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José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por Salazar el Dom 12 Jul - 21:33



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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por Salazar el Dom 12 Jul - 21:35

Rubén Uría: Gárate, el primer caballero
Publicado por Rubén Uría


Érase una vez un futbolista, allá por los años setenta, que, de haber nacido en Inglaterra, habría sido nombrado ‘Sir’ por Su Majestad la Reina. Aquel señor, amable, cortés, educado y discreto, disparaba las ilusiones del alma cuando vestía calzones cortos. Llevaba bordado a mano, en el pecho, un oso y un madroño, cosido a la espalda un número, el nueve, y era delantero centro del Atlético de Madrid. Un equipo que entonces no andaba pendiente de si a su estrella se vendía a otro club, más grande, porque entonces el Atlético era un grande. Aquel señor, el yerno deseado por todas las madres, el hombre al que uno siempre le compraría un coche de segunda mano sin desconfiar, representaba era una forma de vida, la caballerosidad. Los valores. Él, que coleccionaba moratones en sus piernas y fabricaba goles de museo, fue protagonista de cuentos heredados de padres a hijos, de goles con entradilla de “papá cuéntame otra vez ese cuento tan bonito“, hasta hacerse un sitio entre las familias colchoneras. José Eulogio Gárate, el hijo de Crispín, que arreglaba bicicletas, disciplinaba a las musas a base de goles y conducta ejemplar. Fue el último gran héroe de la hinchada del Atlético, su gran orgullo, el primer caballero del fútbol español. Sinónimo de la palabra elegancia, Gárate jugó a fútbol con esmoquin. Hoy camina por la vida de frac.

Hijo de españoles que emigraron a Argentina por motivos laborales, José Eulogio nació en el cinturón bonaerense de Sarandí, hasta que su familia regresó a España, al País Vasco. Los Gárate se afincaron en Eibar, su hijo se matriculó en Las Mercedarias y comenzó su andadura futbolística en los juveniles del club armero, en el que permaneció hasta su mayoría de edad. Cuando cumplió los dieciocho, mientras estudiaba ingeniería en Bilbao, un conjunto local de Tercera División decidió apostar por él. Aquel equipo era el Indauchu, de categoría amateur, en el que Gárate pudo completar el rodaje de su motor como goleador elegante. Aunque él era, en aquel entonces, hincha del Athletic. “Mi infancia la pasé en el norte y el Athletic fue mi equipo en aquellos momentos. Me gustaba mucho Garay, defensa central y el portero Carmelo, con el que tuve la oportunidad de enfrentarme en Sarriá en un Atlético – Español. Me tiraban mucho los leones”. Fernando Daucik, técnico del Indauchu, sabía que tenía un diamante en su equipo. Que aquel estudiante de ingeniería llegaría muy lejos. Tanto, que le preparó una prueba para que le echaran un vistazo los ojeadores del Atlético de Madrid, que no atravesaba una buena etapa financiera y necesitaba agudizar el ingenio para reclutar nuevos talentos. “Tengo aquí a alguien que os dejará impresionados”. En 1966, gracias al ojo clínico de Daucik y a otro ilustre de los banquillos, Domingo Balmanya, el Atlético hacía oficial la contratación de José Eulogio Gárate. “Estaba estudiando la carrera de Ingeniería, estaba en tercer curso. En aquella época el Atlético había sido campeón de Liga y tenía un equipo repleto de internacionales. Llegué con el pensamiento de ser suplente y ver a mis ídolos”. Se equivocaba. De medio a medio. El vestuario le recibió con los brazos abiertos y en tiempo récord cayó de pie entre los pesos pesados del Atlético. Introvertido, callado y respetuoso, se integró desde el primer minuto. “Menudo vestuario había en el Atlético. El jefe era Jorge Griffa, del que aprendí muchísimo. Me ayudó con los compañeros y me enseñó a sentir el fútbol y aprender a ganar. A tener mentalización”. Tras un par de partidos, se ganó la titularidad. Después, Gárate no sólo sería un buen delantero, sino que se convertiría en el mejor ‘nueve’ de la historia del Atlético, en un mito del fútbol español.

A caballo entre los sesenta y hasta bien entrados los setenta, el Atlético viviría días de vino y rosas. Con Gárate como estandarte del fútbol de altos vuelos, el Atlético cimentó una leyenda de gloria y contragolpe. Primero con gestas esculpidas en oropel, con nombres propios como Adelardo, Collar o Luis Aragonés. Después, con partidos épicos, de fútbol total y de historias con letras de oro, escritas con pie y letra de futbolistas de primer nivel como Irureta, Leal, Salcedo o Reina. Con José Eulogio Gárate como icono del fair play y de la elegancia en estado puro, el Atlético estiró el chicle de su grandeza hasta cotas inimaginables. Desplazó al Barça y amenazó el trono del Real Madrid. Con Gárate como santo y seña, la afición del Atlético disfrutó de un equipo eléctrico. “En aquella época, en cuanto a estilo, nosotros ya éramos muy contragolpeadores. Defendíamos juntos, dominábamos los espacios en el mediocampo y lanzábamos contras rápidas. Históricamente, es nuestro estilo de juego, nunca deberíamos olvidarlo en el futuro”. La era Gárate se saldó con tres Ligas, dos Copas del Generalísimo, un subcampeonato de Europa y una Copa Intercontinental de Campeón del Mundo de Clubes. Con él como referencia, como filosofía de vida, la afición del Atlético alcanzaba el nirvana. El ingeniero del gol hizo soñar al Manzanares durante once años, llenando de ilusión el Paseo de los Melancólicos. José Eulogio Gárate —‘Sir’ Gárate— consiguió ser tres veces el máximo realizador de la liga, y anotó 109 goles en 241 encuentros. De postre, adornó su currículum siendo el delantero centro titular de la selección española, donde su elegancia con la pelota también se hizo notar. El día de su debut, también. “Balmanya me hizo debutar contra Checoslovaquia. Y además, hice gol. Siempre recordaré ese día. Me hicieron un marcaje muy pegajoso, un defensa parecía chicle pegado a mi, pero tuve suerte y conseguí marcar”. Siempre tenía suerte cuando se trataba de marcar. Él lo llamaba así, suerte.

La magia de José Eulogio se acabó en la final de Copa de 1976, en un partido a cara de perro ante el Real Zaragoza, en el que anotaría un gol de cabeza, lanzándose en plancha, que arrancó una ovación del Bernabéu. Sin embargo acabaría abandonando el terreno de juego después de sufrir una entrada de Heredia, cuyos tacos le dejaron una herida en la rodilla. Jugadores, prensa y aficionados no concedieron demasiada trascendencia a aquella patada. Hasta entonces, el buenismo de Gárate había soportado estoicamente multitud de golpes, patadas, codazos y zancadillas. “A veces me dolían muchos los huesos después de los partidos, pero hoy día eso no pasaría. Hay una gran diferencia en la rehabilitación muscular de la zona, ya que el seguimiento antes no era tan completo como ahora, con las resonancias y pruebas diagnósticas. Todo diagnóstico se basaba en el tacto y era muy difícil cuando te hacían daño de verdad”. Aquella patada del jugador del Zaragoza no debía tener nada de particular, formaba parte de esa colección de moratones que las piernas de José Eulogio habían tolerado, pero esta vez no fue así. Gárate no olvidaría aquella patada el resto de su vida. No volvió a ser él mismo.

El partido ante el Elche lo confirmaría. En ese choque, El ‘ingeniero’ reaparecería, pero su rodilla no terminaba de funcionar como antes. Los médicos del Atlético le aconsejaron que se sometiera a un tratamiento facultativo, pero José Eulogio ya albergaba dentro de sí mismo el peor de los presagios. Su vieja herida de la final copera ante el Zaragoza nunca llegó a cicatrizar del todo. Un hongo acabó por afectar su rodilla y precipitó los acontecimientos. El maldito ‘Monosporium Apiospermum’ había devorado la rodilla del mejor delantero del fútbol español. Gárate, entre lágrimas, trataba de asimilar que debía colgar las botas. El Atlético de Madrid, que había fichado a dos monstruos del ‘jogo bonito’ como Pereira y Leivinha, dos que habrían formado un equipazo irresistible junto a él, se quedaba sin su emblema, sin su corazón. Todo, por un maldito hongo de nombre impronunciable. “El hongo, por lo visto, se introdujo en mi rodilla por una herida en un lance del juego, y me la infectó. Al parecer, las infiltraciones de cortisona hicieron de caldo de cultivo de esa espora y no paró de desarrollarse. Me traumatizó mucho aquello: no pude volver a jugar jamás”.

José Eulogio se despedía del área por un capricho del destino, aunque los médicos advirtieron que pudo haber sido mucho peor, porque Gárate estuvo en peligro de muerte. El delantero corrió el riesgo de padecer para siempre una enfermedad renal, a causa del abuso de antibióticos que hubo que administrarle, para combatir el hongo que le consumía la pierna. Fueron los momentos más duros de la vida de Gárate, porque incluso se llegó a especular con la posibilidad de la amputación. El hongo, el maldito hongo del nombre kilométrico, le había partido la ilusión y le había dejado el alma rota en mil pedazos. Sin embargo, logró escapar con vida de aquel misterioso hongo. Para ello, tuvo que retirarse del fútbol.

Días más tarde, con las muletas como compañeras de viaje, el caballero de la cancha se despedía de su afición en un partido homenaje. El Manzanares se llenó para ver el partido entre el Atlético —que acababa de ganar la Liga— y una selección del País Vasco. Gárate, emocionado, roto por dentro, aparecía con los ojos resecos de tanto llanto. El público del Vicente Calderón rindió tributo no sólo a un delantero centro goleador y elegante, sino a un ser humano grandioso. “Fue un día inolvidable. Iba en muletas y fue una noche de mucho agradecimiento. La afición vino a despedirme y el recuerdo fue maravilloso. Fue un homenaje precioso. Uno de los momentos más emocionantes de mi carrera”. La afición del Atlético fue la sangre que latía por las venas del corazón del que hasta entonces había sido su ‘nueve’. Aquel día se agolparon en las gradas del Manzanares, a la orilla del río, sesenta mil almas. Todas se unieron, a coro, en un grito unánime, desgarrado, agradecido, de tres sílabas:“Gá-ra-te, Gá-ra-te, Gá-ra-te…”.

