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Adelardo Rodríguez (1959-1976)

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<no> Re: Adelardo Rodríguez (1959-1976)

Mensaje por Salazar el Mar 18 Ago - 22:49


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<no> Re: Adelardo Rodríguez (1959-1976)

Mensaje por Salazar el Mar 18 Ago - 22:50


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<no> Re: Adelardo Rodríguez (1959-1976)

Mensaje por Salazar el Mar 18 Ago - 22:50


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<no> Re: Adelardo Rodríguez (1959-1976)

Mensaje por Salazar el Mar 18 Ago - 22:51


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<no> Re: Adelardo Rodríguez (1959-1976)

Mensaje por Salazar el Mar 18 Ago - 22:51


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<no> Re: Adelardo Rodríguez (1959-1976)

Mensaje por Salazar el Mar 18 Ago - 22:52


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<no> Re: Adelardo Rodríguez (1959-1976)

Mensaje por Salazar el Mar 18 Ago - 22:54


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<no> Re: Adelardo Rodríguez (1959-1976)

Mensaje por Deadpool el Miér 30 Sep - 7:22

Una fantástica entrevista de 2014.

Para hablar de él hay que hacerlo desde el respeto máximo y una profunda admiración. De otra manera no puede concebirse. No en vano, nos estamos refiriendo al hombre que más veces ha vestido la camiseta del Atlético de Madrid (587) y al máximo goleador del club en la Copa del Rey (27 tantos), uno de los mejores centrocampistas en la historia del fútbol español.

Hablamos, cómo no, de Adelardo Rodríguez Sánchez (Badajoz, 26 de septiembre de 1939). Pegado a una pelota desde que tenía uso de razón, Adelardo aterrizó en la capital cuando apenas era un chaval de 19 años. Ahí comenzó a escribirse la relación entre este centrocampista ofensivo, fino y con mucho gol, y el Atlético, el club de sus amores, cuya camiseta defendió durante 17 temporadas hasta su retirada en 1976.

De todo ha vivido Adelardo en el Metropolitano y el estadio del Manzanares, actual Vicente Calderón. Miles de experiencias para este pacense universal con la zamarra del Atleti: diez títulos (tres Ligas, cinco Copas, una Recopa de Europa y una Intercontinental), amén de partidos antológicos como la batalla de Glasgow o la final de Heysel contra el Bayern. Y ha compartido vestuario con grandes nombres que, como él, también han dejado huella en la entidad colchonera: Collar y Peiró -el ala infernal-, Griffa, Vavá, Luiz Pereira, Mendonça, Irureta, Rivilla, Ufarte, Gárate, Reina y, por supuesto, el gran Luis Aragonés.

"Tenía una gran personalidad, arrollaba a quien se le pusiera delante", dice Adelardo visiblemente emocionado a la hora de hablar de Zapatones, su amigo del alma, a quien perdió -y con él toda la familia del fútbol español- un soleado pero frío 1 de febrero de 2014. Otro duro golpe para él, diez años después de haber perdido a su joven hija -Adelardo es yerno de Vicente Calderón- por culpa de una grave enfermedad.

Tras colgar las botas en 1976, el personaje que hoy nos ocupa jugó al fútbol sala en el Interviú -junto a leyendas como Amancio o Ufarte, enre otros- y también con el equipo de veteranos del Atlético. Fue presidente del Badajoz durante unos meses y actualmente lo es de la Fundación del club rojiblanco. Aún le guardan un despachito en el Cerro del Espino, donde Adelardo comparte vivencias, sonrisa mediante, con los dos redactores de Libertad Digital hasta allí desplazados.

Entrevista a Adelardo
Pregunta: Quería empezar preguntándole por sus inicios. ¿Cuándo empezó a jugar al fútbol?

Respuesta: Desde que tengo uso de razón, lo primero que tenía en mis manos era una pelota. Allí en Badajoz, en una casa que teníamos en las afueras, había una pared, y yo recuerdo que a mi madre le tenía la pared destrozada a base de pelotazos.

Mi padre me hizo una foto en el campo de El Vivero, que entonces no tenía ni gradas y había sólo unos bancos alrededor del césped. En esa foto se ve a un niño de dos años y medio con un balón que es más grande que él. Yo ya le daba al balón con aquellos babis que se llevaban. ¡Bueno, más que un balón era una pelota de trapo o de goma, que yo le había pedido a los Reyes y que por lo menos botaba!

P: E imagino que ya empezaría a despuntar siendo niño...

R: Con doce años me hicieron jugar allí en el barrio, en el campo de El Vivero, que era de tierra. Me hacían jugar con chicos mayores de 18 ó 20 años. Me dieron la camiseta, el pantalón y las medias. Toda la ropa me estaba enorme porque era para los mayores. ¡Lo que tuvo que hacer mi pobre madre para poder arreglar un poquito todo aquello! Entonces no había medidas de pantalones ni de camisetas. Mis padres guardaban la foto. Yo la miro y era un espectáculo verme, al lado de aquellos hombres de 20 años... El caso es que un chico de Ferrocarriles de la Renfe, que era vecino mío, me dijo: "Tienes que venir a jugar con nosotros". Y yo, con tal de jugar al fútbol, hacía lo que fuera. Luego ya con 13 años me fichó un equipo juvenil. En teoría no podía jugar hasta que tuviera quince años, pero me falsificaron la ficha.

P: Ese equipo juvenil fue el Betis Extremeño, ¿no?

R: Era de una barrida de Badajoz, del Barrio de San Roque. Me dejaron jugar con los juveniles, pero como allí nos conocíamos todos y sabían qué edad tenía, que no se nos ocurriera ganar un partido porque nos quitaban los puntos y encima nos sancionaban, con lo que quedábamos siempre los últimos (Risas).

