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Hacha Uria

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<no> Re: Hacha Uria

Mensaje por Invitado el 17.12.15 15:40

El Hacha

Cholo: contigo empezó todo
Simeone ha aparecido de la nada para reivindicar que un nuevo poder resurge. Su Atlético es alternativa de poder

Rubén Uría

16 de Diciembre de 2015

La pregunta del millón es sencilla: ¿Qué tiene el Atlético que no tengan el Barça y el Madrid? Fuera del campo, el Barça es una crónica de sucesos que funciona juicio a juicio, el Madrid es una venta de humo al por mayor, que se consume portada a portada, y el Atleti resiste el ritmo de dos multinacionales a base de una filosofía definida: partido a partido. Dentro del campo, el Barça tiene a Messi, el Madrid tiene a Cristiano y el Atlético tiene a Simeone. El Barça encontró su estilo cuando se percató de que podía fabricar Balones de Oro en vez de comprarlos, el Madrid sigue empeñado en la indefinición de coleccionar los cromos más caros que el dinero pueda comprar y el Atlético, que tiene 400 millones de euros menos de presupuesto, contrarresta con una sobredosis de dedicación. A falta de más dinero, más liderazgo. A falta de más músculo financiero, menos margen de error. A falta de más atención mediática, más peso específico para la afición. Y a falta de los mejores futbolistas y los más caros, filosofía de equipo. Y a la cabeza de todo ese diferencial, en la cúspide de ese proyecto, como cabeza visible y única autoridad moral reconocible, Simeone.

El Barça, gracias a su magnífico equipo, probablemente en la época de Messi, el mejor de la historia de este deporte, ha podido mitigar sus jaleos judiciales y su crisis institucional. El Madrid, gracias a su crisis de identidad, de valores y de liderazgo, se obliga a convivir con un modelo suicida, donde la economía y el marketing brillan y el proyecto deportivo agoniza. En ambos clubes, Barça y Madrid, la figura del entrenador es ingrata. Si el equipo gana, es mérito de los jugadores, de su colección de estrellas. Y si pierde, por descontado, es cosa del banquillo. En cambio, el Atlético, que durante la época de Gil fue una trituradora humana de entrenadores (Gil se reunía con Imperioso para preguntarle si debía echar al técnico y el caballo decía siempre que sí), que era un club instalado en la locura y la inestabilidad, una máquina de picar carne, ha apostado por un entrenador. Simeone está cumpliendo su cuarta temporada completa en un banquillo que antes de su llegada era una silla eléctrica. Desde la llegada del argentino, el Calderón parece bendecido. Cada temporada que pasa, el club ficha y vende jugadores --el club siempre parece una puerta giratoria, gane o pierda--, cambia el sistema de juego, acciona un nuevo esquema y se obliga a reinventarse, pero el equipo funciona. El vestuario permanece unido, el grupo funciona como un único hombre y el liderazgo de Simeone es tan indiscutible como efectivo.

Cruyff cambió la historia contemporánea del Barça y Guardiola sublimó su modelo. Bernabéu fue el motor del impulso del mejor Madrid y Di Stéfano, su brazo ejecutor. Simeone, en la era donde Madrid y Barça tenían previsto seguir su particular duopolio de poder, ha aparecido, de la nada, para reivindicar que un nuevo poder resurge. Su Atlético es alternativa de poder. Una seria. Una que crece, que rinde, que molesta, que compite. Que como Mallory dijo del Everest, tiene sentido porque “está ahí”. Simeone es el Atlético. No tiene un Messi, ni tiene un Cristiano, pero no le hace falta. Él lidera, con sus virtudes y sus defectos, y el club, fusionado con jugadores y afición, le sigue. Con determinación y en fila de a uno. Su influencia, abrumadora, no para de crecer. La institución, definitivamente, se ha rendido a un equipo de autor. El argentino es el hincha número uno del club, impone su velocidad de crucero y sustenta sus reglas. Parámetros conocidos por toda la masa social del Atlético, como si el movimiento colchonero perteneciese a una secta cuya fidelidad empieza a ser casi fanática. El Cholo nuestro de cada día: esfuerzo innegociable, competir y trabajar. Simeone cogió una casa en ruinas y la convirtió en un barrio de Esparta.