Aquel día no sólo acudieron hinchas del Atlético al estadio. Abrumados por la tragedia deportiva de José Eulogio, hasta el Manzanares acudieron hinchas del Betis, del Sevilla, del Rayo Vallecano y muchos, sí, muchos, del Real Madrid. Esa fue la gran cualidad de Gárate. Su mejor secreto. La clave de su éxito. El caballero de la cancha, Gárate, fue tan temido como respetado. Tan admirado como querido. Por su afición y por sus rivales. Aquel día, el reloj de España se detuvo por un instante. Aquel día, la noche que Gárate lloró en una mezcla de rabia y felicidad, de impotencia y de alegría, España entera lloró con el nueve del Atlético de Madrid. Aquel día, toda España fue Gárate. Su inesperado adiós hizo un poco más pequeño el fútbol, y robó una parte del corazón del aficionado. Con la muerte deportiva de Gárate, una parte de la elegancia del fútbol había muerto. Una huella, una filosofía de vida. La del juego limpio. La del caballero de la cancha. La del tipo que no celebraba los goles para no ofender a los contrarios. La del que se disculpaba con los porteros rivales. La del delantero ejemplar y modélico, solo expulsado una vez en toda su carrera, por un error del colegiado Guruzeta. Gárate dejaba la imagen del yerno deseado por todas las madres. Del hijo pródigo de la afición del Atlético. Le temían muchos, pero le que querían todos. “Fui respetado porque respetaba. No iba a la guerra, iba a jugar al fútbol. Y siempre lo he entendido como un juego, respetando al contrario. Me pegaron mucho, es cierto, pero nunca devolví una patada”. ¿Nunca? “Jamás. Mis compañeros se enfadaban conmigo y me decían, pero reparte alguna hombre… Yo me encogía de hombros y les decía ¿y si les hago daño? No puedo dar patadas, no me sale”. Y nunca las dio.

A día de hoy, José Eulogio Gárate, apartado del la primera línea de fuego del fútbol, ha dado de baja su abono en el Atlético y pasa su tiempo libre paseando por el parque con sus nietas. Disfruta de la vida de sus hijos, médicos y economistas, y de vez en cuando acude a su desván para ver la camiseta que el Kaiser, Franz Beckenbauer, se intercambió con él en aquella final de la Copa de Europa un maldito San Isidro. Se siente triste por la marcha de su equipo y siente melancolía cuando recuerda ese torrente de recuerdos, ya algo borrosos, sobre su gloria en rojo y blanco. Fuera del día a día del club por su propia voluntad, no acaba de comprender la mudanza a La Peineta (“me parecerá bien si a la afición le parece bien”), no se explica la deuda del fútbol español (“con la Ley Concursal y las deudas, está la amenaza de la quiebra”) y jamás ha sido propuesto para ocupar el cargo de presidente honorífico del club (“nunca me han llamado para eso”), a pesar de que Alfredo Di Stéfano siempre defendió que no existía nadie mejor en la historia rojiblanca que Gárate para ocupar dicho cargo. “Di Stéfano dice eso porque me quiere mucho. No sé. Nunca me lo han ofrecido. El vecino cuida más esos detalles. Al final, el Madrid es el club al que aspiraríamos los atléticos en ese sentido. Aunque sea nuestro adversario y queremos que pierda, muchos atléticos deberíamos tener el sentido de club que tiene el Madrid en este tipo de cosas“. Sigue conservando una gran amistad con su ex compañero Adelardo —otro mito rojiblanco—, echa de menos a Agüero en el Atlético, se sintió afligido por la reciente muerte de Juan Carlos Arteche y sueña despierto con el regreso del que debía ser su sucesor, Fernando Torres, al Manzanares. “Estoy convencido de que Fernando volverá al Atleti. Volverá antes de lo que muchos creen”. El hombre tranquilo, educado hasta la extenuación, se siente bien pagado por permanecer en la memoria de los aficionados que le siguen parando para pedirle autógrafos. “Siempre digo que no gané mucho dinero con el fútbol, pero me siento millonario en cariño. Cómo me quiere la gente. El cariño de la afición del Atleti vale por todo el dinero del mundo”.

Hoy, su Atlético de Madrid, sometido al secuestro de su sentimiento por los ilegítimos dueños, la familia Gil, vive instalado en la mediocridad de unos dirigentes que han convertido un club histórico en una sociedad anónima histérica. Pero la afición de lo que queda del Atlético aún sigue recordando a su caballero de la cancha. A un tipo sencillo, de barrio, educado y sencillo. Sin un triste José Eulogio que echarse a la boca, el Atlético prosigue su larga y agónica travesía del desierto, donde mientras el negocio de dos sigue dando beneficios, miles de hinchas, los de Gárate, siguen recordando los viejos tiempos. En lo más alto del santoral de la sufrida afición del Atlético, José Eulogio sigue levitando sobre la memoria y los corazones de quienes tuvieron el honor de compartir su leyenda. Gárate, sentimiento rojiblanco, forma parte del recuerdo que generaciones de colchoneros transmiten, como el sentimiento de su equipo, de padres a hijos, para recordar que, antes de Gil, hubo un tiempo donde los mejores de Europa vestían de rojo y blanco. Que, en aquella época, los niños del colegio, aunque fueran del Real Madrid, querían ser Gárate en el recreo. José Eulogio, último gran héroe del Atlético de Madrid, y primer caballero del fútbol español, fue la modestia, con el nueve a la espalda. Un cromo que jamás pasará de moda en ninguna colección. Su elegancia, como sus goles, quedaron prendidos en el corazón del fútbol.

http://www.jotdown.es/2012/02/ruben-uria-garate-el-primer-caballero/

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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por Salazar el Dom 12 Jul - 21:36





Última edición por Salazar el Mar 14 Jul - 17:42, editado 1 vez

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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por Salazar el Mar 14 Jul - 17:31

Don José Eulogio Gárate

No es la primera vez que comparan a Fernando Torres con José Eulogio Gárate o con Van Basten. Algunos dicen que tiene un poco de ambos. Para los que no hayan conocido a Gárate, os mostramos unos relatos que pedimos a Señales de Humo, los cuales amablemente nos los ofrecieron.



Dichos textos, sin llegar a describir a Gárate como futbolista, dicen todo sobre él. El día que 'el caballero del fútbol' apareció en muletas en el Vicente Calderón, recibiendo el homenaje de su querida afición, obligado a retirarse debido a un hongo en su rodilla, los atléticos perdían algo más que a un jugador, perdían a un ejemplo del futbolista perfecto, tanto dentro como fuera de la cancha.



Destino Caballero

Por Jimboy - Señales de Humo

Lo recuerdo como si fuese hoy, quién diría que hace casi 30 años…
Había prisa. Mi padre me hacía ver la necesidad de acudir al Calderón el 1 de junio de 1977. "Ningún atlético que se precie podría faltar", me argumentaba, mientras que mis amigos esperaban para organizar el partido…

No habían transcurrido diez minutos y ya me encontraba acompañando a mi padre, en el asiento trasero de un Renault 12 TS azul metalizado (antes, los niños no iban delante)

Y no lograba entender por qué me pasaban a mí esas cosas, mientras que a Alberto le dejaban hacer lo que quería (incluso iba solo al campo). No paraba de pensar en ello y, cuando quise darme cuenta, estábamos aparcando cerquita del Campo.

De la mano de mi padre hice mi último intento. "Papá, es un partido amistoso y encima contra el Bilbao…"


Mi padre frunció el ceño y me dijo unas palabras que nunca olvidaré: "Hoy no vamos a ver un partido, hoy vamos a despedir a un Caballero"

Mi tío, algo enfermo, se nos unió después: "Se nos va Gárate, chaval. Se nos va y no podemos hacer nada…"

A mí me extrañaba tanta milonga. Un año antes se había marchado Adelardo (¡ése sí que era la leche!) y no se me obligó a nada. Acabábamos de ganar la liga y me salían con historias de que se nos iba Gárate…

Era el Aleti más "esplendoroso" de la historia del Club. La "casi", la Intercontinental, la Copa del 76, la liga del 77…

Éramos algo "vikingos" los chavales del Aleti en aquellos momentos. Los títulos iban por delante de los argumentos (más tarde aprenderíamos a golpes la poca importancia de los éxitos cuando uno tiene la suerte de notar la sangre rojiblanca inundando, regando su cuerpo de vida apasionada…) y éramos un GRANDE, eso nadie lo discutía.

En el estadio, sentado y con su "almohadilla escocesa" nos esperaba mi abuelo. Un hombre seco, no muy dado a efusiones; pero de esos que transmiten honestidad e integridad a raudales.

Me fui hacia él, a saludarle. Y no le hicieron falta dos segundos para darse cuenta de que "algo" me ocurría…

- "¡Es que íbamos a jugar un partido!, abuelo, y además yo llevaba el balón y…."

- "Pero es el homenaje de Gárate", me cortó bruscamente. "Hoy nadie puede faltar -(otro que se ha aprendido la milonga, pensé)-, aunque no sean atléticos. Hoy éste es el sitio de cualquiera que ame al fútbol. "

Eso me descolocó. Ya no era cuestión de ser del Aleti o no, se trataba de ser aficionado a un deporte por el que el tipo al que se homenajeaba había hecho tanto…

Cuéntame de Gárate, abuelo. ¿Fue mejor que Mendonça?

Los pequeños ojillos de mi abuelo se iluminaron. No solía sonreir; pero lo hizo en ese preciso instante. Como contento de que su nieto se interesase por su opinión.