Luego, a los 14 años, ya no pude jugar porque no me dejó la Federación y sólo pude jugar en el campeonato de estudiantes. Yo estudiaba Bachiller y teníamos una liguilla de estudiantes por allí. Y ya con 15 años me fichó este mismo del Betis Extremeño que fundó un equipo juvenil, el Extremadura Juvenil. Era Don Ramón Espino, que era de Almendralejo y tenía el Teatro López Ayala. Era un equipo en el que nos juntamos unos cuantos amigos y estuvimos tres años jugando en juvenil. Uno de ellos, que en paz descanse, fue hermano de Bermejo, el que jugó en el Atlético, que jugaba muy bien. Éramos campeones de Badajoz todos los años e íbamos a la selección extremeña cuatro o cinco del equipo. Entonces el fútbol no se seguía tanto como ahora. Antes se decía: "Oye, que hay un chaval en Castuera muy bueno, que venga por aquí". Iba a Badajoz, hacía una prueba en la selección extremeña y si valía se quedaba para jugar el Campeonato de España. Pero normalmente eran de Cáceres y Badajoz.

P: Y después pasó al Badajoz a jugar en Segunda, ¿no?

R: Sí, fue con 17 años. No llegué a dos años en el Badajoz y ahí ya fue cuando me fui al Atlético de Madrid.

P: ¿Cómo fue su fichaje por el Atlético?

Daucik me dijo: 'Chico, ¿quieres fichar por el Atlético?' Pensé que era una broma
R: En el último partido de la temporada con el Badajoz jugamos un amistoso contra el Atlético de Madrid de Fernando Daucik en el Trofeo Ibérico. Aquel año habían pasado por Badajoz bastantes ojeadores: el Barcelona tenía a Samitier, el Madrid a Miguel Muñoz... y yo entonces ya sonaba, aunque nunca había ido a la selección española. Por aquel entonces la selección española era un coto: Madrid, Barcelona, algo de Galicia... pero extremeños, ninguno. Vino el Atlético aquel día, 24 de junio del 59, y el Atleti nos ganó el trofeo. Cuando terminó todo, me vestí y me fui porque eran las ferias. Al salir del vestuario, me estaba esperando mi padre con un señor con pelo blanco y sombrero, muy bien puesto, que me dijo: "Chico, ven". "¿Quién será este señor?", pensé yo. Era Fernando Daucik. Me dijo Daucik: "Chico, ¿tú quieres fichar por el Atlético de Madrid?". Pensé que era una broma, no me lo creía. Le dije que hablase con mi padre, quien ya antes me había dicho que si quería jugar al fútbol tenía que salir de Badajoz porque allí no iba a ser nadie. Le dije: "Hable usted con mi padre porque ya hemos terminado la temporada y yo me voy a la feria". La feria entonces era ir a echar un baile con las chavalas y a los cacharros, no había otra cosa. Daucik habló con mi padre y así fue cómo se produjo mi fichaje por el Atlético de Madrid.

P: Y de ahí a Madrid. ¿Cómo ocurrió todo después?

R: Vinimos a Madrid en julio y firmamos con el Atlético. El caso es que a Badajoz había venido Miguel Muñoz y me vio jugar. Pensó que yo debía de estar bien, pero también que costaría mucho dinero. No se enteró que yo tenía la carta de libertad en la mano. La carta de libertad se la había pedido mi padre al presidente y lo único que él quería era que yo firmara por el Badajoz con la carta de libertad. Tuvo vista mi padre, le gustaba mucho el fútbol al hombre. Total que vinimos a Madrid, firmamos y nos vinimos a Badajoz.

Luego ya en agosto volvimos a Madrid para la pretemporada. Mis padres vinieron conmigo y estuvimos hospedados por Tetuán, cerca del estadio (Metropolitano), pero yo no me hacía a esta ciudad. Yo no había salido de casa nunca y más o menos aceptaba estar en Madrid, pero cuando se marcharon me entró una ansiedad. Me fui a vivir a Bravo Murillo y mi padre habló entonces con un amigo suyo, que tenía un hijo y se había quedado viudo, que vivía en Antonio Arias, cerca de Ibiza, para que yo no estuviera solo. Ahí me metió en una habituación con un catalán que se llamaba Oriol. Era una casa muy oscura y yo no podía estar ahí, así que llamé a mi padre para decirle que me volvía con ellos. Pero él me insistía en que tenía que seguir en Madrid.

P: ¿Se habían vuelto pronto sus padres a Badajoz?

R: Estuvieron sólo una semana en Madrid. Mi padre trabajaba, pero como era agosto tenía vacaciones. Eran mayores y Madrid no lo aguantaban. Y yo todos los días llorando a mi padre: "Que yo aquí no puedo vivir, que no puedo aguantar". "Chico, quédate que tienes un contrato", me decía él. Me quedé en Madrid pero me busqué otro sitio. Tenía unos tíos que vivían en Cuatro Caminos, pero se acababan de comprar un piso detrás de La Paz, en Virgen de Begoña. Les faltaba sólo un par de meses para que se lo entregaran, pero yo no quería esperar. Tenían un hijo de mi edad y vivían en una casita baja, muy pequeña. Vivíamos en un bajo y el piso tenía un pasillito, cocina y salón-comedor. En el salón-comedor dormía el niño. Pero mis tíos nos dejaban su cama de matrimonio y ellos se pasaron al salón-comedor. ¡Bueno, un espectáculo! Al menos había un ambiente familiar.

Aguantamos en Cuatro Caminos un mes y medio y luego ya nos mudamos a Begoña. Eran casas más grandes, de tres o cuatro pisos. Vivíamos en un primero y teníamos un cuarto para los dos con dos camas. Mis tíos tenían su cuarto, más el baño, salón-comedor, la cocina.... era una casa más familiar con un ambiente más familiar. Gracias a eso pude quedarme en Madrid porque si no me hubiera marchado.

P: ¿Cuáles fueron sus primeras sensaciones cuando se puso la camiseta del Atlético de Madrid? Imagino que impresionaría el Metropolitano, con su Gradona para 30.000 espectadores...