¿Qué tiene el Atlético que no tienen los demás? Tiene a Simeone. A un tipo enamorado de la camiseta que defiende. A un líder nato empeñado en prestigiar al club que le concede todo el poder y el amor para crecer. Hay cosas que no se pagan con dinero. Y que, por supuesto, no tienen precio. El Barça tiene uno de los mejores equipos de todos los tiempos y si los que lo dirigen no se empeñan en seguir erosionando el prestigio de la entidad en los juzgados, seguirá ganando títulos. El Madrid tiene un músculo financiero de Rey Midas y seguirá coleccionando los mejores jugadores que el dinero pueda comprar, así que ganará títulos. Y el Atleti, que no tiene nada de todo eso, tiene un líder. Tiene a Simeone. Desde que él llegó, el Barça y el Madrid ya no duermen tranquilos. Desde que él llegó, el Atlético es una máquina de competir. Desde que él llegó, el Atlético ha ganado cinco títulos y se ha colado en la élite europea. Desde que él llegó, los buenos jugadores quieren jugar en el Atlético y el club ingresa más dinero. Desde que él llegó, los atléticos han recuperado el orgullo porque saben que, si se trabaja y se cree, se puede. Desde que él llegó, no hay aficionado azulgrana o merengue que no sepa, de memoria, que si ellos se duermen, el Atlético del Cholo va a estar ahí porque es más duro que los clavos de un ataúd. Y desde que él llegó, los hinchas del Atlético duermen a pierna suelta y rezan para que se quede cien años más. Cholo, contigo sí que empezó todo.


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<no> Re: Hacha Uria

Mensaje por nms el 17.12.15 16:15

Gran articulo señor Uría, hoy lo ha clavado usté

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<no> Re: Hacha Uria

Mensaje por Invitado el 18.12.15 8:34

Blog Uría: Mou, de la gloria al fracaso


- Publicado on 17/12/2015 at 18:12

Que Mourinho genera filias y fobias en cantidades industriales no es nuevo. Amado y odiado, el portugués nunca ha dejado indiferente a nadie. Sin embargo, más allá de su ingente legión de abogados defensores y su no menos popular legión de fiscales, el penúltimo capítulo de la historia del portugués he tenido el desenlace previsto.

Apenas siete meses después de regresar a su equipo del alma, el Chelsea, para coronarle campeón de la Premier League y devolverle a la senda del éxito, Mourinho ha vivido la peor temporada de su, hasta ahora, brillante carrera en los banquillos.Su marcha, drama para unos y fiesta para otros, ha sido la crónica de una muerte deportiva anunciada, que ha visto la luz pública en un comunicado oficial que especifica que ambas partes, club y entrenador, han puesto punto y final a su relación con una decisión “de mutuo acuerdo”. Mou, con un sueldo semanal de casi 350.000 euros y que fue renovado hasta 2019 tras conquistar la Premier, se marcha, según la BBC, renunciando a la impresionante cifra de 50 millones de euros, que le correspondían por contrato, a modo de indemnización. El de Setúbal, según la emisora británica, ha decidido perdonar esa cantidad estratosférica que en su día le firmó Abramovich y sólo percibirá los 15 kilos que tenía pactados hasta final de la presente temporada.

El Chelsea, que aguantó al luso en el puesto contra viento y marea, finalmente ha decidido la salida de Mou. Los motivos de su marcha son demasiado visibles para un técnico ganador: deja el equipo a un punto del descenso, quedando a 20 del líder y tras de 9 derrotas, firmando el que ha sido el peor arranque del equipo de Londres en los últimos 40 años. Mou se va tras siete meses incómodos, con el viento de cara y una turbulencia detrás de otra. Sin prisa, pero sin pausa, un entrenador con fama de ganador, de carácter autoritario, de gran capacidad para gestionar el vestuario y de indudable liderazgo, ha quedado absolutamente expuesto y roto por una serie de circunstancias que le han dejado, paulatinamente, a los pies de los caballos. Mourinho, que colecciona títulos y jaleos, que siempre parece tener coraza, antídoto y solución para cualquier contingencia, deportiva o no, tuvo demasiados frentes abiertos: árbitros, prensa, autoridades, propietario y vestuario. Y en todos, lo que parecía un mar en calma, se volvió una tempestad ingobernable.