Saltaban al campo, mientras, una mezcla de jugadores de la Real y el Bilbao. Por esas épocas no había una enemistad tan grande con los equipos vascos. Es más, era cierta simpatía (quién me diría el terror que iba a vivir con F/A en San Mamés unos años más tarde, o en Atocha…) que, en el caso del Athletic, se fundamentaba en nuestro origen y en la cantidad de grandes jugadores que habían llegado a nuestro Club procedentes de esa tierra.

En ese momento salió del túnel el "Ratón", con la cabellera al viento. Hablando con Rubén Cano (el "sustituto") y bromeando con Pereira… ¡AYALA! Grité con todas mis fuerzas, como intentando que me escuchase y se "solidarizase con mi problema"

Mira, ahí está Gárate, me dijo mi padre.

Un tipo espigado, con enormes dificultades para caminar. Se le notaba emocionado por ver el Calderón lleno y a la vez tenso por lo que se le "venía encima".

Mi abuelo se inclinó y puso la mano en mi hombro. "Don José Eulogio Gárate Ormaechea. El delantero más elegante que ha pisado campo alguno."

Sí, claro, pensaba yo. Pero a ver si le enseñan a hacer las bicicletas de mi ídolo Leivinha, o las carreras de Ayala con el balón pegado…

Como si me hubiese escuchado me espetó: Gárate es mucho más que eso. Hemos podido presumir durante años de tener en nuestro equipo a un Caballero. Alguien que no celebraba los goles por respeto al rival y que jamás fue expulsado de un campo de fútbol (se enfadó consigo mismo en ese momento), salvo el sinvergüenza madridista ese de Guruceta (añadió sin muchas ganas). Gárate significa lo más grande. Echaremos de menos el resto de nuestra historia a jugadores que aporten dignidad en el campo…

Se le denominaba "Ingeniero del área" porque no era habitual que los futbolistas fuesen gente preparada (que no solían tener estudios, vamos); pero D. José Eulogio sí. Estudiaba para ingeniero, además. Pero para mi abuelo era "ingeniero" porque desmenuzaba el área, porque comenzó a entender el fútbol táctico (no cabe ni la menor duda de que fue un adelantado a su tiempo) y ahí precisamente se basaba su éxito…

Cierto que tenía un espléndido regate, un no menos fabuloso remate de cabeza (normalmente picado) y que protegía el balón de forma muy correcta (excepto el que le robaron en la "casi" ). Sin embargo, Gárate veía el fútbol. Lo entendía perfectamente y de ahí su perfecta colocación.

Al final del partido se le ofreció el Trofeo como recuerdo. Mis palmas echaban humo, ya lo había comprendido, y mi abuelo no dejaba de mirarle, como queriendo grabar su imagen para siempre. Y lloró, con lágrimas secas, de hombre duro. Lloró por lo que perdía no ya el Aleti, sino su nieto, sus hijos, el mundo… Lo sentía no por él, sino por lo que no verían los demás.

Poco tiempo después mi abuelo abandonó "otra liga". No podría afirmarlo; pero es factible que sintiese que los suyos se marchaban

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'Jo, Gárate no juega'



Por Fran Omega - Señales de Humo

Hace poco más de un año, tuve el placer de leer, en otro lugar, el clásico de Jimboy. Me emocionó, como no puede ser de otra forma, y me provocó una especie de "contestación" en aquel foro, que reproduzco a continuación; por si sirviera de algo ... aunque recalcando que La semblanza por antonomasia es el "Destino de Caballero" de Jimboy. Un abrazo.

La historia de cada uno es la que es y, por mucho que se quiera, no se puede cambiar.

Por eso aquel niño, nacido y criado a menos de un kilómetro de un Estadio muy grande y muy feo en el que jugaban unos tíos vestidos todos de blanco nuclear, como con esa camiseta y esos calzoncillos que a él le ponían por debajo para ir al cole, ni podía explicar por qué era del Atleti.

Pero lo era, desde que tenía uso de razón y, por eso, lamentaba en su fuero interno (porque en el externo no podía, ¡¡cómo iba a ser tan desagradecido!!) que los Reyes hubiesen sido tan despistados como para dejarle aquellas entradas, que significarían la primera visita a un campo de fútbol de su vida, para ver junto a sus padres (que sabían tanto de fútbol como si acabasen de venir de la Luna) un Real Madrid-Granada. ¡Él había pedido unas entradas para el fútbol!. ¿Cómo iba a suponer que tenía que decirles a los Reyes, que lo saben todo, que él era del Atleti?.

Durante toda su vida lamentaría que su debut futbolístico fuese ése, y que incluso su traicionera memoria le obligase a recordar que terminaron 1-0, que el gol lo marcó Amancio, que el público se desesperó mucho con un portero que se llamaba Izcoa, y que ni siquiera fue un consuelo que el contrario fuese de rojiblanco, porque además de ser bastante malos, llevaban las rayas al revés, como si fuesen presidiarios.

Por eso, cuando varios meses después iba en la parte de atrás del coche del padre de su amigo Manuel; le parecía imposible que, por fin, iba a conocer el Vicente Calderón.

Era estupendo ser del Atleti en aquella época. Ni siquiera se ha inventado eso del "pupas" y, desde que podía recordar, se había puesto muy contento con la Liga del 70, la Copa del 72, la Liga del 73 y, aunque en el 74 se había puesto muy triste, cuando aquél alemán narigudo, llamado Schuarzen-nosequé, le había metido aquel gol a Reina que nos dejó sin Copa de Europa; enseguida ganaron la Intercontinental y encima aquella Temporada, la 1.975-76, habían fichado a dos brasileños cojonudos, Leivinha y Pereira, con los que seguro que iban a ganarlo todo.

¡Iba a ver al Atleti!. ¡Por fin!. A Leivinha y a Pereira, pero también a los argentinos Heredia y Ayala. Les había tenido a los cuatro en cromos, en la colección del Mundial'74. Y ahora eran del Atleti, ¡toma!. Y también tenía unos españoles estupendos: Reina, Melo, Marcelino, Capón, Alberto, Adelardo, aquel tío tan alto, tan delgado y tan feo que le hacía tanta gracia y se llamaba Eusebio ... ¡Un equipo fenomenal!.

Pero él, realmente, a quien quería ver de verdad, era a Gárate. Le había visto jugar muchas veces en la tele; con el Atleti, con la Selección ... y él sólo tenía once años y no sabía de tácticas, ni de cracks, ni de nada de eso; pero había algo en ese jugador que era distinto. Años después sabría que a aquello se le llamaba "técnica", "clase", "elegancia" ... pero entonces sólo sabía que, cuando él regateaba, no era como cuando regateaba otro cualquiera. Ni siquiera Leivinha. No podía explicar por qué era bonito verle hasta cuando se lanzaba en plancha boca abajo y sobre el barro. Había visto a Benito, ese animal de bellotas que tenía el Real Madrid en la defensa, hacer entradas brutales a todos los delanteros y ... sin embargo, cuando tenía a Gárate enfrente, jamás le daba patadas.

Sabía que no era lo mismo pero, para aquel niño, y curiosamente también para este niño que escribe ahora, era como si Gárate estuviese recubierto de esas sombras iluminadas con las que dibujaban a los ángeles en los libros.

Así que cuando llegó al Estadio, buscó desesperadamente a Gárate en el campo, ese campo que le pareció tan verde, más verde y más intenso que nunca, entre los jugadores del Atleti, que estaban calentando.

Y no le veía. Iba mirando uno por uno (ese es Leivinha, ese Pereira, ese ... ese ... ah, no, Benegas, es Benegas ...) y Gárate no estaba. Contó a los que llevaban pantalón corto, y eran once ... ¡¡¿¿dónde se había metido Gárate??!!. "Ni idea", contestó su amigo. "Lesionado", contestó su padre. "¿Cómo que lesionado?" . "Pues como siempre, hijo, como siempre" -repuso el señor- "¿O es que tú no sabes que el Ingeniero del Area tiene las rodillas de vidrio?".

Al llegar a casa, le preguntaron con mucho entusiasmo: "¿Qué tal el partido?". Y el niño apenas contestó: "Jo, no ha jugado Gárate". Luego ya sí, ya contó lo verde que era el campo, lo lleno que estaba el Estadio, lo buenísimo que era el Atleti, que le habían ganado 2-0 al Zaragoza ... ¡pero es que no había jugado Gárate!.

Publicado por Red Howard a las 10:03:00

http://www.thekidtorres.com/2008/01/fernando-torres-garate.html


Última edición por Salazar el Mar 14 Jul - 17:36, editado 1 vez

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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por Salazar el Mar 14 Jul - 17:32

Escrbió swanstaiger:

El ídolo autentico de mi padre. No deja de hablarme de él. El otro dia le mande un correo contandole que garate se habia dado de baja del abono porque estaba harto de la gestio, y me contestó esto:

\"En su partido homenaje, con 31 años, desauciado e invalido para caminar por los hongos de la rodilla, el Manzanares lleno a rebosar, el Athletic en frente (como no), año 1977, tiró las dos muletas en la banda, empujó y apartó a los que le intentaban ayudar a andar y el sólo, sín apoyarse en nadie, cruzó el campo hasta el punto central, despacio, muy despacio, con el dolor y la rabia ocultos en su gesto, a camara lenta, durante unos minutos eternos, emotivos, desesperantes, el campo de pie aplaudiendo, emocionado, llorando por dentro y por fuera, como previendo que se acababa una era, una leyenda, hasta que José Eulogio saco de centro sin caerse, chutó su propio saque de honor con su estilo incofundible de siempre, y el Estadio bramó, los miles de flashes destellaron y todos nos abrazamos a Garate...yo estuve allí, en directo, en ese momento inolvidable y único.\"



Última edición por Salazar el Mar 14 Jul - 17:38, editado 1 vez

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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por Salazar el Mar 14 Jul - 17:35



"Siempre había creído que cuando yo empecé a ver fútbol, José Eulogio se había retirado. El primer recuerdo futbolístico que tengo, aunque algo borroso, es ver una final Atleti-Zaragoza con mi tío en un bar de Cullera, donde veraneábamos durante mi infancia. Mi tío iba con los maños, por eso siempre creí que era del Zaragoza..., años después descubrí que era más blanco que la actual casa de Obama y más tarde todavía, en la “era internet”, descubrí que el gol de cabeza que tanto celebré lo había marcado Gárate.