R: La verdad es que llegas asustado, sobre todo tratándose de un crío de 19 años. No es como ahora, que los futbolistas están más espabilados. Yo le trataba de 'usted' a los compañeros: a Collar, Peiró, Mendonça, Miguel González, Pazos, Heriberto Herrera... En el Metropolitano, el vestuario local estaba entrando a la derecha y el visitante a la izquierda. A los que habíamos firmado ese año nos metieron en el visitante, salvo a Griffa, que se fue al de la derecha. Llegamos al equipo Griffa, Polo, Amador, Miguel Jones y Oriol, que no estuvo nada en el Atlético porque no cuajó. Además de mí, claro. Lo he contado varias veces: en aquel vestuario de la izquierda estábamos Polo, Amador, Jones, los dos o tres del amateur que subían a entrenar con el primer equipo y yo. Nos dieron una camiseta y un pantalón, pero botas las llevaba yo. Total, nos estábamos vistiendo: sale uno, sale otro y yo allí esperando en el banquillo. ¡No avisaron de que había que salir a entrenar! Me quedé yo solo y dije: "Qué hago yo aquí?". Estaba mi padre esperando fuera y, al ver que no salía, vino al vestuario y me dijo: "Pero chico, ¿qué haces que ya están todos dando vueltas por el campo?". "¿Cómo? A mí nadie me ha dicho nada", respondí. Me cogió de la mano y me llevó por el túnel que salía detrás de la portería. Me cogió y me empujó para meterme con el grupo a entrenar.



P: ¿Cuáles fueron sus impresiones sobre Daucik en los entrenamientos?

R: Yo no sé si es que le gustaba la juventud o me había visto condiciones, pero me empezó a poner en los partidos. Fuimos a Santander para jugar un amistoso: ganamos 3-2 y yo metí dos goles. Luego hicimos una gira por Italia: estuvimos en Roma, Florencia... Daucik me puso todos los partidos y marqué goles. Yo entonces marcaba bastantes goles. Era interior adelantado, aunque he jugado de todo. Hasta de líbero en el último año, cuando se lesionó Pereira.

El caso es que venía mucha gente al Metropolitano a ver el entrenamiento. Una tarde Daucik puso al primer equipo contra el carro del pescado, como yo les llamaba, que éramos los pobrecitos: Jones, yo... los que no jugábamos, vaya. Pero en una de esas le metí un gol a Pazos y hubo un murmullo en la grada. La parte de abajo se llenaba en los entrenamientos y la gente empezó a ver algo en mí, a ver que ese chico podía hacerse un hueco en el equipo. A Griffa era imposible pasarlo: te empujaba, te agarraba, te daba patadas... pero en el segundo tiempo le hice otra jugada muy parecida desde fuera del área. Tiré, la pelota dio en el larguero y entró. Entonces la gente ya empezó a aplaudir. "¿Por qué aplauden, si yo no he hecho nada?", me preguntaba.

P: Creo que el debut oficial salió a pedir de boca...

R: Llega ese primer partido de Liga y Daucik me pone en Las Palmas. Ganamos 0-3 y yo marqué el primer gol en el minuto 12. Luego fue el debut en el Metropolitano contra el Sevilla. Se pone enfermo Miguel González y Daucik me hace jugar de extremo derecho. Estaba Álvaro, que era el hermano de Ramiro y había sido internacional con Brasil, pero el bueno era Álvaro. Lo sacó de 8 y a mí de 7. ¡Si yo de 7 no había jugado en mi vida! No sabía qué hacer. Me metí en el área cuando había centros, saltaba y me tiraba por todos lados. La gente aplaudía porque veía que tenía ganas. "Si esto es lo que quiere la gente, pues esto voy a hacer", pensé.

En los partidos de casa, cuando centraban Collar, Polo o Miguel, íbamos al remate. Yo me metía ahí en el follón con todo el mundo. El campo estaba embarrado y salía lleno de barro muchos partidos. Digo: "Aquí lo que hay que hacer es dar el callo todos los domingos". Yo creo que a esto sé jugar. Así empezó la cosa en el Atleti... y así hasta el 1 de septiembre del 76, después de 17 temporadas en Primera.

P: Pero han pasado muchas cosas entre medias...

R: Sí, muchísimas.

P: Usted ganó diez títulos con el Atlético y el primero fue en su primera temporada, contra el Real Madrid en la Copa...

R: Sí, la Copa del Generalísimo en el año 60. La final la jugamos contra el Madrid en Chamartín y ganamos 3-1. Y al año siguiente, otra Copa, de nuevo contra el Madrid y en Chamartín (3-2).

P: Y en su primera temporada, en las semifinales de Copa, tengo entendido que le hizo tres goles al Elche...

R: ¡Yo también hice un hat-trick de esos! Antes no había hat-tricks, sino que habíamos metido tres goles. Yo soy el máximo goleador del Atlético en la Copa (27 tantos). Ese hat-trick fue contra el Elche en el Metropolitano (ida de semifinales). Ganamos 8-0 a un Elche que entonces tenía un equipazo: César, el que estuvo en el Barça; Cayetano Ré, Cardona... La otra semifinal fue Real Madrid-Athletic de Bilbao. Ganó el Madrid de Miguel Muñoz. El Athletic le había ganado 3-0 en la ida y ya pensábamos que nos iban a tocar los vascos en la final, pero en la vuelta el Madrid le metió (8-1).

P: Y después de las dos Copas seguidas, al año siguiente el primer título internacional, ¿no?

R: Fue la Recopa del 62 contra la Fiorentina. Se tuvo que jugar un partido de desempate porque empatamos a uno en Glasgow, aunque luego ganamos 3-0 en Stuttgart.

P: ¿Qué recuerdos guarda de esos primeros títulos con el Atlético de Madrid?

R: Yo no pensaba que pudiera ganar una Copa y menos contra un Madrid que venía de ganar cinco Copas de Europa. Un Madrid en el que estaban Di Stéfano, Puskas, Gento... un equipo impresionante. En aquella primera final empezó marcado el Madrid (Puskas en el 20') y nosotros seguimos ahí: 'pum, pum, pum'. Lo vieron tan fácil que cuando se dieron cuenta les habían metido tres goles y les habían ganado el partido. Alfredo (Di Stéfano) decía que era el único título que no había ganado y que ese año (1960) lo iban a ganar. Cuando terminé el partido le dije: "Este año no lo has ganado". Y al año siguiente lo mismo. Luego él ya pudo ganar la Copa del Generalísimo en el 62, contra el Sevilla. Nosotros ese año ganamos la Recopa y entre medias de los dos partidos fue el Mundial de Chile.