Más allá de su relación imposible con los árbitros, de su complicada cohabitación con Abramovich y de haber engordado exponencialmente su historial de sanciones federativas por sus continuas polémicas y sus habituales comentarios fuera de lugar, Mourinho ha tenido que convivir con dos factores que, a la postre, han sido decisivos en su salida del club. Primero, una sorprendente inercia negativa en cuanto al juego y los resultados del equipo. Partidos que se solían ganar con eficacia se perdían con rotundidad. Defensas que antes eran un muro ahora, por arte de magia, parecían de plastilina. Mala racha. Mal fario. Derrotas inexplicables. Fútbol, al fin y al cabo. Azar puro y duro. Justo ese mal al que Mourinho, The Special One, el dueño de un palmarés impresionante y unas estadísticas increíbles, parecía inmune. Con el más especial machacado por los resultados y convertido en uno más, desprotegido de sus récords y viviendo su “experiencia negativa” más dolorosa, Mourinho fue, poco a poco, perdiendo el ascendente sobre su vestuario. Ese fue su principal problema y el gran desencadenante de su marcha. Podría escribirse un libro sobre lo que ha pasado entre técnico y jugadores. Uno a caballo entre el género negro y la sátira.

Su relación con el vestuario, siete meses atrás una balsa de aceite, se trocó en una nube de dudas. Mou, que siempre tuvo una guardia pretoriana, que siempre presumió de educar a su vestuario, de quererlo y de arroparlo, incluso de sentirse el segundo padre de sus jugadores, fue perdiendo la fidelidad de muchos de sus futbolistas. Episodios hubo por doquier. Algunos ejemplos: jaleos con Terry, reproches de Hazard, gestos infantiles de Costa o desidia progresiva de Oscar. Actitudes que, sumadas a un rendimiento colectivo deplorable y una baja forma individual reprobable, terminaron lastrando al equipo, al punto de convertir a un campeón en un equipo cerca del descenso. Costa, Óscar, Hazard, Cesc, Terry, Ivanovic y compañía, durante estos meses, han estado a años luz de su auténtico potencial. De hecho, de no ser por algunas de sus incomprensibles actitudes y sus tremendos errores, tácticos y técnicos, nadie en sus cabales habría podido creer que este Chelsea haya pasado de campeón fiable a desecho de tienta. Mourinho, que ha podido cometer muchos de los errores que jamás creyó que podría cometer, aguantó en el cargo hasta esta misma tarde. Ahora ya es historia. Se va del club del que se siente hincha y hay quien le ve sobrevolando el Bernabéu. Quién sabe. Lo que no tiene vuelta de hoja es que Mou, que hasta ahora ha ganado mucho, tendrá que enfrentarse por primera vez, a la sensación de haber cosechado un rotundo y profundo fracaso.

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<no> Re: Hacha Uria

Mensaje por Invitado el 28.12.15 17:33

Blog Uría: Siempre quedará "Tu cara me suena"

Publicado on 28/12/2015 at 16:06

Cantinflada en Cádiz. Con los pantalones a la altura de los tobillos, el Madrid, que según Florentino "para mucha gente, es la imagen de España", decide recurrir ante la justicia deportiva para no ser eliminado.

Los anticonceptivos mediáticos del presidente, filas prietas, trazan la hoja de ruta con urgencia: “no ha habido mala fe”, “no se lo han notificado en mano”, “el artículo no está claro” y “no se puede eliminar al Madrid por el bien del fútbol”. Traducido a futbolés: culpa del Cádiz, del Villarreal, del árbitro, de la Federación, del reglamento, de la prensa y de los Comités. Un clásico: en toda reunión de cuñados que se precie se sabe que, en una situación delicada, si el tamaño del marrón es de proporciones bíblicas, conlleva un tránsito intestinal lento. El de Cádiz, un marrón XXL, es un proceso lento, de manual: de la estricta legalidad al recurso del pataleo.

En primera instancia, el Madrid, que según Florentino Pérez, “para mucha gente, es la imagen de España”, acudió al Comité de Competición. Su recurso fue rechazado. Es más, el juez, en un fallo que fue un homenaje a las películas de Bud Spencer, abofeteó al Madrid con una sentencia demoledora: le acusó de no llevar a cabo un mínimo seguimiento de su jugador, habló de la existencia de una comunicación de la sanción de manera “fehaciente” y llegó a comparar la actitud del jugador con la de un conductor que no sabe o no recuerda que le han quitado puntos en el carné. Los preservativos mediáticos del presidente, filas prietas, no cejan en su empeño: “la cosa cambiará en Apelación”, “los abogados del Madrid están convencidos de que ganarán” y “hay un precedente, el del Lorca”.