Cuando jugaba partidos en el barrio con los amigos siempre era Capón, porque mi adorado Ayala, Gárate y Luis siempre estaban cogidos. Si hubiera sabido que de mayor me iría a vivir a Granada y me haría de la Peña Atlética José Eulogio Gárate y hubiera sido realmente consciente de lo que supuso el gol que vi en Cullera, último del mismo futbolista que honra nuestra Peña dándole nombre y primero en mi bautismo colchonero, me habría elegido siempre ser Gárate, aunque me hubiese costado pelear con todo el equipo.



José Eulogio era de esos futbolistas que no celebraban los goles. Los metía como con timidez, como pidiendo perdón por molestar y no necesitaba señalar con los pulgares su espalda, porque todos conocíamos su número y entonces no llevaban el nombre escrito. Yo no lo había visto nunca escrito, pero lo tenía grabado en la mente porque mi padre, que en gloria esté, y sus amigos colchoneros no paraban de hablar de él, por eso sentía pena durante mi adolescencia y juventud primera por no haber visto jugar a Gárate y por eso me llevé una alegría tan grande cuando descubrí que sí que lo había visto, que el gol que vi en Cullera era el Gol de Gárate.



Ahora tengo enmarcado ese cabezazo en mi memoria, para siempre, como el Gol de Gárate, su último, mi primero, ya está colocado en su sitio y tan sólo me queda esperar a que José Eulogio venga a Granada a bautizar oficialmente nuestra peña, que tan orgullosamente lleva su nombre. Ahora sé que si volviera a nacer volvería a ser del Atleti, pero cuando jugase en el barrio, sin duda, sería Gárate.

Gracias José Eulogio por haber sido y ser colchonero."

Jaime Ramos Saralegui

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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por Salazar el Mar 14 Jul - 17:37



Jugando contra el Benfica

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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por Salazar el Mar 14 Jul - 17:39


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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por Salazar el Mar 14 Jul - 17:39



1975-76 Gol de Gárate al Sporting de Gijón

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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por Salazar el Mar 14 Jul - 17:40



Con la Selección Española.

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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por Salazar el Mar 14 Jul - 17:41


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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por SambaLeivinha el Lun 3 Ago - 20:43

El ingeniero del área, fino como una gacela, listo, intuitivo, se escoraba a la izquierda trazando su diabólica diagonal, encontando por el camino un sinfin de tacos rivales buscando carnaza. No sabía esquivarlos como Cruyff, que saltaba a tiempo de ser cazado, pero después de abatido se levantaba sin rechistar, camino del área, en busca de ese remate que olía nada más salir el balón de las botas de Ufarte, de Salcedo, de Luis. Su escorzo en el remate de cabeza, casi siempre en plancha, es una imagen colgada de una vieja pared. Un cromo en el recreo era pieza cotizada, más que Nadiuska enseñando las tetas, bueno casi. Mi ídolo de la infancia. Gol de Gárate.

Quisiera trasladar aquí un soberbio artículo de José Miguel Avello López que define a la perfección a este caballero del gol, el delantero centro que todos soñábamos ser.


“Comienzo hoy con la primera de mis entradas históricas en el blog ‘Vivencias rojiblancas’, como ya anuncié en una primera entrada introductoria. Mi intención es plasmar en una serie de artículos cortos pequeñas semblanzas de jugadores y vivencias y recuerdos en general, en ocasiones meras anécdotas, de mis muchos años (desde los 70) de fiel seguidor rojiblanco para que sean compartidas por aquellos que las pudieron vivir conmigo o descubiertas por aquellos que no pudieron hacerlo, sin perjuicio de que en los artículos se deslicen una serie de imprescindibles datos objetivos. Y para comenzar, nada mejor que hacerlo con el que creo mayor icono de toda la larga historia rojiblanca, confirmado por diversas encuestas con motivo del reciente centenario del club: José Eulogio Gárate Ormaechea, conocido futbolísticamente por su primer apellido, y apodado “el ingeniero del gol”.

Para todos los niños atléticos de los años 70 Gárate era el ídolo supremo. En los partidillos del barrio todos nos peleábamos por “hacer” de Gárate. En los partidos de chapas, reservábamos la más lisa y rápida de todas para poner encima la cara, recortada del pertinente cromo, del genial delantero centro. Y su actitud en el terreno de juego, siempre educada y considerada con árbitros y rivales, a diferencia de otras actitudes más prepotentes y soberbias que luego se han desarrollado en el mundo del fútbol, nos estimulaba a seguir su ejemplo. Para no ofender a sus contrincantes, apenas celebraba sus propios goles (al igual que su coetáneo Quini), pero sí los de sus compañeros. Solamente fue expulsado una vez: el dos de mayo de mil novecientos setenta y seis, en el viejo Sarriá, en un partido que terminó ganando el Español por 1-0, con gol de Manolín Cuesta. Le expulsó Guruceta, tras “comerse” un claro penalti (uno más de los que nos privó este árbitro) sobre Leivinha, por formularle el “ominoso” comentario de: “ese penalti se lo pitarías al Madrid”. Gárate y Guruceta se conocían de sus tiempos juveniles en el País Vasco y el primero sabía (todos sabíamos) que el segundo era madridista. El público, aunque rival, sabedor de la intachable trayectoria del delantero, en lugar de mofarse de él cuando se retiraba hacia los vestuarios, como es desgraciadamente habitual, le acompañó con un conmovedor y asombrado silencio.

Era un jugador sumamente elegante en sus movimientos sobre el terreno de juego. Solía arrancar escorado hacia la banda izquierda para luego trazar una diagonal diabólica dirigida al arco contrario (años después, muchos compararon su estilo de juego en general y esa acción en particular con el campeón mundialista italiano Paolo Rossi). Siendo diestro, remataba con casi igual eficacia con ambas piernas y, sobre todo, de cabeza. No era muy alto, pero cabeceaba maravillosamente bien, se elevaba con majestuosidad y colocaba el balón con precisión. El mejor ejemplo, su último gol oficial para su equipo: tirándose en plancha, cabeceó el centro que desde la derecha le envió Salcedo y batió al zaragocista Junquera para obtener nuestra quinta Copa (históricamente, la última del Generalísimo), en el Santiago Bernabéu (casi todas nuestras Copas han sido ganadas allí), el día veintiséis de junio de 1976 (resultado final: 1-0).

Nació circunstancialmente en Sarandi, Argentina, el día 20 de octubre de 1944, estando sus padres visitando a sus abuelos, exiliados de la Guerra Civil. O mejor dicho, fue la fecha y lugar en los que se inscribió su nacimiento, ya que en realidad nació unos días antes en pleno Océano Atlántico, en el barco que les llevaba hacia Argentina. A los pocos meses se trasladaron a Eibar, donde vivió de niño y jugó en el equipo local desde 1961 hasta 1965; la temporada siguiente jugó en el Indauchu y de allí le fichó el Aleti (después de haberle rechazado el Athetic de Bilbao por no haber nacido en territorio vasco), adonde llegó a principio de la temporada 1966-1967 para permanecer once años, hasta el final de la 1976-1977. Debutó el 16 de octubre de 1966, en la sexta jornada de Liga, ante Las Palmas, ganando 2 a 1 (aunque él no marcara). En total jugó 241 partidos en Primera División (todos con nuestro club), marcando 109 goles.

También marcó quince goles más en la Copa y once en competiciones europeas. Fue pichichi en tres temporadas consecutivas, pero en todas ellas infortunadamente compartiendo galardón con otros compañeros: 68-69, catorce goles (con Amancio); 69-70, dieciséis goles (de nuevo con Amancio y con su compañero de equipo Luis); y 70-71, diecisiete goles (con Rexach). Llama la atención la poca cantidad de goles con los que se llegaba a ser máximo goleador en esta época, motivado por dos principales causas: primeramente, en la segunda mitad de la década de los 60 y la primera mitad de los 70 las tácticas defensivas, importadas desde Italia, estaban especialmente en boga, y son las Ligas con menor porcentaje de goles en toda la Historia; y en segundo lugar, el torneo estaba compuesto por tan sólo dieciséis equipos, lo que se traducía en treinta jornadas, a diferencia de las treinta y ocho actuales.

Fue internacional en dieciocho ocasiones (las dos primeras con Balmanya de seleccionador y las demás con el sempiterno Kubala). Debutó el 22 de octubre de 1967, contra Checoslovaquia, en el Santiago Bernabéu, en partido de clasificación para la Eurocopa de 1968, ganando España por dos a uno, con goles de Pirri y el primero de los goles internacionales de Gárate, de los cinco que consiguió. Los otros fueron contra Bélgica (11-12-68; 1-1), doblete contra Finlandia, en el debut de Kubala (15-10-69; 6-0) y contra Uruguay (23-5-72; 2-0 e inauguración oficial del Calderón). Su último partido fue contra Rumania, empate a uno, de nuevo en el Santiago Bernabéu, el 17 de abril de 1975. Parecen pocos partidos internacionales para un jugador de su categoría, a lo que contribuyen en mi opinión diversas causas: en esa época se celebraban muchos menos partidos internacionales que ahora, ya que las fases de clasificación eran contra dos o tres equipos, y no contra cinco o seis como ahora; además, España no se clasificó en esos años para ninguna Eurocopa o Mundial, lo que al no disputar fases finales hacía que se jugaran aún menos partidos; y finalmente, la táctica preferida por entonces era el 4-3-3, con dos extremos muy abiertos y un solo delantero centro, puesto que tenía que pelear con otros destacados arietes de la época como Quini o Santillana (lo que motivaba acaloradas discusiones en los colegios entre los niños madridistas y los atléticos sobre cuál de ellos debía jugar en la Selección). Precisamente en su último partido como internacional, para encontrarles acomodo a ambos, Kubala experimentó con una táctica entonces muy inusual como era la del doble delantero centro, con Rexach y Rojo I en las bandas. No prosperó el experimento.