P: Un Mundial que supuso su debut con la selección española...

R: Yo ya había jugado con la selección B cuatro o cinco veces, pero nunca en la selección A. Debuté contra Brasil (6 de junio, derrota por 2-1). Hace poco lo comentaba con Luiz Pereira: le dije que mi debut con la selección podía haber sido el mayor premio del mundo. Marqué un gol, me anularon otro. Si hubiéramos ganado con esos dos goles míos, habría sido el héroe...

P: España llevaba un gran equipo a la cita de Chile, ¿no?

R: Pues sí. Lo que pasa es que Pablo Hernández Coronado, que era el seleccionador, llevaba ya el equipo hecho de España y Helenio Herrera, el entrenador, puso a las figuras: Garay, Santamaría, Vergés... era un equipo que no era demasiado mayor, pero no había savia nueva. El míster quería recuperar a Di Stéfano, que estaba lesionado, pero no se recuperó a tiempo y fue Puskas quien jugó de delantero. Era un equipo ya cansado tras una temporada larga. Vinieron también Echevarría, Araquistain, Reija, Rivilla... En la media estaban Segarra y Garay. Arriba, Sol, Luis Suárez, Puskas, Collar y Gento. ¡Un equipo de ensueño! El primer partido fue contra Checoslovaquia y perdimos 1-0. Los italianos (Suárez, Peiró y Del Sol) no querían saber mucho de meter el pie y a Eulogio Martínez, que en paz descanse el pobre, le había puesto Helenia Herrera una dieta que le había quitado nueve kilos. No podía ni andar. Era un jugador fuerte y lo sacó de delantero centro. Después del partido, hicimos un partidillo entre los titulares y los que no jugábamos y cogimos a tres o cuatro de un equipo de allí de Chile para rellenar a los que faltaban. Recuerdo que estaba también Pachín, que era rapidísimo. Volvimos un poquito loco al primer equipo porque corríamos más que ellos y les ganamos. A Helenio Herrera no le gustó lo que vio, pero Hernández Coronado dijo que el equipo era ése y era ése.

P: En aquel Mundial de Chile, España plantó cara a la selección brasileña de Pelé y Garrincha, ¿no?

R: Lo comentaba el otro día con Luiz (Pereira) y me dijo que el árbitro -el chileno Bustamante- estaba tocado porque, además del gol que me anularon, que era imposible de anular, hubo otra jugada aparte en la que nos perjudicó. Fue una falta en la que el defensa izquierdo (Nilton Santos) le hizo falta a Collar dentro del área. El árbitro estaba a un metro de la jugada, pero el defensa se sale del área y no pita penaltio. O sea, un penalti que nos quitó más el gol que nos anuló. ¡Unas cosas! Pero como estábamos allende los mares y no había televisión ni había nada... Ese fue mi debut, para mí fue una alegría.

Recuerdo que (Sigfrid) Gracia, el defensa lateral del Barcelona, tuvo marcado muy bien en el primer tiempo a Garrincha. A los brasileños no les gustaba nada que los marcaran. Antes del descanso le dio un pequeño tironcito a Gracia. Se quedó medio cojeando. Cuando se llegaba al descanso, como no había cambios, se pasaba un delantero a la defensa y al cojo a la delantera. Pero Helenio Herrea no lo hizo y dejó a Gracia de lateral. Lo único que el líbero, que era Echevarría, estuviera cerca de Gracia. Y en cuanto Garrincha cogió la pelota y vio que no nos marcaban, nos armó un pitote de narices. Ahí quizás el míster no estuvo listo. Perdimos por esas cosas del fútbol porque lo del árbitro fue... lo reconocen hasta los brasileños, así que imagínate.


P: Pese a la derrota, por lo que me cuenta, debió de ser grata su experiencia en el Mundial con la selección española. Pero, volviendo al Atlético de Madrid, luego volvió a jugar dos finales de Copa consecutivas...

R: En la temporada 1963/64, que perdimos contra el Zaragoza en Chamartín (2-1), y al año siguiente ganamos por 1-0. Era el Zaragoza de los Cinco Magníficos: Canario, Santos, Marcelino, Villa y Lapetra. Tenía un equipazo porque además de esa delantera, también estaba Violeta, que jugaba en la media, y Santamaría de defensa. Tenía muy buen equipo. Y después de esas dos Copas, fuimos campeones de Liga en el 66 con Domingo Balmanya.

P: Ya entonces con Luis Aragonés, que había llegado al Atlético en 1964...



R: Aquel entonces había un secretario técnico, José María de la Concha, que fue quien trajo a Luis Aragonés del Betis y, junto a él, a Colo y José Miguel Martínez, que en paz descanse también. Colo hizo unas buenas campañas como lateral derecho. Llegó cuando Rivilla ya estaba que si se retiraba o no se retiraba. Antes los fichajes no eran 'vendo cuatro y compro seis', como estas cosas que se hacen ahora. No. Antes se fichaba buscando al jugador que te faltaba para un puesto determinado, y Luis vino cuando ya se había ido Peiró. Cuando se fue Peiró (1962), me pusieron a mí de 10 y a Mendonça de 8, hasta que llegó Luis. Entonces pusieron a Luis de 8. Se pelearon los dos por el 8 y al final se lo quedó Luis y Mendonça, el 9. Cuando se había ido Vavá (1961), a Mendonça lo pusieron de delantero centro, con Collar de extremo y Ufarte a la derecha.

P: En el 66 ganó usted su primera Liga con el Atlético de Madrid...

R: Fue el campeonato de Liga que ganamos en Barcelona contra el Espanyol de Di Stéfano (0-2). Había ganado también el Madrid, que le metió cinco al Mallorca (5-1), y, si no ganábamos nosotros, se la quedaba el Madrid. Fue en abril y luego en verano nos fuimos al Mundial de Inglaterra.

P: Un Mundial al que España acudía como una de las favoritas tras haber ganado la Eurocopa...