En segunda instancia, el Madrid, que según Florentino Pérez, “para mucha gente, es la imagen de España”, acudió al Comité de Apelación. Su recurso, otra vez, fue rechazado de plano. Primero, el fallo desbarató el clavo ardiendo del precedente del Lorca, argumentando que ese caso se parecía al de Cheryshev como un huevo a una castaña. Y además, la resolución hizo público que el Madrid, la imagen de este país según su presidente, había alegado falta de legitimación del Cádiz para reclamar alineación indebida, como si los clubes de Segunda B no tuviesen derecho a quejarse cuando los de mayor dinero y categoría cometen un desliz reglamentario. Los anticonceptivos mediáticos del presidente, filas prietas, insisten: “estos comités dependen de la Federación, no cuela”, “la cosa cambiará en el TAD”, “ojo que al Madrid le darán la cautelar, seguro” y “el TAD dará la razón al Madrid”.

En tercera instancia, el Madrid, que según Florentino Pérez, “para mucha gente es la imagen de España”, acudió al Tribunal Administrativo del Deporte, el TAD. Primero, le denegó la cautelar. Entonces los plásticos obedientes del presidente advirtieron: “esto todavía no ha acabado”, “falta todavía documentación” y “no se han leído bien el fallo, ojo". Hoy el TAD ha fallado, de manera definitiva, rechazando los argumentos del Madrid, completando el hat-trick merengue ante la justicia deportiva. Y los anticonceptivos presidenciales, desde el atril, avisan: “Ojo que seguro que el TAS tumba esta sentencia”, “el siguiente escalón es el TAS”, “los abogados del Madrid creen que hay posibilidades en el TAS” y que la justicia ordinaria dará la razón al Madrid”.

Al Madrid, que según Florentino Pérez, “para mucha gente es la imagen de España”, le ha negado la razón Competición, Apelación y TAD. Igual el próximo paso es acudir a la justicia ordinaria, quién sabe. Igual aspira a parar la Copa del Rey, por vía judicial, hasta que le den la razón tras su manifiesta alineación indebida. En su derecho está, faltaría más. Por si acaso, el club de admiradores de Florentino maneja una lista de organismos más ancha que Castilla: la ONU, la OTAN, la UE, la UGT, el CNI, la SGAE, Eurovisión, el Tribunal de Estrasburgo, el de La Haya, el jurado de “Mira quién baila” y en última instancia, el de “Tu cara me suena”.

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<no> Re: Hacha Uria

Mensaje por quin el 28.12.15 23:21

Ya que el Hacha ha querido acabar su artículo con un toque de humor mencionando al jurado de "Tu cara me suena" yo lo hubiese rematado con un "¡Hasta el infinito y más allá!" por aquello de que en concha espina siguen erre que erre recurriendo fallo tras fallo de los distintos comités y recibiendo a cambio estacazo tras estacazo judicial...

Y para esto tienen uno de los equipos jurídicos mejor pagados de la Liga? Ya podían leer su fax de vez en cuando y se hubiesen ahorrado este espantoso ridículo! Es lo que tiene la prepotencia y la soberbia, son incompatibles con la imagen que quieren dar de equipo señorial. Llevan demasiados años sin saber lo que es eso.

Por cierto, si a los ciervos se les ocurre acudir a la justicia ordinaria como he oído por ahí les puede caer un palo gordo de la UEFA y no será porque no lo sepan... Se están jugando que lo excluyan de la próxima copa del rey, de una fuerte multa económica o incluso que le puedan restar puntos en la liga aunque sea una sanción relativa a la copa. En resumen que mucho bla, bla, bla, pero no tendrán huevos a recurrir a la justicia ordinaria, al tiempo!