He leído en varias entrevistas que a Gárate aún le duele después de tantos años que se le achaque injustamente (y prácticamente muchos le recuerden sólo por eso) la pérdida de la final de la Copa de Europa en 1974 contra el Bayern de Munich, cuando le reprochan que se quedara tirado en el área rival y no bajara a defender al central Schwarzenbeck, lo que le permitió disparar en el último minuto el zapatazo que batiera a Reina. Creo que tales críticas son del todo punto injustificadas, ya que recordemos que estamos hablando de un futbolista que no era especialmente dotado en el aspecto físico, que estábamos en el último minuto de la prórroga y que acababa de realizar un exigente sprint hacia el marco rival, para dejar sentenciada la final. No se quedó tirado a tomar el sol, se quedó acalambrado y exhausto. Hoy en día, los compañeros hubieran hecho gestos y aspavientos al adversario para que echaran el balón fuera y le atendieran, pero…no se hizo así. Y además, había diez compañeros más para detener al central alemán.

En enero de 1976, jugando en Elche, en el viejo Altabix, el lateral Indio le hizo una entrada que le causó una herida en la rodilla. Siguió jugando, pero a principios de la temporada siguiente tuvo en dicha rodilla unos raros y persistentes dolores. No jugó prácticamente nada en toda la temporada 1976-77, la de su adiós, apenas veinte minutos sustituyendo al que a su vez habían fichado como sustituto suyo, Rubén Cano, contra el Barcelona, después de llevar ya el partido encauzado por un claro 3-0, el día 24 de octubre de 1976, séptima jornada (lo que motivó añadir un título más a su impecable trayectoria, ya que esa temporada el Aleti ganó la Liga).

(Inciso: la lesión de Gárate se produjo contra el Elche, pero no en Altabix, sino en el partido jugado en el Manzanares el 1º de febrero de 1976).


Durante todos esos meses, los pocos (igual que ahora) niños atléticos de la clase devorábamos en grupo en los periódicos todos los avatares de la extraña lesión de nuestro ídolo. Recuerdo particularmente un extenso artículo del “ABC”, ilustrado tan sólo con un sombrío dibujo de busto hiperrealista, lo que añadía dramatismo a las pésimas noticias. Después de muchas pruebas se detectó por casualidad (una de las muestras que le habían hecho y que habían tirado a la papelera cultivó un hongo) que los dolores los causaba un extraño hongo, Monosporium Apiospermum, que le había penetrado por la herida de la rodilla y que, lejos de haber sido combatido, había sido alimentado por la cortisona con la que estaba siendo tratado de forma equivocada. Cuando se detectó la causa, se probó un nuevo medicamento holandés, prohibido en España, que curó la infección en veinte días. Había estado en peligro su vida. Como relata conmovedoramente el gran Petón en su maravilloso libro ‘El fútbol tiene música’, se llegó a plantar delante de los doctores implorando que le cortaran la pierna, exhausto de padecer inhumanos dolores, él que había soportado patadas de los defensas sesenteros y setenteros más aguerridos (eufemismo de leñeros). Pero ya era tarde. Había salvado la vida y la pierna, pero había perdido la carrera de futbolista. La articulación había quedado carcomida y tenía una artrosis para toda la vida, que motivó que en su emotivo homenaje contra la selección vasca, el uno de junio de 1977, tuviera que salir apoyado en muletas (con el estadio repleto, incluso por madridistas, que querían darle un último adiós) y que desde entonces apenas pueda permanecer en pie.

Así recuerdo al que fue el mayor de mis ídolos futbolísticos de infancia. Un caballero del gol y, en mi opinión, máximo exponente de la idiosincrasia atlética”.

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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por Salazar el Lun 10 Ago - 0:06

@SambaLeivinha Me ha gustado mucho el artículo de José Miguel Avello.

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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por SambaLeivinha el Lun 10 Ago - 2:17

@Salazar escribió:@SambaLeivinha Me ha gustado mucho el artículo de José Miguel Avello.


Me alegro que te haya gustado. En su día un forero de la otra margen del río me comentó que el artículo se publicó en la revista Jotdown, pero no he llegado a comprobar este extremo. Lo que sí sé es que está escrito con alma y desde el alma, y son estos relatos los que me conmueven, porque además yo fui uno de esos niños que siempre me pedía "ser" Gárate en los recreos. Éramos pocos, la verdad, en un colegio de curas rodeados por niños madridistas, con sus caras de ser siempre los más listos y los más guapos, pero había peleas por los cromos y las chapas. Tenía el colegio varios campos de arena y allí empecé a lanzarme en plancha a cada pelota que pasara por mis "dominios", a semejanza del ídolo. Las lógicas heridas en las rodillas eran parcheadas por mi santa madre con mercromia y a otra cosa, eso sí tras los consiguientes varapalos morales: "ten más cuidado, hijo, que no gano para rodilleras".

Por otra parte, en lo que respecta a la lesión de Gárate, un día pude leer de sus propias palabras que fue la cal de la línea de banda (del Calderón, no de Altabix) la que, al penetrar por el hueco que el clavo de la bota de Indio le había hecho en la rodilla, infectó la herida y cultivó ese extraño y maldito hongo, no la muestra que menciona Avello en su relato. La cal de la línea de banda, para flipar en colores. Era su Destino, estaba escrito. Y coincido con Avello en que para mí, Gárate ha sido el mejor delantero centro de la historia del Atlético de Madrid.

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<no> Re: José Eulogio Gárate: el ingeniero del gol (1966-1977)