R: Villalonga llevaba prácticamente el mismo equipo que en la Eurocopa, un equipo hecho, pero no le funcionó. Nos pasó lo mismo que en Chile. Fueron a Inglaterra los tres italianos: Peiró, Del Sol y Suárez. El entrenador metió a Pirri contra Argentina en el primer partido, que perdimos (2-1). Estaban también Iribar, Zoco, Ufarte, Gento... Luego ganamos a Suiza (2-1) y en el último partido nos la jugábamos contra Alemania: era ganar o irnos para casa. Villalonga sacó a Lapetra, Fusté, Glaría, a Reija, a mí... cinco o seis nuevos por lo menos.

El caso es que yo no me había visto nunca jugar y un vecino mío tenía en vídeo aquel partido contra Alemania. Me dice: "Vente a verlo". Aquel día me lesioné y estuve bastante tiempo cojo pegado al linier. Me rompieron el tobillo, pero como no podían cambiar, tuve que seguir en el campo. Me dicen: "Hiciste un primer tiempo que el locutor sólo hablaba de ti". Y luego cuando me vi en el DVD dije: "Joder, ¿ese soy yo?". Villalonga me puso como falso extremo derecho. En un momento del partido, en el minuto 30, el locutor dice: "Hay que ver el partidazo que está haciendo Adelardo porque se está moviendo por todos lados". Faltaban tres minutos para el descanso, cuando un alemán se me tiró por detrás y me cazó el tobillo.

P: ¿Cuándo vio aquel DVD?

R: Debió de ser hace unos diez años.

P: ¿Hasta entonces nunca se había visto jugar?

Como antes no había cambios, tenías que aguantar y quedarte en la banda. ¡Iba como el Cojo de Huelva!
R: Un partido completo no. Vi en el NODO los goles que marqué contra Brasil en Chile -sólo uno subió al marcador porque el otro fue invalidado por un inexistente fuera de juego-. Del NODO sacaron una copia y me mandaron un extracto del partido. Se me veía muy activo. El entrenador me lo decía: "Cuando no tengas la pelota, a marcar al contrario; y cuando la tengas, a jugar y a marcar gol". El fútbol es eso.

En Inglaterra, contra Alemania, me quedé con la sensación de que había hecho un partido bastante bueno, pero caímos antes de tiempo. Y volví aquí lesionado y estuve escayolado durante quince días. ¡Cómo me dejaron el tobillo allí en Birmingham! El médico de la selección me lo empieza a ver en el descanso y yo no me lo podía ni tocar. ¡Horroroso! Y como tenía que salir al campo, me puso un vendaje de esos tan aparatosos con esparadrapo. Por lo menos para que no moviera el tobillo. Entre el esparadrapo aquel, la media y luego la bota, que casi no me la podía ni atar... Así que salí y me quedé en la banda estorbando porque no podía hacer nada. ¡Iba como el Cojo de Huelva! (Risas) Total que cuando termina el partido, me voy a la caseta, me quito la media... ¡mira, la hinchazón había reventado todo el esparadrapo, que era un ocho! Se había abierto. Me llevaron a una clínica y me escayolaron allí al día siguiente. Llegué aquí con el pie escayolado y así estuve quince días.

P: Y después de aquel Mundial, ¿qué pasó?

En el 68 tuve tifus y me casé. Entré en una forma muy baja porque como hasta entonces no podías catar...
R: Hubo una temporada para mí muy mala que fue la 1967/68. Murió mi padre y yo cogí la enfermedad del tifus. Estuve en el hospital 40 días con un tratamiento. Esto fue en invierno después de un partido en Sabadell, donde yo no pude jugar porque llegaba con unas fiebres muy altas. Estaba en la cama del hotel y empapaba el pijama de sudor... ¡pero sin hacer nada! Ellos se fueron a jugar a Sabadell y yo le pregunté al doctor Ibáñez: "¿Y yo qué hago?". "Tú te quedas aquí y en cuanto volvamos, te recogemos y al tren", me respondió. Yo me quedé allí, me recogieron y al llegar a Madrid me hicieron una analítica y me detectaron la enfermedad. Me pusieron un tratamiento en el que cada cuatro horas me tenía que tomar unas pastillas y no podía comer nada. Mi pobre tía, que era la que me cuidaba, me daba las pastillas y gracias a eso me salvé porque estuve muy mal. Ese año jugué la parte final de la temporada, cuando empezó la primavera. Tengo una foto en la que se me ve en el Calderón en pantalón corto porque ya había sol. Se me ve en los huesos como si fuera una cadáver. ¡Con todo lo que tengo ahora de gordo! (Risas) Si no hubiera tenido tifus, habría pasado de los 600 partidos oficiales con el Atlético de Madrid. Al final fueron 587, que no está nada mal.

Pero ahí no termina la cosa porque ese mismo año, en el que estaba Miguel González de entrenador antes de que llegara Marcel Domingo, también me casé. Antes, el que se casaba, iba para abajo en picado porque cogías una forma muy baja. ¿Por qué? Porque como hasta entonces no podías catar y ya luego cuando tenías una mujer en casa, pues catabas (Risas) Ese cambio de vida se notaba mucho en todos los jugadores.

P: Pero todo cambió a partir de aquel verano del 68, ¿no?

Marcel Domingo quería un medio de ataque, y yo le respondí
R: Llegó entonces Marcel Domingo, que nos hizo campeones de Liga en la 69/70. El caso es que después de aquel tifus, el secretario técnico le dijo al club que me dieran la baja porque yo ya no servía para jugar al fútbol. No me echaron porque yo había renovado por tres años y faltaba uno para que se me acabara el contrato. Entonces alguien de arriba dijo que cumpliera ese año, a ver qué pasaba, y que luego, si la cosa no funcionaba, me iba a la puñetera calle. Total que llega Domingo y le dice al club que le falta un medio de ataque. Cogió al equipo antes de que terminara la temporada. Le trajeron aquel medio de ataque, un argentino que se llamaba Cabrero. Fuimos a Badajoz al Trofeo Ibérico y a mí me puso de 4. Delante jugaron Luis, Irureta, Ufarte y Salcedo. Perdimos contra el Benfica y cuando llegamos a Madrid le dijo al secretario técnico: "No busques más medios que ya tengo uno". "¿Cómo que ya tienes uno si te hemos fichado a Cabrero". "Yo ya tengo al medio de ataque". Le debí de responder en un partido y Marcel Domingo, el hombre, confió en mí. Yo seguía sus instrucciones.

