarro se cura; perderse ese juego es como no asistir a clase cuando un profesor va a dar una lección importante. Sólo los malos alumnos “hacen novillos”.
Llegaron los hermanos Manzanares, contentos, como buenos atléticos, pues por algo y para algo son comerciantes carabancheleros. Saludaron a Antonio, el patrón, y lo primero que hicieron fue pedir una ronda alta para todos y unos percebes.
–Me alegró ver ese partido –continuó “El Cepas”– porque el gol de Gárate, de cabeza, y el que hizo Leivinha de tiro cruzado, sin ángulo de tiro, fueron fantásticos. Está el Atlético muy bien, muy bien… –agregó “El Cepas” con aire de preocupación.
–¿Y usted le teme porque le puede quitar el título al Madrid?
–¡Naturalmente! Estos dos brasileños van a traer a Madrid otra vez el carnaval, ya lo verá usted.
–El Elche jugó bien –prosiguió “El Cepas”–, se defendió con orden, contraatacó, llegó a ligar, pero era inferior al Atlético, que le tenía cogido como un pulpo puede apresar a un buzo.
–¡A ver, Antonio, pon una ración de pulpitos! –pidió oportuno José María Manzanares.
–A Pereira, a Leivinha y a Gárate, ¡como no les pongas una pareja de la Guardia Civil a cada uno, jugarán de lo que quieran!
–¡Ay “Cepas”!, que te me pasas al Atleti…”



Seguimos en febrero del 76. Atleti 2-0 Athletic. Leivinha goleó por partida doble al “Chopo” Iríbar, todo un mito bajo los palos. El primero, el famoso gol del pícaro. Mientras rodaba el balón en el área, para que no le contasen la regla de los cuatro pasos con el balón sujeto, Leivinha salió de la línea de fondo, le robó el balón y le batió ante el estupor del guardameta vasco y de todo el Calderón. Yo no vi el famoso gesto del brasileño disculpándose ante Iribar, sólo recuerdo preguntarle a mi padre: ¿Ese gol vale?, entre la algarabía general. Su sonrisa lo dijo todo.  En el segundo tiempo, el brasileño se desquitó marcando un golazo por toda la escuadra, tras un tuya-mía con su compatriota Pereira (cómo les gustaba tirar paredes a estos dos). Y de no haber estrellado un penalti en el larguero bien pudo haber conseguido otro triplete. Las reacciones de los implicados ante la prensa:

Iríbar: “Me gusta bastante el Atlético de Madrid, que tiene jugadores de una gran calidad técnica. ¿El gol de Leivinha? Mala suerte para mí y para el equipo. No me di cuenta de que Leivinha estaba detrás de mí cuando yo jugaba la pelota con la mano para sacar. Pero ya no valen lamentaciones”.

Leivinha: “Mi gol fue un gol de suerte. Hablo del primero, claro. No se suelen marcar goles así. Pero yo me di cuenta de que Iríbar no me había visto, así que entré cuando el portero había soltado la pelota y me la llevé para marcar. Y ya ve, luego fallé un penalti que, en teoría, es más sencillo de marcar…”

Después el Atleti se enfrentó al Barcelona de Johan Cruyff en el Camp Nou. Las bicicletas de Leivinha destrozaron la cintura de “Tarzán” Migueli, que aún debe estar buscándole cuando levantaba una pierna, amagaba con irse a un lado y salía por el otro. Tanto es así que a partir de entonces el astro holandés copió el famoso regate del brasileño y no tuvo reparos en admitirlo. El Atleti se adelantó a los 5 minutos con un gol en plancha de Gárate, pero el Barça remontó con dos goles de Asensi y Marcial. Casi al final, un tremendo cabezazo de Leivinha fue repelido por el larguero en lo que bien pudo haber sido el empate a dos.
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Sigo ahora con recuerdos en directo. Atleti-Granada. Duro escollo aquel Granada de Miguel Muñoz. En el encuentro de la primera vuelta ya nos lo puso muy difícil, y sólo un gol de Leivinha en el minuto 90, jugando con uno menos en Los Cármenes, nos dio el triunfo por 3-4. El jugado en casa fue un partido complicado desde el inicio. Salimos al campo sin Gárate ni Reina, y nada más empezar otro ex madridista, Grande, le cuela un gol a Pacheco, que llevaba varios meses sin jugar. A los pocos minutos se lesiona Luiz Pereira y es sustituido por Heredia, pero al Cacho le pasa igual que a Pacheco, lleva bastante tiempo alejado del equipo titular porque el puesto de líbero precisamente ha sido cubierto por el Moreno Zumbón, y de central marcador Heredia no rinde igual que de libre. Menos mal que Ayala estuvo rápido e inspirado para marcar dos goles y darle la vuelta al partido, porque a Leivinha no le surtían de balones ni Alberto, ni Leal, ni Marcelino, y por alto tampoco tuvo oportunidad de conectar sus temibles cabezazos, y el único remate a gol que hizo fue sacado a última hora por un defensa bajo palos. El Granada se crecía y empató antes del descanso. Después se lesionaron Ayala y Capón, y con el equipo medio roto, en un arreón de casta Aguilar agarró un trallazo que supuso el 3-2 definitivo. Ese resultad servía para seguir en la lucha por el título, a un punto del Madrid al acabar aquella jornada.