Mensaje por Loquesea 2.0 el Vie 26 Feb - 11:48

Gárate: «El mejor Atlético de la historia es el de ahora»
Publicado por Álvaro Corazón Rural
No podemos decir que sea algo habitual que a un jugador de fútbol se le recuerde por su elegancia y su saber estar. A José Eulogio Gárate nunca le han faltado elogios como killer del área, pero cuando se habla de su carrera, el detalle, la apostilla, siempre trae a colación recuerdos como que no celebraba los goles por respeto a los rivales. Treinta años después, las formas de Gárate siguen llamando la atención. Es cumplidor, puntual y muestra gratitud por nuestro interés. Lo que se dice un caballero de otro siglo. Su Atlético fue el mejor de la historia para muchos aficionados, aunque a él le gusta más el del Cholo Simeone. Otro gesto de generosidad. Desgraciadamente, salió del fútbol por una lesión inverosímil, más propia de un capítulo de House, pero supo seguir con su vida.
Nació en Argentina. ¿Cómo terminó allí su familia?
Mi abuelo fue teniente alcalde republicano de Eibar. Con la guerra tuvo que huir a Francia y de ahí se marchó a Argentina. Pero mi padre se quedó aquí porque estaba trabajando y más adelante se casó. Tiempo después, en una ocasión decidieron ir a visitar a sus padres y se quedaron allí durante la posguerra. España atravesaba momentos de dificultad, de carestía de comida, problemas de alimentación… de todo. Se quedaron allí porque Argentina entonces era un paraíso. Era el granero del mundo, se decía, pero es que era verdad. Allí había trabajo para todo el mundo y abundancia de todo. Yo nací allí en 1944 y en el 45 mis padres volvieron a Eibar. Así que yo me considero eibarrés.
En sus inicios en el fútbol estuvo con ficha de amateur hasta en Segunda División.
Yo empecé a jugar al fútbol en el colegio. Antes, en los inicios de los años cincuenta, solo había fútbol. Baloncesto había en las capitales, pero en los pueblos no. Ni balonmano, ni tenis, ni nada. Todos los niños del colegio jugábamos al fútbol en una época en la que, como se habrá contado en miles de ocasiones, el balón si no era de cuero era de papel. Jugabas al fútbol con lo que podías y así empecé a aficionarme. Luego, cuando hice el bachillerato y empecé con el ingreso en Ingeniería, mi padre quería ante todo que estudiara. Si podía compaginar el estudio con el deporte, mejor. Pero inicialmente quería que yo tuviese una carrera. Sin embargo, yo tenía muchísima afición. Y como aprobé todos los exámenes selectivos para la escuela de ingenieros, me dieron permiso para jugar en el juvenil del Eibar, porque entonces se necesitaba la autorización de los padres para jugar.
En cualquier caso, como tenía que compaginar los estudios con el fútbol, yo no entrenaba. Solo iba el fin de semana a jugar el partido. Luego ya pasé al Eibar en Tercera División categoría nacional, que venía a ser la 2.ª B actual, y después de dos años fiché por el Indauchu en segunda, pero siempre, efectivamente, como amateur, porque no podía tener la obligación de entrenar. En Segunda entrenaba un día a la semana. Todo esto me pasó factura. Hoy los chavales que se inician en el fútbol están entrenando desde los diez u once años, así adquieren una preparación y un físico adecuado. A mí me faltaba resistencia. Tenía condiciones, pero mi cuerpo no estaba trabajado desde la niñez o desde la juventud para aguantar los partidos enteros a un alto nivel. Fue uno de mis puntos flacos.
Usted no quería hacer la mili y eso condicionó su salto a Primera.
Yo era de pueblo, del norte, yo quería estar en el Athletic de Bilbao. Era el equipo de nuestro entorno, de la zona, el equipo de los vascos, y ellos querían ficharme. Piru Gaínza, el entrenador, me decía que me daba todo lo que quisiera, libertad para entrenar y estudiar, para compaginar el fútbol con mi vida. Pero el problema fue que para fichar por el Athletic de Bilbao me tenía que hacer español. Yo había elegido la nacionalidad argentina porque la mili me parecía una pérdida de tiempo. El Athletic la verdad es que fue muy honesto, se portó conmigo como un verdadero caballero. Y yo no tenía ningún problema en hacerme español, pero no quería ir al servicio militar. Ellos lo intentaron, contactaron con la Capitanía General de Burgos, pero les dijeron que no. Luego el Atlético de Madrid fue más hábil y me consiguió la nacionalidad española sin tener que hacer la mili. En la insistencia del Atlético en mi fichaje tuvieron que influir mucho los informes que dio de mí Ferdinand Daucik, mi entrenador en el Indauchu, que mantenía muy buenas relaciones con el club.
Llegar a Madrid me causó gran impresión. Era un 25 de julio, hacía un calor horroroso para alguien que llegaba de un pueblo del norte. Pero gracias a Dios todo fue muy bien. Madrid es una ciudad muy acogedora. Me siento vasco, porque lo llevo dentro desde la niñez, por mis padres, por todo, pero en lo que es la verdad de la vida, soy un madrileño más. Mi llegada aquí fue sensacional.
Dijo que de quien más aprendió en el Atlético al llegar fue de Jorge Griffa.
Él era un profesional auténtico. En el fútbol no tenía ni familia, ni padre, ni madre. Había que ganar y ganar y ganar. En los entrenamientos he aprendido muchas cosas de muchos, pero lo que es a ser un profesional, un verdadero profesional, me lo enseñó él. Decía que había que darlo todo, porque la obligación de un profesional es ganar. En ese sentido fue un maestro para mí.
Desde que llegó reconoció las señas de identidad del juego del Atlético, defender todos juntos y contraataques rápidos.
Siempre ha sido así. Juego rápido, contraataque. El Atlético de Madrid fue pionero dentro del fútbol español en el esquema del 4-4-2. La forma de jugar que se emplea hoy en día, creo yo, la táctica básica que usan todos. La diferencia con aquella época está en las líneas. Antes no se jugaba tanto en bloque como hoy, que los jugadores están todos mucho más juntos. Ahora defienden todos y antes no era así. Pero el Atlético de Madrid de esos años defendía en el medio del campo. Éramos un equipo duro. A día de hoy, con Simeone, el Atlético está haciendo un fútbol físico. Se está jugando en una condición de mucha entrega, mucho desgaste. Tiene calidad, pero está jugando siempre al límite. Mantenerse mucho tiempo así no es fácil, hay algunos altibajos. La plantilla del Atlético no es ni la del Barcelona ni la del Real Madrid. No tenemos ese nivel, son superiores. Por eso somos ahora un equipo de esfuerzo y resultados; resultados que nos han acompañado y desde el punto de vista anímico eso ha sido fundamental para mantenerse en esa línea.
Después de cada partido le dolían los huesos.
Todavía me duelen. Los centrales en aquella época eran más duros, tenías un marcador fijo que te seguía a todos los lados y si no llegaba, te daba un leñazo. Ahora los jugadores arriba tienen más tiempo para controlar el balón. Entonces había un defensa permanentemente a tu lado. Ibas a la banda, y te seguía a la banda. Ibas al medio, al medio. A mear, pues eso. Hoy hay mucho bloque y poco espacio pero tienen la ventaja de que no hay marcajes al hombre como aquellos.
Había unos jugadores argentinos como Aguirre Suárez, del Granada, que… Este, si ibas a saltar, en cuanto te agachabas para coger impulso, te daba un pisotón. Imagínate el daño que te hacía eso cuando subías para arriba. Si te ibas a mover, a adelantarte, te daba un codazo. En aquella época hasta te escupían en la cara justo cuando ibas a recibir el balón. Así perdías el control fácilmente, te descentrabas.
No todos eran así, pero estas escuelas llegaron de Sudamérica. En las categorías juveniles o Tercera División española había entradas, pero no todo ese repertorio. Como los alfileres. Aguirre Suárez salía al campo con varios alfileres y te pinchaba en el culo. Todo lo que dejó ese hombre en Granada fue la pera. El fútbol sudamericano ha traído mucha malicia o picaresca, si prefieres llamarlo así. Eso de estar siempre al margen de la ley. Y para un árbitro era difícil que se diera cuenta de algo. Si hay varios jugadores, a ver quién ve que uno pisa a otro de repente, o el pinchazo con la aguja. Eso no lo ve nadie. También, cuando estabas en el suelo, si te habías caído, te llegaba el argentino a acariciarte la cara, a ver qué tal estás, te preguntaba y lo que hacía era pegarte un tirón de pelo que te arrancaba la cabellera. Yo, cuando hay uno en el suelo lesionado, si el que se le acerca es argentino dudo siempre que le vaya a hacer algo. Porque tú no lo ves, pero le puede tirar de pelo. Ahora la verdad es que no sé si seguirán pasando estas cosas. Y luego otro detalle, en aquella época para un argentino la palabra «hijo de puta» era como decir «hola, qué tal estás». Entraban en el vestuario por la mañana y decían «buenas, hijo de puta». Eso aquí no lo podías decir. Ahora se ha popularizado, pero antes, en aquella España, no le podías decir «hijo de puta» a nadie, era una palabra prohibida.
A uno de sus entrenadores, Max Merkel, le acusaron de dopar a los jugadores por el rendimiento que dieron su Sevilla y su Atlético y él contestó que su dopaje consistía en «sudor y billetes».
Con Merkel era eso, mucho trabajo para tener mucha potencia. Corríamos con balones de diez kilos en cada mano. Teníamos que subir escaleras, dar miles de vueltas al campo. Pero el resultado fue bueno. Con él ganamos la liga y una copa. Lo que nos fastidiaba de él es que ya llevaba dos o tres años en Sevilla y vino a Madrid sin hablar ni una palabra de español. En el fútbol la comunicación es importante. Luego tampoco trabajaba la velocidad. A veces puedes aguantar mucho, pero si no tienes velocidad punta… eso es fundamental en el fútbol.
¿Es cierto que Luis Aragonés, cuando aún era jugador, entrenó al equipo en la sombra tras una racha de malos resultados con Merkel?
Que yo sepa no. Luis era uno más y no haría eso. Es verdad que con el presidente Vicente Calderón tuvimos una reunión porque, evidentemente, teníamos problemas con Merkel. Íbamos terceros o cuartos. Estábamos varios jugadores, Luis, Adelardo, otro y yo, y Merkel. Hablamos de ver qué podíamos hacer y la conclusión fue que nos faltaba velocidad. Así que el austriaco cambió el sistema de entrenamientos a ejercicios de más velocidad, de reflejos y, oye, fuimos campeones.
Pero Luis era un líder, en cualquier caso.
Como jugador, lo que decía, lo decía convencido con o sin razón. Mandaba y lideraba en el vestuario, es verdad. Cuando llegué, cuando empecé a jugar e integrarme, tuve algunos problemas con él. Yo y todos. Hoy en día ha cambiado mucho, pero antes los jugadores veteranos mandaban mucho más. En los equipos de aquella época el jugador que llevaba años jugando te llegaba y de decía: «Chaval, qué pasa, pásala aquí». Hoy imagino que le dicen algo así a alguien joven y le mandan a freír puñetas, la educación ha cambiado, salvo con casos como los de Cristiano Ronaldo o Messi, que son líderes en todo.