Ahí empezó mi segunda etapa en el Atlético. Tuve una primera fase de juventud, de trabajar muchísimo y de meter goles, y una segunda etapa de más posición en el campo, de saber estar, de correr lo justo cuando fuera necesario. Esas son las dos etapas que yo he tenido en el fútbol. Prueba de ello es que hasta el 76, cuando me retiré, estuve jugando de titular. Trajeron a Cabrero, que se creía que era fácil jugar aquí. Era como aquella zarzuela de Hace tiempo que vengo al taller y no sé a qué vengo. Pues él igual porque no jugaba.

P: Y siguió usted jugando también con Max Merkel, el famoso Míster Látigo...

R: Llegó Max Merkel en el 71 y yo jugaba todos los partidos de Liga. No tuve ni una lesión ni tuve nada. Primero fuimos campeones de Copa (1972) y luego de Liga (1973). Fuimos a Sevilla a jugar un partido contra el Betis y me dijo Merkel: "Capitano, hoy descansas porque tenemos luego la Copa". Y yo le dije: "Míster, yo juego; es una liga completa". Siempre, por H o por B, había tenido lesiones o alguna cosa y no había jugado ninguna temporada completa. Así que dije: "Esta temporada la juego completa". Y el hombre, que me conocía bien, me decía: "Pues sal".

P: ¿Hacía honor a su fama de duro?

R: Recuerdo el primer entrenamiento con él. Yo tenía 32 años y cuando acabó ese entrenamiento, pensé: "Yo no puedo jugar al fútbol con este hombre". Los entrenamientos eran durísimos. Claro, así luego nos puso a todos al cien por cien. "A mí éste me retira del fútbol", pensé. Sin embargo, jugué todo el año con él y no tuve ningún problema. Acudía a él y le decía: "¿Míster, me da usted permiso para ir al cine?". "Capitano, usted no tiene que pedirme permiso". "No, por si acaso llama alguien y dice que me han visto a las doce de la noche o a la una salir por la Gran Vía". Si voy por la Gran Vía era porque estaba en el cine.

En definitiva, Merkel fue un gran entrenador. Estuvo un año y medio, hasta el 73. Llegó en octubre y entonces dijo que el equipo estaría al cien por cien a finales de enero. Y la verdad es que nos puso a más del cien por cien. Él tenía que continuar en el club pero le rescindieron el contrato por unas declaraciones que hizo diciendo que estaba "hasta las narices de España" o algo así. Como aquí de política no se hablaba mucho. El caso es que se marchó y a mí me dio pena porque era un entrenador que nos había hecho ganar. Se podía pensar: "¡Qué bien, ya se ha ido el Látigo!". Pero no. Y luego, a ver quién venía...

P: Y después del Látigo llegó el Toto Lorenzo en 1973. Un entrenador que también dejó huella en el club porque con él se alcanzó aquella final de la Copa de Europa en Heysel...

R: Era un entrenador muy simpático, muy agradable y muy humano. Nos trataba muy bien, había sido jugador del Atleti. Al ser campeones de Liga, entramos en la Copa de Europa con él como entrenador. Para darnos moral tenía un aparato de radio de esos grandes, que llevaba a todos lados en todos los hoteles, y ponía el Viva España. Estábamos en el hotel y cuando escuchábamos la canción, decíamos "ya viene el míster por ahí". "Venga chicos, a cantar", nos decía él. La verdad es que había una moral grande. El equipo estaba muy conjuntado y los jugadores estábamos muy unidos.

P: Antes de llegar a aquella final contra el Bayern, el Atlético eliminó al Celtic en una semifinal muy caliente, especialmente en la ida en Glasgow...

R: ¡El célebre día del Celtic de Glasgow! Nosotros antes de los partidos dábamos un paseo por los alrededores. El día antes de jugar en Glasgow (10 de abril de 1974), echamos allí un partidillo, siete para siete. Hubo un encontronazo tremendo entre Ovejero y Panadero Díaz. Dos argentinos. Les hervía la sangre a los dos. No sé qué pasó que de repente se enzarzaron los dos y dale que te pego. Ovejero, que era muy boxeador, se puso así y el otro se encaró con él... menos mal que nos tiramos encima y conseguimos separarlos. Estaban muy cabreados, pero, claro, teníamos que jugar contra el Celtic al día siguiente. La prensa escocesa lo recogió, lo publicó al día siguiente y se caldeó aún más el ambiente. Luis y yo, como capitán, nos sentamos en la mesa del comedor del hotel y hablamos con Panadero y Ovejero. Les dijimos: "Aquí hemos venido a lo que hemos venido, no a que os peleéis (…) Estos escoceses nos quieren matar, pero nosotros vamos a morir matando". Total que se dieron un abrazo y se olvidó todo.

P: Y luego en el partido, ¿cómo fue la cosa?

R: Empezó la cosa mal. La primera entrada que hace Panadero... 'pum', a la calle. Lorenzo saca a un lateral izquierdo que era Quique, que lo trajimos del Valladolid. Era el suplente de Panadero Díaz y a los diez minuitos de salir, a la calle. Ayala, que era extemo izquierdo, se tuvo que poner de lateral y faltando 25 minutos... 'pum', Ayala a la calle. Nos quedamos con ocho. ¿Y ahora quién se pone de defensa izquierdo? Me puse yo. Total que no le dije nada al enano ese (Jimmy Johnstone, de 1,57 metros). El tío me miraba como diciendo: "Huy, éste". Y le dije: "No, aquí no, en Madrid, en Madrid. Te espero en Madrid". ¡Nos lió una el enano! ¡Pero a todos! Era un jugador impresionante: rapidísimo, habilidoso... Nos volvió locos a todos.