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<no> Re: Hacha Uria

Mensaje por Invitado el 02.01.16 13:42

Kranevitter: Cuando el esfuerzo no se negocia

RUBÉN URÍA

30 DE DICIEMBRE DE 2015

Allá por la década de los ochenta, cuando el ciclismo era un deporte de masas en España, existía un equipo patrocinado por una marca de mecheros, el Grupo Deportivo Zor. Conocido por sus batallas épicas y su ciclismo de ataque, aquel grupo humano era nitroglicerina pura cuando la carretera se endurecía y las piernas se volvían de madera. Zor era ciclismo espectáculo. Pero, sobre todas las cosas, Zor era una manera de vivir la vida. Y tenía un gen distintivo, su gusto por los pequeños detalles. En todos sus contratos profesionales, podía leerse un membrete al pie con la siguiente declaración de intenciones: "Firme aquí si se compromete a ser una buena persona y un profesional intachable. Si usted cumple con su parte, nosotros nos comprometemos a hacer de usted un gran ciclista". Aquellos contratos eran un juramento de deporte y vida. Años después, apenas quedan ejemplos de un compromiso vital tan puro en el deporte, pero sí existen momentos o palabras que invitan a recordar aquel ejemplo maravilloso del Zor. Una fuente de inspiración de aquellos tiempos es Matías Kranevitter, el nuevo y flamante fichaje del Atlético. Un tipo que se conduce en la vida con una serie de parámetros morales que hoy no parecen estar de moda, pero que son necesarios en el deporte y en la vida.
“Gracias, River, por enseñarme a ser persona”. Palabras esculpidas en agradecimiento, nacidas del corazón de Matías Kranevitter, mediocentro argentino de presente interesante y futuro dorado. Disciplinado, táctico, correoso, de manejo aseado y corte defensivo, Kranevitter se ha forjado fama de ser un mini-Mascherano por sus condiciones para el quite. No es una réplica exacta del Jefecito, pero debajo de su carrocería de pequeño carro blindado porteño se esconde un compendio de sus mejores virtudes: atención al juego, firmeza en la marca, solidaridad con el compañero y carácter acusado, el suficiente para liderar cuando se necesita. Llega al Atlético por ocho palos verdes, con la vitola de ser un futbolista imprescindible en su equipo y con la ilusión de poder ganarse un sitio en el equipo del Cholo Simeone donde, a priori, debería encajar como un guante: en un equipo que pelea como un pequeño para ser grande y que no negocia el esfuerzo, Kranevitter se antoja un refuerzo de campanillas.
Sin embargo, más allá de las condiciones futbolísticas del nuevo motor diésel del Atlético, llama poderosamente la atención el discurso de un chico tan joven. En el césped, Kranevitter transpira fútbol, pero fuera de él exhala una humildad aplastante. Una que le viene de serie. “Siento un agradecimiento especial a River. Me dieron todo. Fueron ocho años. Llegué siendo un niño y hoy me voy casi siendo hombre”. Deja plata, mucha, para el club. Es consciente de que se enfrentará a un desafío brutal en su carrera, triunfar en Europa, pero desea hacerlo desde los mismos valores que le catapultaron a lograr ser reconocido en Argentina. Primero, la persona. Luego, lo que pasa en el campo. Y en eso anda Kranevitter. Nada más poner un pie en Madrid, su discurso ha vuelto a demostrar que tiene una fábrica de Ikea en la cabeza. A bote pronto, humildad desaforada: “Estoy muy agradecido al Atlético. Ha hecho un enorme esfuerzo por mí y yo vengo a darle lo mejor de mí. No vengo como estrella, sino a ser uno más, a sudar y trabajar”. Y en las distancias cortas, rotundidad: “El Cholo es un ganador, recién llego a un grupo competitivo y me tocará sacrificarme al máximo para estar a su nivel”. Conclusión: sabe de dónde viene, a qué lugar llega y a quién va a representar.
Apenas hace unos días el mundo pudo ver cómo Kranevitter lloraba desconsoladamente en Japón tras asumir que había disputado su último partido en River. Ahí entendió que la vida consiste en puentes que hay que cruzar y puentes que hay que quemar. De ahí sus lágrimas mientras quemaba la pasarela bandasangre para poder cruzar el puente de plata hacia el Vicente Calderón. Kranevitter no sólo era jugador de River. Era un hincha millonario. Defendía una camiseta de la que estaba enamorado, a la que quería honrar como persona. Ese es justo el compromiso necesario para triunfar. Ese es el compromiso que le exigirá su nuevo equipo. Ese es el compromiso que él acaba de adquirir. Uno que exige sacrificio y respeto. Familiar, católico y sentimental, Matías Kranevitter quiere escribir su historia en el Atlético con esfuerzo, dedicación y pasión. El chico que dejó el golf para jugar al fútbol, que creció viendo vídeos de Busquets y que sueña con llevar la 5 de Argentina en el próximo Mundial llega al Atlético con una tarjeta de presentación que encaja en el mantra del partido a partido: “Soy un chico humilde. Pelearé y, desde el esfuerzo del día a día, intentaré estar a la altura de este equipo”. Así los quiere Simeone. Así los exige el Calderón.