También es verdad que Luis fue un buen amigo de sus amigos. Yo llegué a tener una buena amistad con él. En el fútbol cuando fuimos compañeros y después, cuando fue entrenador, tuvimos buena relación. Pero hay que dejar claro que Luis fue una persona muy especial. Y al margen del fútbol más especial todavía. A veces se le acercaban los aficionados, le pedían algo y él no tenía buenas reacciones. Pero con los amigos siempre fue un amigo y, lo que es más importante, fue siempre un defensor del fútbol. Empezó con nosotros como entrenador de un día para otro. Era jugador y le sentaron en el banquillo a entrenar. Conocía todos los comentarios que hacíamos en las camarillas y se apoyó mucho en nosotros en esa primera etapa. Nosotros también le ayudamos y después su carrera como míster ha sido brillante. Él terminó creando ese sistema de juego con el que la selección ha llegado a lo más alto. Y todo gracias a su filosofía de no poner a los jugadores por su apariencia o aspecto, o por su potencia física, sino por jugar al fútbol. Esos Xavi, Iniesta, Silva, en fin, todos los jugadores del centro del campo que han sido la verdadera revelación de la selección.
Usted jugó contra Cruyff.
Tuve muy buena relación con él, por los enfrentamientos que tuvimos y alguna vez que coincidimos en algún hotel, pero luego cuando nos hemos retirado nos hemos distanciado y he tenido que seguir su trayectoria leyendo la prensa. En el fútbol me pareció un hombre muy importante. El Barcelona llevaba sin ganar la liga más de diez años y nada más llegar él la ganó. Era un futbolista muy rápido, cosa que no voy a descubrir yo aquí, y con mucha visión de gol, aunque no era un jugador de punta, le gustaba jugar por las bandas y bajar mucho al medio del campo. Cuando jugabas contra él tenías que tener una atención especial. No solo le marcaba uno, siempre teníamos que poner a otros compañeros de ayuda supletoria.
El Ajax de Cruyff les eliminó en semifinales de la Copa de Europa de forma contundente.
En aquel momento el fútbol español estaba por debajo. No estaba al nivel tampoco del fútbol alemán, por ejemplo. No estábamos y el porqué, no lo sé. Salíamos mal al campo de entrada. Decíamos que era la alimentación, la posguerra, pero mira los alemanes qué posguerra tuvieron… Y nosotros, pues bueno, también íbamos a Italia y siempre fueron superiores al menos en la forma de competir, porque eran como los argentinos, también siempre tíos que te agarraban, te empujaban, te mordían. Y además muy defensivos…
Y cuando ustedes estaban por encima del nivel, pasaban cosas raras ¿no? Hay documentados escándalos tremendos, como el de Turquía contra el Göztepe, que dijo Miguel San Román, el portero del Atlético entonces, que le pegó hasta la policía con las porras al final del partido.
Lo recuerdo perfectamente. El Atlético fletó un avión, hoy en día van todos en avión, pero entonces era raro. Pudimos invitar a nuestros padres, a la pareja. Habíamos ganado aquí dos a cero. Cuando llegamos a Esmirna aterrizamos en el aeropuerto militar porque estaban medio en guerra con Grecia por Chipre. En el campo de fútbol fue una verdadera encerrona, jugamos veinticinco minutos de más hasta que nos metieron el tercero y nos eliminaron. Fue un campo de tierra, con un público muy forofo, muy agresivo y ahí estuvimos hasta que palmamos en un ambiente muy malo, muy enrarecido.
O la llamada «Batalla de Glasgow».
Aquí la policía a los jugadores del Atlético sí que nos pegó. Mientras, a nuestros aficionados, en la grada, los escoceses les mearon. Sí, esas cosas pasaban. En el partido aguantamos como pudimos, fue una defensa heroica con un Reina magnífico y luego aquí les ganamos. Nuestro jugador Panadero Díaz fue uno de los expulsados, el otro fue Ayala y Quique también, otro defensa que era izquierdo. Acabamos con ocho. Johnstone, uno peladito que parecía que venía de la cárcel con esa camiseta de rayas, era el más temido. El tío era muy bueno. Panadero entraba muy duro, pero se llevaba casi siempre el balón, era un tío de una gran calidad técnica y de una contundencia física que no rayaba en la violencia, sin embargo, a Johnstone sí que le tuvo que dar porque llegó tarde, no alcanzaba la bola y le dio. Nuestros argentinos tuvieron una publicidad muy negativa. Me parece que no eran tan duros como se decía. Ovejero con su físico, que prácticamente no tenía cuello, daba la sensación de que era un matahombres pero no era violento. Eso sí, en un entrenamiento en Glasgow antes del partido se pegaron los dos, Ovejero con Panadero [risas]. Estábamos entrenando en un campito al lado del hotel y no sé cuál fue el problema, no me acuerdo, pero llegaron a las manos, les separamos y no pasó nada. Luego, claro, la prensa de Escocia les puso en primera plana en posición de pegarse, pero la verdad es que no llegó la sangre al río.
A Ovejero, jugando contra el Bastia en Ajaccio, un aficionado le persiguió con una navaja.
Fue en Córcega. Yo estaba lesionado y no pude ir. La afición se portó fatal allí, son cosas que hoy en día serían impensables.
En la final de la Copa de Europa en Heysel, Bélgica, la grada estaba llena de españoles emigrantes. Ese escenario ha dejado de ser un recuerdo del pasado me temo…
Está saliendo mucha gente de España dada la situación económica, esperemos que puedan volver pronto y este país vuelva a lo que fue hace diez años. Todos aquellos trabajadores nos arroparon mucho. Y el Bayern era un número uno, tenía a seis o siete de la selección, una selección que era la campeona de Europa y luego ese verano lo fue del mundo. Entramos en el campo ya como perdedores, pero nos salió un partido muy bueno y por desgracia perdimos en el último segundo. Fue una verdadera pena porque de haber ganado esa copa el Atlético hubiese sido número uno de Europa. Hoy día está recuperando todo este prestigio, pero en aquel momento perdimos la oportunidad de ser algo grande dentro de Europa. Ese partido fue vital.
En el último segundo en el que nos empataron se dijo que fue culpa de Reina. También mía. Yo estaba delante del portero, solo, que era gol, o medio gol, y me dio un calambre en cada gemelo. Iba a disparar y me caí al suelo delante del portero. El Bayern estaba hundido, pero sacó el portero y al defensa que me marcaba a mí, Schwarzenbeck, le salió un disparo desde treinta y cinco metros que entró. Reina lo podría haber parado si hubiera estado más adelantado, o podría haberse estirado, pero no… fue mala suerte. Y se acabó. Ni sacamos de centro. Al siguiente partido no pudimos ni dormir los días previos y salimos derrotados. Ellos, al revés, lo tenían todo perdido y lo habían ganado en el último suspiro. Cuatro nos metieron en el partido de desempate. Fue una pena.
Y contra Beckenbauer la verdad es que me gustaba jugar. Era un jugador que no era duro, por lo que se caracterizaba era por su sentido de la anticipación y sus pases. Era un maestro en el dominio del balón. Me gustaba enfrentarme a él porque siempre me salía todo medio bien ya que no daba patadas, me dejaba controlar. Era muy respetuoso y un jugador de fútbol con todas las letras, él jugaba al balón, no sé cómo decirlo.
En España su mayor quebradero de cabeza fue Benito, del Real Madrid.
En toda mi carrera, Benito ha sido el que mejor me ha marcado. Era físicamente muy ágil, era rápido, era duro, iba bien de cabeza. El primer día llegaba y te ganaba, lo tenías que admitir. El segundo, otra vez, que si se te anticipa, que si luego te da la patada y al final resulta que no la tocas. Todo esto me fue creando un estado anímico que ya salía a jugar preocupado, perdía la partida antes de empezar. Aunque en otros casos, como Gallego del Barça, era al revés. Tenía complejo conmigo porque contra él me salía todo bien. Son cosas de la vida, ¿por qué hay personas con las que te encuentras bien de primeras y luego vas a hablar con otro y no estás cómodo por su forma de ser? En el fútbol, sobre el césped, es lo mismo. Cuando tienes que convivir y disfrutar con un contrario, si te come la moral, sales al campo ya medio agotado. Mira el Atlético con el Madrid hasta el año pasado que les ganamos la Copa. Sales mal y en cuanto te meten el primero te vienes abajo.
Con Juanito convivió un año, cuando él solo tenía dieciocho, antes de que se fuera al Burgos y luego al Madrid; ¿qué tal era?
Era un chico joven, que jugaba muy bien, tenía mucha ilusión. Estaba dispuesto a hacer lo que fuese para llegar donde llegó. En el Atlético de Madrid no encontró el hueco, tuvo que irse cedido al Burgos y después, sí, llegó al Real Madrid. Recuerdo una anécdota, jugábamos en Málaga contra Yugoslavia con la selección, estábamos concentrados en Mijas, cerca de Fuengirola de donde era él, fuimos a entrenar y apareció allí. Vino solo a dar un saludo y a estar con los internacionales del Atlético. No convivimos mucho pero tuvimos una relación muy buena.
También es una final maldita aquella de Copa contra el Madrid.
Nos anularon dos goles, un fuera de juego de Irureta, que estaba en el córner después de haber sacado de banda… Pudimos ganar y en los penaltis perdimos. Qué íbamos a hacer… Pero con los jugadores del Madrid había mucha relación. Este verano todavía he estado con Pirri y Amancio en Marbella. Entonces nos llevábamos muy bien con Velázquez, con Zoco… En el campo salían chispas, pero éramos muy amigos. Quedábamos para ir a tomar alguna copa a la discoteca. Mira, una cosa que no se me olvidará nunca, cuando yo peor estaba con mi lesión, metido en casa y muy preocupado, vino a verme un día Santillana, que en cierto modo había sido mi sucesor en la selección española. Ese detalle no se me olvidará nunca. Como jugador fue un fenómeno, pero eso no es relevante porque el Madrid siempre ha tenido grandes jugadores, lo que me quedó fue ese gesto. Beckenbauer también era muy buena gente fuera del campo. La humanidad de cada uno en esta vida es importante.
¿Qué tal el Jabo Irureta futbolista?
Era muy bueno. Estábamos en la misma habitación al principio. Antes, cuando llegaba un jugador al Atlético no le daban una casa, íbamos a una pensión, a «Doña Sofi». Se convirtió en un gran amigo. En el campo tenía una llegada muy buena. Defendía, corría, trabajaba y marcaba. Era un jugador importante. En el 75 y por ahí fue al Athletic y también tuvo cuatro o cinco años que estuvo muy bien. Era elegante, pero muy trabajador y con mucha llegada al área, marcaba al año cinco u ocho goles.
Se dice que su compañero el brasileño Leivinha fue quien trajo el regate de la bicicleta a España.
Leivinha era un fenómeno como persona y como jugador. Era muy agradable, modesto, humilde. Un tío muy normal. Y como jugador era un número uno. Antes de venir aquí jugó un partido con el Palmeiras contra el Real Madrid en el Carranza, que hoy en día ya no es tan importante pero entonces era un trofeo con mucho renombre. Le ganaron al Madrid con una facilidad increíble. Leivinha le hizo la bicicleta a Juan Sol, que jugaba de lateral en el Real Madrid. También estaba por ahí el líbero Luis Pereira y a raíz de este partido a la semana los teníamos en el Atlético. Luis Pereira era una gran persona y un gran jugador, también muy supersticioso. Llevaba siempre un collar dentro del campo, que está prohibido, no se pueden llevar anillos o cadenas, y él no se lo quitaba.
Sus años en el Atlético fueron los mejores de la historia del club.