Hubo una jugada en la que Reina despejó de puños y había un defensa solo. Sale la pelota, recojo el rechace, me pongo a correr y casi llego a su portería y casi tiro a puerta. ¡Nosotros, que estábamos con ocho jugadores! Ahora bien, luego vuélvete para atrás a marcar a tu jugador. Y me dijeron: "¿Pero dónde vas, que estamos ya acabando?". Y luego allí se lió la marimorena después del partido: nos dieron los guardias, los acomodadores, nos tiraron de todo... pero nosotros también dimos, ¿eh? Yo siempre lo reconozco, pero es que nos obligaron a dar porque, si no, nos hunden y nos matan allí. Luego les esperamos en Madrid. En el Calderón ganamos 2-0, con un gol mío y otro de Itureta, y nos clasificamos para la final.

P: Llegamos, pues, a aquella final del 15 de mayo de 1974, una de las más míticas en la historia del fútbol...

R: Nosotros llegábamos de hacer una Copa de Europa buenísima, eliminando a equipos como el Estrella Roja o el Celtic, pero el favorito era el Bayern, que tenía un equipazo. Tenía a trece internacionales: Maier, Beckenbauer, Schwarzenbeck, Müller, a aquel danés que jugaba de lateral (Johnny Hansen) o aquel de los pelos rizados que luego se fue al Madrid (Paul Breitner). Luego vi el partido años después y aguantamos al Bayern muy bien el primer tiempo. Pero luego el fútbol es lo que tiene: al final un pequeño despiste, te meten gol y te han ganado el partido. Por más vueltas que le doy, por mucho que veo la cinta, es que es imposible que nos hubieran metido aquel gol.

P: Se refiere al gol de Schwarzenbeck en el último minuto de la prórroga...

R: En el último segundo, diría yo. Había un reloj detrás de la portería y casi se había pasado el tiempo, faltaban muy pocos segundos. Parecía que el Bayern ya estaba derrotado. Su entrenador (Udo Lattek) miraba cabizbajo hacia el vestuario. Yo entonces marcaba a Hoeness. Me dirijo al Toto Lorenzo y le digo: "Míster, ¿qué hago? ¿Me voy con él o hacia atrás?". "Tú, con él", me decía. Él se iba andando por la banda y yo detrás marcándole. Llegamos a la esquina y miro así de reojo cuando veo que Schwarzenbeck tira y le mete gol a Reina. Buenoooo... el tío (Hoeness) pega un salto para celebrarlo, me salta por encima y yo me caigo al suelo. ¡Horroso!

Luego he visto el partido y dicen que tal vez pudo ser culpa de Gárate porque no bajó. Pero no fue Gárate, que estaba muerto, sino todo el equipo en sí, que no estuvo atento a esa jugada. Saca Maier de portería y saltan dos en el medio campo y la pelota sale hacia la banda. Un jugador nuestro tira la pelota fuera y sacan ellos de banda. Total que dejamos que Schwarzenbeck se acercara a la media luna, que tire, y la pelota se acaba metiendo al lado del palo de la portería de Reina. ¡Si hasta parecía que iba esquivando a los jugadores! A Miguel, el pobre, le achacan que le metieran un gol.¡Después de la gran temporada que había hecho! ¡Si es que era imparable, ni siquiera la vio! No fue culpa de Reina, ni de Gárate. Nosotros teníamos que haber parado a aquel tío en el medio campo.

P: Una pena, sobre todo después del golazo de falta que había marcado Luis Aragonés unos pocos minutos antes...

R: Diría que ha sido uno de los goles más importantes de la carrera de Luis. Me dijo: "Quieto, déjamela y ponte ahí al lado". Tira y la pelota pasa por encima de la barrera. Él ya estaba leventando el brazo antes de que la pelota entrara en la portería y enseguida yo también. Los dos lo estábamos celebrando. Fue un golazo impresionante.

P: Y luego en el desempate, sólo dos días después, el Bayern pasó por encima al Atlético (4-0). ¿Qué ocurrió?

R: Estábamos fundidos, anímicamente muertos. Yo no podía jugar: tenía una distensión en el gemelo y no podía correr. Se lo comenté a Lorenzo, pero él me dijo: "Nada. Hay que salir, capitán". Salí y en la primera jugada me rompí. Aguanté una hora, pero ya íbamos perdiendo 2-0. El equipo estaba destrozado. Nunca pensamos que ese golpe nos pudiera influir tanto, pero así fue. Y también le dijimos al médico que mirara las pastillas de los alemanes, que seguramente eran mejores que las nuestras (Risas).

P: Después de aquella final, al comienzo de la siguiente temporada (1974/75), Juan Carlos Lorenzo fue destituido y Luis Aragonés pasó de jugador a entrenador de la noche a la mañana...

R: No estaban contentos con Lorenzo por lo que fuera y, como siempre es el entrenador el que paga los platos rotos, lo destituyeron. El secretario técnico, que era Víctor Martínez, le pregunta al presidente (Vicente Calderón) que a quién ponían de entrenador. "Llama a Luis", le respondió. Total que Luis va al despacho y le dicen: "Hazte cargo del equipo, que tú puedes llevarlo porque ya tienes edad". Tenía 36 años. Y Luis lo comprendió. Nos lo comunicó después y nosotros le animamos. Gárate, Ufarte y yo charlamos con él y le dimos nuestro apoyo. De repente llega al día siguiente vestido de entrenador, con el rojo y blanco, dando vueltas al silbato, nos reúne a todos y nos dice: "Como ya saben ustedes...". El día anterior nos había dicho: "Como ya sabéis...". Les dije a Gárate y Ufarte: "Uuuh, esto ha cambiado". Se había puesto en su sitio y a nosotros en el nuestro. Nosotros creíamos en él porque tenía mucha personalidad, tanto jugador como entrenador. Y para un entrenador eso es importantísimo. Luego, además, tenía ganas e ilusión. Lo tenía todo para hacer lo que hizo en su carrera deportiva como entrenador, que fue fantástica. Tenía un carácter muy duro, pero allí donde ha estado siempre ha dejado huella.