A mediados de marzo el Atleti se impone por 3-1 al Oviedo. Mi mente ha debido borrar ese partido salvo por una imagen, un penalti de libro que le hicieron a Leivinha en pleno vuelo. Un salto descomunal, lo recuerdo suspendido en el aire como un segundo más que su marcador, quien le empujó flagrantemente pero ante la sorpresa general no se sancionó.  Digo sorpresa general cuando me estoy refiriendo a mi propia sorpresa. La gente gritó ¡penaltiii!... ¡cabróoon! Pero nadie se echó las manos a la cabeza, salvo un servidor. Mocoso...

Sé que Leiva marcó tres goles, pero por lo que sea no me acuerdo de ninguno de ellos, se ve que ese salto y el empujón eclipsaron todo lo demás, muy a mi pesar. Por lo leído y comentado mucho tiempo después, Leivinha logró su segundo triplete tras el primero que hizo en su debut. A los seis minutos, remata desde el borde del área un pase de Ayala y por lo visto se la traga César. A los veinticuatro, Alberto saca una falta sobre Capón y el centro de éste lo remata de cabeza Leivinha para hacer el segundo. A la media hora de la segunda parte recorta distancias el Oviedo. Según parece, justo antes se produjo el penalti que se fue al limbo. Por el contrario, el tercer gol del “Príncipe” llegaría al transformar una pena máxima cometida por manos de Lolín bajo palos, batido ya César. Festival Leivinha, fue el titular más repetido.

Estrenando la primavera, el Atleti seguía con paso firme –y cabeza voladora– camino del liderato, a tan sólo tres puntos del Madrid, que perdió en Zaragoza esa jornada, la vigésimo séptima del Campeonato, por idéntico tanteo: 3-1. A primeros de abril las espadas seguían en todo lo alto, como el vuelo del rubio brasileño al conectar un soberbio testarazo que suponía el tercer tanto rojiblanco en la goleada 4-0 al Betis. El guardameta Esnaola no tuvo su tarde, con algunas intervenciones poco afortunadas, pero el Atleti jugó embalado, rumbo al decisivo partido de Sarriá…

Sarriá. 1º de mayo de 1976: Adiós Liga.

Desgranados los hechos en el feudo españolista, la decepción ante las triquiñuelas para aniquilar cualquier esfuerzo deportivo por parte de los rojiblancos es enorme, inmensa, pese a que ya me lo había advertido por mi primo.

En Salamanca nos habían masacrado, a Fraguas le partieron la pierna, hubo lluvia de tarjetas de todos los colores y la prensa tituló aquel partido: ¡Es la guerra! En Santander, un mozo de nombre Juan Carlos le hizo una caricia a Leivinha que lo sacó del campo. Si el brasileño no se enfadó, yo tampoco (sic). Era evidente que algo se estaba cociendo, el Atleti hacía un fútbol espectacular y tantos goles, tantas victorias, tantos collares verdes y tantas bicicletas, estaban empezando a molestar a los de siempre. Pero el Atleti no se viene abajo por todas estas circunstancias negativas y da la cara en todos los terrenos de juego, sin amilanarse.

Se llega así al tramo final de la Liga situado en segundo lugar a tan sólo cuatro puntos (dos partidos) del Trampas. Cuando restan tres jornadas, el Atleti acude a Sarriá para enfrentarse al Español, en el partido que sería el último del gran capitán Adelardo Rodríguez, tras 17 años defendiendo la Rojiblanca. Esa misma tarde, en el Bernabéu juegan el Mandril y el Barça, primero contra tercero en la tabla de la clasificación. El Trampas pierde por 0-2, lo que supone que, si el Atlético de Madrid gana en Sarriá, se pondría a dos puntos del líder a falta de dos partidos, con la posibilidad real y matemática de ser Campeón salvando el penúltimo escollo contra el Valencia (que lo salvó 1-0, gol de Salcedo) ya que la última jornada de Liga es el derbi entre los eternos rivales en Chamartín. Ganando ese partido, los rojiblancos igualarían a puntos con el Madrid pero el Atleti tendría mejor golaverage particular. Las cuentas de la lechera, como diría mi primo.

    –¿Sabes quién os pita en Sarriá?  
    –Ni idea.
    –Guruceta.

Tomaré aire. Por lo visto estaba designado otro colegiado (si alguien sabe su nombre me haría un favor, sino seguiré indagando), pero justo el día anterior el Comité cambió al trencilla original por este sinvergúenza, que pasó a la historia entre otras cosas por ser el único árbitro que expulsó a Gárate de un terreno de juego. Ahora que lo pienso, creo que no merece la pena embarrame con este partido, del cual se ha escrito ríos de tinta. Me quedaré con los recuerdos agradables de esa magnífica e irrepetible temporada.

Sólo sé que la Liga viajaría hacia la Castellana bien envuelta en papel celofán para que no se constipase en el Puente Aéreo. Entonces le dije a mi primo:
–Estarás contento, muy contento, pero ya no creo que vuelvas a ir al Calderón a disfrutar con el juego de mi Atleti. Y si vas, no cuentes conmigo.          

En junio ganamos la Copa, con un golazo de Gárate, su último gol, pero esa ya es otra historia...

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<no> Re: Leivinha, a ritmo de samba (1975-1979)

Mensaje por SambaLeivinha el Vie 11 Sep 2015, 16:30

Felicidades Joâo en tu 66 cumpleaños.

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