Pero el mejor Atlético de la historia es el de ahora. Competir como lo está haciendo contra el Madrid y el Barcelona con esos presupuestos que tienen. Nuestros años fueron buenos, pero los últimos del Atlético han sido maravillosos. Si tuviera que pensar en los mejores momentos que vivimos nosotros tendría que destacar la liga que ganamos en Sabadell jugando yo, la victoria de Copa al Valencia y la del Zaragoza en el Bernabeu, que metí gol y casi fue el último partido que jugué. También ganar la Intercontinental. Hasta llegar a la final de la Copa de Europa, pese al disgusto, fue un hito que se te queda grabado. A nivel personal, ser el máximo goleador varias veces y llegar a internacional con veintidós años fue muy importante para mí.
Pero lo que más ha quedado de usted es el respeto que sentía por los rivales, que no celebrara los goles para no ofender…
La alegría iba por dentro. Lo que se hace hoy en día, con todo el mundo dando volteretas, y saltos… no sé…
Dijo Di Stefano que los futbolistas actuales tenían la desvergüenza de celebrar hasta que habían marcado de penalti.
Nuestras celebraciones eran mucho más modestas de lo que se ve hoy en general. Y yo en particular, al meter gol, saludaba a los compañeros y nos íbamos al centro. Sencillamente, al jugar de delantero tenía la posibilidad de meter gol, pero nada más. Las alegrías iban por dentro. Yo siempre he respetado al estadio donde jugaba y al contario. Siempre. Nunca he intentado aprovecharme de meter una plancha o hacer una entrada dura. Todo lo contrario, siempre he ayudado y he colaborado para que ganase el mejor. Si yo no me llevaba la bola en un lance, no te daba una patada. Otros sí lo hacían. Siempre he procurado ser deportivo y aceptar la superioridad del adversario cuando te ganaba.
La selección española atravesó un bache en los setenta, pero Kubala siempre contó con usted.
Le tengo que estar muy agradecido allá donde esté. Fue un gran amigo y un gran defensor de los jugadores. En su época en activo fue de los que vivió la vida de la calle, que salía por las noches, pero era muy bueno. En Hungría ayudó a familiares y a amigos, lo he escuchado de muchísima gente. Además, Kubala era el yerno de Daucik y yo creo que este debió de ejercer mucha influencia en él, hablarle bien de mí, porque Kubala siempre me quiso mucho, y yo también a él. El balance de aquellos años de la selección no fue bueno. Si me tuviera que quedar con un partido fue uno que jugamos contra Yugoslavia que empatamos a cero en el Maksimir de Zagreb. Nos salió todo bien, merecimos marcar, pero no lo hicimos y, como suele ocurrir, en el partido de desempate en Alemania contra ellos perdimos y no fuimos al Mundial de Alemania. Aquella Yugoslavia era muy grande en Europa, que ahora son Serbia, Macedonia, Eslovenia… pero en deporte, hablando de baloncesto, fútbol, balonmano siempre ha sido un número uno. Mira lo que sigue saliendo de ahí, jugadores, técnicos…
Viene en la prensa de la época que en 1976, cuando empezó su declive, reprendió a su hijo por una travesura y este le contestó: «Malo tú, que llevas tres meses sin meter un gol».
¿Sí? Yo he sido un padre normal, pero marcando la autoridad de padre, de la madre y de la familia. Si respondían mal, macho, mal asunto… lo tenían claro. Les eduqué en el respeto a los mayores. A lo mejor con tres años, que no sabe nada, te dice cualquier cosa como esa… pero bueno, si lo hizo, tengo que decir que me parece bien dicho [risas]. Oye, dentro de treinta o cuarenta años cuando te pregunten a ti qué te dijo no sé quién, a ver de qué te acuerdas [risas].
No se me ocurre una lesión más espantosa en la historia del fútbol español que la que sufrió usted.
Fue en el Vicente Calderón, fue una entrada de Indio, recuerdo perfectamente su nombre, lateral derecho del Elche. Iba por la banda, llegó tarde, me metió los tacos en la rodilla y me la abrió. Salí del campo, me cosieron y volví a entrar. Marqué dos goles, pero daba igual, la tierra que se me quedó dentro de la herida tenía esporas de hongos. Se fueron desarrollando lentamente, pasaron los meses, y me terminaron provocando una infección. A mí solo me dolía y tenía una ligera inflamación. Un día me abrieron, salió pus y no vieron nada. Pero pasaba el tiempo y me seguía doliendo, cada vez más. Se volvió a inflamar mucho y ya no sabían qué hacer. Entonces decidieron darme antibiótico, pero fue un error porque eliminaba mis defensas y favorecía el desarrollo del hongo, que me estaba comiendo el cartílago y el hueso, pero además el verdadero peligro era que se me extendiera por la sangre y llegara a los órganos. Tuve la suerte, un milagro, de que hubo un farmacéutico que era especialista en hongos, pero aficionado nada más, le llevaron un cultivo y supo decir lo que era. Sin embargo, no había medicamentos para ese hongo, no existían. Tuvieron que traer de Bélgica, de los laboratorios Janssen, un medicamento que no estaba aprobado por la Dirección General de Sanidad. Me lo dieron y en diez días se había eliminado todo, pero me dejó destrozado. Desde hace diez años tengo una prótesis en la rodilla.
Se dijo que pudo perder la pierna.
Eso es verdad. Los médicos estaban valorando esa posibilidad. Y yo estaba de acuerdo. Veía una incapacidad, una ignorancia y un desconocimiento, que no sabían lo que era. Cuando ves a los médicos desorientados, probando una cosa y luego otra, en esos momentos pensé que era mejor que me cortasen la pierna. En una consulta estuvieron doce médicos, ¡doce! Vino uno de Brasil, uno de Barcelona, otro era del mundo de los toros… Ocho médicos reunidos delante de mí sin saber qué hacer. Si había que amputar, yo estaba decidido para acabar con todo eso. Luego ellos me lo reconocieron, me dijeron que tenían claro que si la cosa no mejoraba iban a tener que cortarme la pierna y en un momento la posibilidad estuvo encima de la mesa.
En su partido de homenaje se reunió una especie de selección de Euskadi, que llevaba sin hacerlo desde la República.
Y ganaron. Luego me regalaron la copa, que la tengo en casa. Nunca podré olvidar la reacción del público. No te puedo explicar hasta dónde llega mi agradecimiento a esa afición y a todo el pueblo de Madrid. Fue algo extraordinario. Pero luego tienes que pasar página. No puedes estar añorando lo que fuiste o dejaste de ser, aunque el fútbol haya sido siempre una parte tan importante de mi vida.
Una vez retirado, comentó que el Real Madrid era el club al que aspiraban los Atléticos en «sentido de club».
El Real Madrid se apoya mucho en sus exjugadores y fomenta su participación. El club procura y trata de darles relevancia y señorío manteniendo no solo una relación, debe de haber como diez o doce jugadores que participan y asesoran. En el Atlético de Madrid hemos recibido un trato muy bueno, y lo seguimos recibiendo, pero no existe esto de que el club se apoye en jugadores para engrandecer la institución. El Madrid tiene a Butragueño, Amancio, Zoco, Santamaría, Di Stefano, en el Atlético de Madrid esto sucede a otro nivel, existe, pero de forma muy puntual. No es el señorío que tiene el Real Madrid de mantener vivo el pasado con la utilización de los jugadores.
Pero usted estuvo con el doctor Cabeza.
Estuve unos meses. Yo no quería ser directivo, pero un amigo que era muy atlético quería serlo, era su ilusión, lo comenté y me dijeron que para hacerle a él tenía que hacerme yo, y ahí estuve unos meses. El doctor Cabeza llevaría muy bien el Hospital de la Paz, pero como directivo del club no dio la talla. Yo estuve seis o siete meses pero nada más.
Difícil igualar a Vicente Calderón.
Con él se ganaron títulos. El Atlético fue importante, después del Real Madrid éramos el club más importante de España. Calderón, además, era una persona normal, había una relación como supongo que habrá ahora del presidente con los jugadores, pero a nosotros nos gustaba que comíamos una vez cada dos meses con él. Si había un partido importante, estaba ahí en el Escorial con nosotros. Llevó muy bien el equipo, fíjate lo bien que lo llevó que el presupuesto del Atlético de entonces no sé si era de doscientos millones de pesetas y a nosotros nos tenían por cuatro perras.
¿Usted no rompió el carné harto de Gil?
No, cuando llegó Jesús Gil yo era socio del Atlético de Madrid en la tribuna justo al lado del palco. Y Gil le subió el precio tres veces más, me pareció prohibitivo así que lo que hice fue cambiarme a la tribuna lateral. Hace tres o cuatro años sí que dejé de ser socio porque ya no iba. Tenía tres abonos y mis hijos no iban. Se hicieron comentarios en este sentido pero no. Si voy ahora saco entrada.
¿Y la paga?
Por supuesto.
¿Pero qué valoración hace de los años de Gil?
Mala valoración. Logró que bajásemos a Segunda y ahí fue determinante la administración concursal, lo que transmite eso a los jugadores. La directiva es una correa de transmisión y tiene su reflejo en la plantilla. Un equipo como el Atlético que esté en Segunda dos años no puede ser. Luego se subió con Luis, pero la experiencia que quedó fue esa. Jesús era un poco demagogo y muy populachero, sabía como engatusar a la afición. Aunque tuvo cosas buenas, por supuesto que sí, tenía la fuerza y la voluntad para oponerse al Real Madrid, a la Federación o al Comité de competición. Todo esto fue muy bueno para el Atlético pero al final, con el descenso, es lo que más ha quedado dentro del aficionado como yo, si hablo estrictamente como aficionado.
¿Con qué 9 se queda de los que vinieron después de usted al Atlético?
Hugo Sánchez. Fue un fenómeno. Luego hubo buenos jugadores, que han sido grandes delanteros, pero no han marcado una huella. Penev, Vieri, HasselbainkBaltasar también fue un goleador increíble, pero solo estuvo un año. Parece que estuvieron como de paso. O Manolo, que fue Pichichi, y ahora está trabajando en la Fundación del club por cierto, era un hombre punta, pero no como los que hemos tenido los últimos años, como Falcao, el Kun Agüero o Diego Costa que es un fuera de serie. Sí, recuerdo más a los de los últimos años. También a Torres, por supuesto, que en el Liverpool se hizo muy grande y luego en el Chelsea ha tenido claros y oscuros, pero porque es muy importante sentir la confianza del entorno, del entrenador y los compañeros. Salir al campo bien anímicamente, con confianza, salir pensando en lo que vas a hacer, no en lo que vas a fallar, y parece que eso le está faltando.
¿No se cansa del fútbol?
Hoy en día hartarse del fútbol es lo normal. Hay todos los días… Con el Barça, el Madrid y el Atlético no suelo fallar, pero un Rayo-Getafe, o Rayo-Real Sociedad pues como mucho veo un poco, pero si no hay interés, pues no. Ahora mismo es que hay demasiado, y cuando tienes demasiado de lo que sea no te gusta. Por ejemplo, nosotros el agua no apreciamos lo que vale, pero si vas a África a un pueblo, el despilfarro que tenemos los europeos con el agua no se lo creerían. Con el fútbol, hace cuarenta años había un partido a las siete de la tarde y todo el mundo estaba mirando. Pero ahora si lo que echan no es tu equipo, te da igual. Hay una saturación muy grande.

http://www.jotdown.es/2014/03/garate-el-mejor-atletico-de-la-historia-es-el-de-ahora/
Nota: espero que os guste tanto como a mí.

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