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<no> Re: Hacha Uria

Mensaje por Invitado el 02.01.16 13:44

Augusto Fernández: personalidad extrema


Por Rubén Uría
- Publicado on 01/01/2016 at 16:27

Augusto es un pelotero de primera que, aún no gozando del estatus de superestrella del que presumen otros con menos recursos técnicos, es capaz de dejar su huella allí donde va.

¿Qué gana el Atlético con su fichaje? Pues Simeone se lleva un cinco en uno: experiencia, calidad, jerarquía, pasaporte comunitario y de propina, un jugador que puede jugar Champions. La baja de Tiago, una pieza vital para el equipo por su visión de juego, su lectura táctica y su sentido del equilibrio, necesitaba una respuesta por parte del club. Simeone podría haber tomado la decisión de reubicar a Gabi al mediocentro, o de readaptar ahí a Saúl, incluso de probar ahí al joven Thomas o hasta de esperar para ver qué le podía ofrecer el argentino Kranevitter, que llegará en los próximos días. Sin embargo, el Cholo ha optado por rearmar al grupo con una pieza específica que, más allá de cualquier comparación, a priori, encaja en su puzle táctico a las mil maravillas. Tiago aportaba claridad, salida de balón, lectura del partido y llegada en pelota parada. Augusto, sin ser un clon del luso, es exactamente ese futbolista. Alguien que no es un diez en nada pero que, como el portugués, es un ocho en todo. Un tipo que tiene visión, manejo, quite, buena entrega, mejor recuperación y también llegada. El tiempo dirá si el Atlético acierta con su contratación o no. Lo que nadie puede negar es que, a priori, Simeone consigue un refuerzo de garantías y fiabilidad máxima. Alguien de rendimiento inmediato, que no necesitará probaturas y que, por estar curtido en mil batallas, llega listo para formar parte de la máquina de competir que sigue engrasando el Cholo. De propina, cabe decir que Fernández, el nuevo refuerzo colchonero, tiene carácter. Fundamental en todos los esquemas del cholismo, versión 4.0. Augusto se marcha del Celta dejando una estela de compromiso, liderazgo y jerarquía, condiciones por las que el Atlético ha resuelto su fichaje. Con lágrimas en los ojos pero resuelto a jugar para el Cholo Simeone, el jugador aceptó la oferta rojiblanca, dejó dinero en las arcas del Celta y de refilón, metió algo de pasta en el maltrecho músculo financiero de Vélez Sarsfield. Habrá quien reproche la actitud del jugador o incluso quien censure la actitud del Atlético, pero la realidad es que el club vigués, por alguna razón inexplicable no aumentó la cláusula de rescisión del jugador hasta los quince millones, cuando tuvo la oportunidad de hacerlo desembolsando una cantidad al club argentino, dueño del pase en copropiedad. Augusto, pieza clave para el Celta, ídolo del celtismo y referente obligado del vestuario, se muda a pastos más verdes por una decisión únicamente personal. Culpa de nadie. O mejor dicho, culpa de todos. De quien tiene dinero y lo pone, de quien pudo retener al jugador y no lo hizo, de quien se blindó con un contrato en copropiedad que le ha dado beneficios y de quien, en su madurez como futbolista, ha firmado el que será su último gran contrato. El Atlético, que en muchas ocasiones es víctima de clubes más ricos que le arrebatan a sus estrellas, ha ejercido ahora de poderoso, arrebatando un gran jugador a otro equipo más pobre, el Celta, que no ha podido retenerlo. Oferta y demanda: el club colchonero tenía la necesidad y el dinero suficiente; el celeste, el jugador y la desgracia de no poder igualar los números de la competencia. El Atlético cumplió la legalidad y la normativa. El Celta la acató. Y nadie con dos dedos de frente, se ponga la bufanda a la altura que se la ponga, podría criticar el fichaje. Es cien por cien legal. Y además, legítimo. Ahora bien, otro asunto es el apartado ético del traspaso. ¿Es bueno para la salud del campeonato que un equipo grande pueda quitarle una estrella a otro más modesto mediada la temporada? ¿Le hace bien a esta Liga que los grandes puedan pescar peces gordos en el caladero de los pequeños no sólo en verano sino también en inverno? ¿No es demasiada ventaja para los que tienen dinero sobre los que no? El Celta no subió la cláusula cuando debía y se quedó sin jugador, Vélez firmó una copropiedad y recupera parte de su inversión y el Atlético adquiere una pieza vital por un precio módico. Al final de la película, Augusto, haciendo gala de una personalidad acusada, jugó su último partido con el Celta, asumiendo un enorme riesgo, el de haber podido lesionarse y haber dado al traste con la operación. El argentino salió ovacionado de Balaídos. Ahora tendrá la oportunidad de mostrar todo ese carácter a orillas del Manzanares. Así los quiere Simeone.