P: ¿También tenía ese carácter como jugador?

R: Sí, siempre muy duro. Por eso él ha sido tan buen entrenador y por eso quizá yo no he sido entrenador. Yo no tengo esa personalidad que tenía él, que arrollaba a quien se le pusiera delante. Ha hecho campeones a unos, a otros… a la selección española, una selección que pasó de ser la Furia Española al Tiqui-Taca. Él hizo un equipo que daba gusto verlo jugar. Creo que la Federación no se portó bien con él porque tenían que haberle renovado cuando ganó la Eurocopa. O por lo menos haberle dado un poquito de chance.

P: Ése fue el último título de Luis Aragonés como entrenador, pero el primero había sido 33 años antes: la Copa Intercontinental con el Atlético en 1975...

R: Sí, fue en marzo del 75, ante Independiente. Tenía que haberla jugado el Bayern, pero renunció por no sé qué historia de fechas porque entonces se jugaba a ida y vuelta. Allí perdimos 1-0 y en Madrid ganamos 2-0, con goles de Irureta y Ayala. Ése fue el primer título de Luis como entrenador. Eso le dio fuerza. Luego fue campeón de Liga y de Copa con el Atlético, campeón de Copa con el Barcelona y luego la guinda de su carrera con la selección.



P: Aquella Intercontinental fue también uno de sus últimos títulos como jugador del Atlético...

R: Sí. En el año 76, que ganamos la Copa, me dijeron en el club: "Gracias por los servicios prestados". Después de 17 años. Se acabó el contrato y fuera. Me hicieron un partido homenaje en el Calderón contra la selección mexicana (1 de septiembre). Perdimos 1-0. Pero bueno, el resultado era lo de menos...

P: Pero no colgó las botas del todo porque jugó al fútbol sala con el Interviú, ¿no?

R: Y nos proclamamos campeones de España, con Amancio, Ufarte, José María García... Decían que el fútbol sala era el cementerio del fútbol y fíjate ahora cómo está el fútbol sala. Hemos llegado tarde al fútbol grande y al fútbol sala, pero hemos llegado (Risas). Estuve jugando allí unos cuantos años: me entretenía y hacía deporte. Éramos una panda de amigos muy buena.

Luego tengo una anécdota de ese mismo año (1977). Fui a Badajoz por fiestas y me hicieron jugar contra el Barcelona, sin haber entrenado yo en todo el año. ¡Y con 37 años! Yo no sé para qué me vestí, pero bueno. Jugué medio tiempo y le dije al entrenador: "Míster, yo no puedo correr detrás de Neeskens o de Cruyff. ¡Si yo ya corrí cuando jugaba contra ellos! Si quiere puedo jugar de líbero". Y él me dijo: "No, no, en el medio campo". Duré 20 ó 25 minutos. ¡Una carrera de Neeskens y casi me caigo desfallecido!

P: Pero después del fútbol sala, siguió jugando con los veteranos del Atlético...

R: Sí, y hasta hace relativamente poco. A mí me gustaba ir a entrenar un día a la semana, estar con los amigos y los compañeros. Hasta que me operaron de la cadera, que ya no he podido seguir jugando más. ¡Ay, los años!

P: Al margen de su etapa como futbolista, también ha sido directivo, ¿no?

R: Sí, estaba trabajando en el Grupo Bahía con Petón. Estuve unos añitos allí. Me mandaron de presidente al Badajoz (temporada 1997/98). Pero me vine un poco desilusionado. Teníamos un buen equipo, con Munitis como estrella, y yo me llevé allí a Peiró de entrenador, que estuvo a punto de subir al equipo a Primera. Pero entonces me dijeron que no iba a seguir porque al club lo habían comprado los argentinos (entidad Esfinge XX, cuyo administrador era el showman, empresario y periodista Marcelo Tinelli), así que me volví a Madrid desencantado.

P: Y todos estos últimos años siempre en Madrid, ¿no?

R: Cuando volví le dije a Jesús Gil que si no le importaba que viniera al Cerro del Espino para ver al equipo, para ver el fútbol. Aquí estuve unos años y ahora estoy en la Fundación Atlético de Madrid como presidente. Tengo la fortuna de seguir ligado a mi club de toda la vida.

http://www.libertaddigital.com/deportes/futbol/2014-02-21/adelardo-luis-aragones-tenia-un-caracter-muy-duro-por-eso-fue-tan-buen-entrenador-1276511294/


Última edición por Deadpool el Jue 8 Oct - 19:59, editado 1 vez

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<no> Re: Adelardo Rodríguez (1959-1976)

Mensaje por LEGANENSE72 el Miér 30 Sep - 9:32

La verdad es que hasta los ciervos y catalufos de aquellas epocas hablan de otra manera en las entrevistas que los futbolistas modernos, con historias de humildad, objetividad, amor a sus colores, situaciones epicas, de unos años para aqui escuchar a un futbolista retirado hablar de su equipo da grima en la mayoria de los casos, se les nota con poco apego, con historias muy insulsas, es gente mas profesionalizada pero que pierde el contacto con lo que son los valores del futbol, ahora su dia a dia es mas entrevistas, sesion de fotos, gilipolleces por twitter y situaciones insulsas y la prensa en ayuda porque convierte en culebrones o salvames historias ridiculas y el seguidor en muchos casos colabora en esas cosas, entrando al trapo a cosas estupidas, incluso a lo personal en la vida de los jugadores que, muchos de ellos es que tampoco parece que esten finos en sus expresiones forma de vida, sobre todo las estrellas, es increible que hayamos llegado a la situacion de que penaldo cobre 200.000 euros por twitt o que se haga el ridiculo sintiendote seguro o con desodorantes, pero es el mundo publicitario y de consumo que ha entrado en la vida de todos.

Estas historias y jugadores son los que engrandecen a los clubes y aficiones, en el futbol moderno, no da tiempo a veces ni de que te acuerdes de tu estrella, porque se pira y la mayoria dejan un enorme vacio mas allá de sus actuaciones en el campo, no hay nada mas allá que los minutos de partido en la vida de los jugadores para la afición.

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