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<no> Re: Hacha Uria

Mensaje por Invitado el 04.01.16 20:28

Partido a partido ¿por qué?

Por Rubén Uría
Publicado on 04/01/2016 at 16:29

Es partido a partido, no cromo a cromo. En el Atlético se trabaja y se cree, por eso se puede.

Hay familia porque, si no hay grupo, no hay equipo. Importa el colectivo, no el individuo. Ningún jugador es tan bueno como todo un equipo. Se pelea como un pequeño para ser un grande y todos los jugadores se preguntan qué pueden hacer por el equipo y no qué puede hacer el equipo por ellos. No hay futbolista que desafíe al entrenador, ni compañero que ponga caras, ni se escuchan risitas burlonas en el banquillo, ni existen desaires públicos que valgan después de un cambio. En el Atlético importa el equipo, no una colección cara de cromos. Por eso, cuando se marca gol, lo habitual es ver al suplente de turno salir disparado al interior del campo, para poder abrazar a sus compañeros.

Es partido a partido, no premio a premio. El Atleti no tiene los mejores jugadores que el dinero puede comprar, pero sí tiene algo que no se puede comprar con dinero: hambre de victoria y espíritu de equipo. Ese vestuario, piña real y no forzada, no vive obsesionado con levantar premios individuales porque se vuelca en pelear por los colectivos. Se aplican códigos simples: principio de autoridad del entrenador y de meritocracia entre jugadores. La familia tiene un guía espiritual, el entrenador, que fomenta una competencia interna feroz entre los jugadores, para tener un puesto en el próximo partido. Todos se sacrifican por un bien común: el equipo. Nada ni nadie por encima de él.

Es partido a partido, no campaña a campaña. Desde que llegó Simeone, el objetivo atlético es meridiano: ser alternativa de poder real ante las dos superpotencias del fútbol mundial. El equipo, en realidad una misión, se nutre de una filosofía de vida interiorizada desde el absoluto convencimiento: toda la energía se concentra en ganar el próximo partido. No hay mañana. Si se gana, se trabaja más. Si se pierde, se trabaja doble y se cree triple. En la victoria, humildad. Y en la derrota, franqueza. Sin excusas, ni historias para no dormir, ni autocomplacencia. No hay campaña sobre campaña y sobre campaña, una. .

Es partido a partido, no portada a portada. Mientras los publicistas siguen diciendo que los jugadores del vecino son el doble de buenos de lo que son, el Atlético, anomalía en Matrix, sobrevive como movimiento contracultural. Antes de la llegada de Simeone, los atléticos tenían claro su rol mediático: comparsa y Pupas. Su estatus, el del perdedor simpático, ese del que no merecía la pena ocuparse. Ahora, con el Cholo, los publicistas se han estrellado contra una pared: el partido a partido. No vende, pero funciona. No hace caja, pero deja títulos. No huele a lista Forbes, pero sí a linimento. Y le va bien así.

Es partido a partido, no conjura a conjura. En ese vestuario el narcisismo no es deporte olímpico, no hay fogata de vanidades, ni se apela a un circo público de mesa y mantel, televisado y nocturno, donde la conjura de todo a cien pasa por cambiar todo para que nada cambie. En el Atlético el vestuario es sagrado, los trapos sucios se lavan en casa y la privacidad es máxima. Se trata de una familia entregada, en cuerpo y alma, al espíritu de superación. A una pasión inexplicable que engancha más que el caballo: hacer realidad lo que todos decían que nunca podría hacer. Ese es el alma y el fuego interior de este Atlético. Su gasolina, conseguir lo que otros le dicen que nunca podrá alcanzar.

Rubén Uría / Eurosport

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<no> Re: Hacha Uria

Mensaje por Invitado el 05.01.16 9:20

El que nunca tiene culpa de nada

Por Rubén Uría
- Publicado on 04/01/2016 at 20:26

En los últimos años, el Madrid tiene tres grandes problemas: Messi, los publicistas del club y el que nunca tiene culpa de nada.

Desde que apareció Messi, el Barça ha conquistado 26 títulos, por 10 del Madrid. Desde que sus publicistas habituales sostienen que los jugadores del Madrid son el doble de buenos de lo que realmente son, el Barcelona casi siempre gana y casi siempre enamora. Y desde que regresó, el que nunca tiene culpa de nada, el Madrid ha ganado una Liga de las últimas siete, por cinco del Barcelona y una del Atlético, con 400 millones de presupuesto menos (sic). Para su desesperación, su Madrid, edificado a golpe de talonario, es el increíble caso de la superpotencia menguante: es cada vez más grande con el pequeño y pequeño con los grandes. De tal suerte que el goteo azulgrana sigue su curso y los extremos se tocan: cuanto más dinero despilfarra el que nunca es culpable de nada, más títulos gana el Barcelona.

Mejor Club del Siglo XX y campeón del mundo de ridículos en los últimos meses, el Madrid se desangra, reo de una política suicida del que no tiene paciencia, ni palabra, ni proyecto creíble, pero que nunca tiene culpa de nada. El que no tiene un Imperioso que le escuche pero sí una corte de aduladores salvaje, que contrata entrenadores en los que no confía, a los que ratifica cuando desea destituirles y a los que echa para dar un nuevo impulso después de un puñado de encuestas, cada día se parece más al finado Gil y Gil. El que nunca tiene culpa de nada parece estar convencido de que ningún entrenador sirve, porque todos llegan para ser solución y todos acaban siendo el problema. Toca otro “nuevo impulso”. Lógico, porque el que nunca tiene culpa de nada no quiere sacar el bisturí en el vestuario, ese que debería ser estudiando, a fondo a ser posible, por la ciencia, porque nunca un grupo de profesionales tuvo más derechos y menos obligaciones. Para ellos sólo cariños, lisonjas, carantoñas, contratos y renovaciones multimillonarias, no sea que el que no tiene culpa de nada no se hubiese ido en su día por haberles consentido demasiado.

Desde que volvió para prometer que haría en un año lo que se debería hacer en tres, el que nunca tiene culpa de nada es parte activa de que el Mejor Club del Siglo XX se haya travestido en un aspirante a Campeón del Mundo en ridículos que, que cada vez con más frecuencia, sonrojan a sus aficionados. Malos tiempos para el Madrid: un circo televisado de tres pistas, un vestuario con más agujeros que el Prestige y un club con más fugas que Clint Eastwood en Alcatraz. El que nunca tiene la culpa de nada, encerrado en su burbuja artificial, su cultura del márketing y sus discursos evangelizadores, sigue inasequible al desaliento: ficha y despide a jugadores,mientras crea y destruye entrenadores a velocidad de vértigo. Su Madrid, a pesar de los esfuerzos de las sillas parlantes de Real Madrid TV, en su versión oficial o en los múltiples canales oficiosos, ha pasado de ser un club modélico a ser un club de Hacendado.

Envuelto en un melodrama permanente y una estupidez creciente, el Madrid, de músculo financiero gigante y cultura de trabajo enana, ha dejado caer a Rafa Benítez. Otro a la calle. Otro para el desguace de las redes sociales y tiroteo de infectas terminales mediáticas. Que pase el siguiente. Ahora es Zidane, un mito como jugador, un buen hombre, un amigo y un desconocido como entrenador. Suerte. La va a necesitar. Entre otras cosas, porque la única divisa de este Madrid de Valle-Inclán es la que ampara al que nunca tiene culpa de nada. Si la cosa va mal, la culpa nunca será suya. Flores para él, porquería para el resto. El que nunca tiene culpa de nada, que volvió para poner orden y tiene el club hecho un desorden, el que presume de lista Forbes pero no de títulos, el que lo intenta casi todo sin salirle casi nada, se queda. El que volvió para acabar con el Barça y se está revelando como el mejor presidente de la historia contemporánea azulgrana, se queda. Él nunca tiene culpa de nada.

Rubén Uría / Eurosport

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<no> Re: Hacha Uria

Mensaje por Invitado el 06.01.16 9:14

Rubén Uría ‏@rubenuria

Más de 20.000 visitas y lecturas compartidas en redes sociales. Gracias a todos. A los que os gustó y a los que no.

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<no> Re: Hacha Uria

Mensaje por Kikeam el 05.02.16 12:31

Hay artículos nuevos que alguien debería subir. Gracias

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